Autor: Rodríguez, Carlos. 
   Unidos, para ganar el futuro     
 
 Arriba.    07/12/1978.  Página: 12. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

CARLOS RODRIGUEZ

LA POLÍTICA y los días

UNIDOS, PARA GANAR EL FUTURO

EL proceso de cambio político ha terminado. Al menos, en lo que hace a su

infraestructura legal básica. Comienza ahora un amplio y polémico desarrollo

legislativo y jurídico, en el que el Tribunal Constitucional será un

importantísimo catalizador, por la amplitud y hondura de las facultades que se

le reconocen.

Pendientes, como es lógico, de la resolución de la Junta Electoral Central y de

que, tras ella, se publique en el «BOE» la Constitución de 1978, es obvio que el

nuevo ordenamiento político democrático puede considerarse vigente, de hecho,

una vez que el pueblo español ha ratificado ayer, con amplia mayoría, el texto

que las Cámaras parlamentarlas aprobaron el pasado 31 de octubre.

Pese al tiempo desapacible en casi todo el país; pese a la agobiante campaña

oficial, cuyo efecto contraproducente casi nadie pone en duda; pese a la

intensidad de ta propaganda del «no» que, en los últimos días, llegó a opacar a

la que recomendaba el voto afirmativo, y ello con un lujo de medios que

merecería el análisis en profundidad; pese a la siempre dudosa calidad

democrática de cualquier referéndum; pese a las ingratas circunstancias

económicas y laborales que atravesamos; pese a todo esto, los ciudadanos

acudieron nutridamente a las urnas. El respaldo de la opinión pública a la

Constitución de 1978 es innegable. Bien está, y debe ser motivo de ponderada

satisfacción.

Nadie podía esperar mejor término para un proceso constituyente que ha sido tan

inmoderadamente largo, tan confuso en su planteamiento y mecánica. Tengo para mí

que los resultados del referéndum -por volumen de participación y proporción de

votos favorables- supera incluso previsiones optimistas.

A fin de cuentas, entiendo -y muchísimas gentes, con sentido común, comparten

este criterio- que la Constitución de 1978 estaba aprobada desde que así lo

hicieron diputados y senadores en los plenos de ambas Cámaras. Y es que, con

frecuencia, surgen resabios del pasado y ese confuso populismo que casi nunca

tiene que ver con lo popular, más bien con todo lo contrario. El referéndum no

era sino un legalismo superfluo, una obstinación -por lo demás, aceptable- del

Gobierno en llevar hasta el último detalle su propuesta inicial de hacer el

cambio desde el estricto respeto a la legalidad vigente.

En mi opinión, el pueblo no habla en los referendums, sino en las elecciones,

cuando escoge a sus representantes. El pueblo habla más -más claramente, más

directamente, más auténticamente- o través de los debates parlamentarlos que en

cualquier referéndum, por muchas que sean, como en este caso, sus garantías de

objetividad.

¿Por qué este superfluo afán de trascendentalizar una consulta que, a fin de

cuentas, no era sino un trámite impuesto por la fidelidad a la fórmula de

«ruptura por vía de reforma»?

Nada es distinto en la España del 7 de diciembre a la del 5 de diciembre. Mucho

fue distinto, desde luego, en la del primero de noviembre respecto a la del 30

de octubre. Y en el terreno de las formas legales, que siempre es una importante

seguridad para el buen ciudadano, todo será distinto, desde luego, el día, por

fortuna ya muy próximo, en que, con su publicación en el «BOE», la Constitución

de 1978 entre en vigor.

Estamos en las playas de la democracia. Ha sido un gran triunfo de la

reconciliación nacional, sin duda. Los españoles hemos recuperado,

pacíficamente, la plenitud de la ciudadanía y el soberano dominio de nuestra

tierra.

Pero nos esperan batallas muy duros y es me|or que nadie se llame a engaño:

tenemos que vencer al terrorismo de cualquier tipo, tenemos que superar la

crisis económica, tenemos que consolidar la democracia frente a los intentos

involucionistas que seguirán produciéndose. Aquellas palabras del Rey, en su

primer mensaje de la Corona, cobran una renovada y exigente significación: si

nos mantenemos unidos, ganaremos el futuro.

La mejor forma de celebrar el éxito de ayer, pienso que es abrir bien los ojos y

redoblar el esfuerzo. Es mucho lo que ha cambiado, pero falta mucho por cambiar.

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