Autor: Cruz Aguilar, Emilio de la (AEMILIUS). 
   Un día para la Historia     
 
 Pueblo.    07/12/1978.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

UN DIA PARA LA HISTORIA

AYER el pueblo español acudió a las urnas para refrendar la Constitución. Con

ello, una nueva etapa de nuestra historia se abre con el planteamiento del

programa de futuro que supone cada Constitución.

Como cada vez que la nación se ha planteado el comienzo de un nuevo periodo de

su historia, la Constitución es encarnación de una viva esperanza, la expresión

de fe en un quehacer colectivo y el triunfo de las fuerzas que creen en la

dialéctica y la concordia como modo de dirigir la vida de una colectividad.

Esta vez, sin embargo, es posible que la actual Constitución sea

testimonio de la coronación de una de las empresas más difíciles que

pueden planteársele a una comunidad: salir de un régimen autoritario,

personalista, para pasar a otro democrático, sin convulsiones mortales,

guardando, con una voluntad sostenida por todas las fuerzas políticas

responsables y civilizadas, las colas más altas de respeto a los

contrincantes políticos y sacrificando, en aras de la consecución de una

concordia general, parte de las propias convicciones, de las conveniencias

partidistas. Llegar a este día eludiendo la tragedia colectiva es un orgullo

para el pueblo español. Ha sido también la admiración del mundo entero. Y

además la decepción de muchos que al morir Franco, vinieron como cuervos o

buitres y afilaron sus plumas dispuestos a mojarlas en sangre española. Tan

roja, tan caliente, tan generosa.

En esta tornada acude inevitable el recuerdo de aquel acontecimiento

histórico que fue nuestra primera Constitución, la celebérrima de Cádiz, y lo

que supuso para toda la España progresista. Aquel programa que sirvió de modelo

a muchas otras, despertó el entusiasmo de muchos españoles. Las actas de

sesiones de las Cortes están repletas de testimonios llegados de toda la nación,

también de ultramar, en los que se da cuenta del juramento de la Constitución

por todo tipo de entidades, desde, por ejemplo, el Ayuntamiento de Gormaz, que

envía su adhesión con un canto compuesto por el párroco, hasta los frailes del

desierto de Orito que cuentan su juramento por el superior y el de los frailes

de Callosa, en cuarentena por una epidemia... Toda España, de uno y otro lado

del mar, vivió unas jornadas de entusiasmo que se reflejan en las actas de las

sesiones.

Esta Constitución que ayer se aprobó no ha despertado tanto entusiasmo,

porque son otros los tiempos -estamos ya distantes de la ingenuidad liberal de

aquellos días, de su exaltación patriótica-, pero tiene que ser un motivo de

esperanza sobre nuestra capacidad de diálogo y de construcción del Futuro. Es

natural que se tengan determinadas reservas, porque es imposible satisfacer a

todos en todo. Pero lo cierto es que en esta Constitución hay un punto de

partida para empezar a trabajar y desde este momento puede iniciarse una

convivencia duradera y fructífera. El día 6 de diciembre de 1978 debe quedar

incorporado a la historia de España como un punto de inflexión para marchar

hacia la paz, la concordia y la libertad.

AEMILIUS

 

< Volver