La alianza antidisturbios     
 
 Diario 16.    08/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

D16

08/02/1977

La alianza antidisturbios

Don Pelayo Eraga acaba de iniciar la Reconquista en Asturias. Este es el juicio que está mereciendo a los

franquistas el mitin ovetense de Alianza Popular. Quien tuviera alguna duda acerca del significado de esta

coalición de ex cargos de la dictadura ya sabe a qué atenerse: el entusiasmo mostrado por los órganos

periodísticos de la ultraderecha vale por cien análisis. La vieja derecha española, simplificadora,

revanchista, apegada a sus eternos privilegios y un tanto cerril, ha encontrado, por fin, en las huestes de

Alianza Popular esa "fuerza antdisturbios" en que cifra todas sus complacencias políticas. Alguien dijo

aquello de "Después de Franco, las instituciones". A la vista de las actuales circunstancias habría que

corregir la frase: "Después de Franco, la Alianza Popular." Para los beneficiarios de las prebendas de

cuarenta años, para quienes disfrutaron del poder sin control ni termino, la Alianza Popular se presenta

como un ideal túnel del tiempo que acaso logre devolverles a sus dorados años. Paz, orden y tranquilidad

que viene de tranca. Y en ese marco idílico sería posible repetir el viejo consejo de Guizot;

"Enriqueceos."

Los medios para alcanzar tales objetivos son los mismos que aquí ha utilizado siempre la derecha como

garantía de su monopolio secular. Se trata, dicho brevemente, de explotar el miedo de las amplias mayoría

silenciosas y conformistas, el horror al cambio de quienes aun estando mal, temen llegar a estar peor. En

aplicación de esa estrategia los recientes actos de terrorismo están siendo aprovechados, con dudosa ética,

por los hombres de Alianza Popular como ilustración de sus tesis. Ellos son los defensores de las buenas

digestiones, sin ellos los sobresaltos pueden llegar a ser un elemento cotidiano. Resulta sorprendente y

poco pudoroso que Fraga se presente como campeón del orden público como si la memoria de los

españoles fuera tan flaca como para no recordar Vitoria, Montejurra o el trágico desenlace del secuestro

de Berazadi. Tiene razón el ex ministro de la Gobernación cuando pide que se extirpen los tumores. Algo

podía haber hecho él en este tema cuando era responsable del Orden Público, deteniendo, por ejemplo, los

comandos de extrema derecha que campaban a sus anchas. Pero entonces su tesis era que el terrorismo de

la extrema derecha era menos malo que el de extrema izquierda ¿Seguirá pensando lo mismo después de

los últimos acontecimientos?

Los señores de Alianza Popular y en primer lugar el señor Martínez Esteruelas, deberían esforzarse en

reconocer que ese "marasmo" en que está ahora sumida España que tanto les preocupa, es la consecuencia

de la larga dictadura que ellos sirvieron y consolidaron. No se tiene impunemente a todo un pueblo en

minoría de edad durante casi medio siglo. Escandalizarse por males de los que no son inocentes colma la

medida de lo que es aceptable en política. Nadie va a creer que quienes contribuyeron a mantener a

nuestro país en el callejón sin salida del franquismo vayan a ser ahora los redentores. Su momento pasó y

España no va a querer jugar a la mujer de Lot. Volver la vista atrás para contemplar el pasado que ellos

representan sería una actitud morbosa. La prosperidad de los años sesenta —sobre la que hay mucho que

hablar y que, en cualquier caso nada tuvo que ver con los planes de López Rodó— no es contrapartida

suficiente para compensar el pasivo de la dictadura. Sus intentos de convencer a los españoles de su le

democrática te van a topar con un argumento elemental; "O ahora nos estás engañando, o antes eran unos

oportunistas... o las dos cosas." Por eso es posible que la respuesta sea también muy simple; "A otro perro

con ese hueso."

 

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