España dijo que sí     
 
 Pueblo.    07/12/1978.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Pueblo 3ª página

España dijo que sí

AYER dio nuestro país, como ya lo hiciera en 1976 al ratificar la ley de

Reforma Política, y nuevamente el 15 de junio de 1977, con motivo de las

primeras elecciones legislativas, una lección de ciudadanía y buen sentido

democrático. Sin necesidad de apoyarnos en referencias históricas que nos

alejarían demasiado en el tiempo -nuestras anteriores Constituciones entraban en

vigor sin otro requisito que su aprobación por las Cor tes Constituyentes-, es

indudable que el clima electoral del 6 de diciembre merece una calific ción

positiva. Tiempo habrá de analizar a fondo el balance de cifras y porcentajes

que arroja esta importantísima consulta electoral y su efectiva significación

dentro del espectro político. Ahora bien, creemos que ante las profundas

derivaciones de todo orden que lleva implícitas el referéndum, y sin

precipitarnos en juicios de valor, va a ser muy difícil mantener el equívoco de

la dictadura carismática y de tantos nostálgicos que sueñan todavía con esta

forma de gobierno, sobre una presunta indiferencia o inhibición política del

pueblo español.

Por supuesto, no descartamos el que una serie de factores ajenos al proceso

democrático éste tiene ya su desenlace natural en el referéndum-, y

fundamentalmente el terrorismo criminal de ETA, hayan logrado acaso influir por

vía coactiva, sobre todo en el País Vasco, imponiendo unas pautas de

comportamiento anómalas, de perfiles claramente reaccionario y anti

democráticos. En cualquier caso, ello servirá para precisar con nitidez la grave

responsabilidad en que incurren algunos grupos y partidos políticos, y no de

forma exclusiva los vascongados, de cara al futuro del país.

En fin, sean cuales fueren los resultados de finitivos -no tenemos los datos

finales al hacer este comentario-. interesa poner de relieve algunas

circunstancias brillantemente positivas sobre la jornada electoral vivida ayer.

En primer lugar, destacaríamos el clima prácticamente absoluto de tranquilidad

en toda España. Por las noticias que nos llegan, el referéndum del 6 de

diciembre se ha llevado a cabo pacíficamente, sin tensiones ni exasperaciones de

ningún tipo. No se han producido incidentes dignos de mención y apenas eran

perceptibles las rigurosas medidas de seguridad adoptadas por el Gobierno. Se

decía, con evidente propósito, que éste iba a ser «el referéndum del miedo»,

pero ni la atmósfera ciudadana de un día casi semifestivo, ni el desarrollo de

las votaciones, ofrecieron motivo alguno para confirmar la interesada

presunción. Superado, pues, el trámite inexcusable del referéndum

constitucional, se culmina también la última etapa de un largo proceso de

transición. España dispone ya de la necesaria Carta de Derechos y Libertades que

ha de permitirla emprender un rumbo definido y abordar el futuro sin los graves

riesgos y sobresaltos que acompañan siempre a las situa ciones políticas

transitorias.

Bien es verdad que la Constitución -nunca se insistirá bastante- no es una

panacea para resolver, de la noche a la mañana, nuestros graves problemas en el

orden económico, social, laboral, educativo, etc. En primer lugar, habrá que

desarrollarla, incorporar sus preceptos al Derecho positivo, y ahí tenemos una

gran tarea por delante. Pero, al propio tiempo, habrá que plantearse como

imperativo de mañana mismo la tarea urgentísima de gobernar y asumir las

insoslayables aspiraciones de una sociedad que ha depositado su confianza en el

poder de transformación del sistema democrático.

 

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