Autor: Alcocer, José Luis (CIUDADANO). 
   El fracaso de un gobierno     
 
 El Imparcial.    08/12/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

El FRACASO DE UN GOBIERNO

YA están los resultados, más o menos definitivos, encima de las mesas. Ni los

más absolutos partidarios del «si» han podido ocultar su sorpresa. Analicen

ustedes los titulares de la Prensa de ayer. Poco más o menos venían a decir: «Sí

abrumador, abstención elevadísima». La contradicción en los términos es patente.

Lo abrumador se sitúa frente a lo elevadisimo. La Constitución ha sido aprobada

por un porcentaje aproximada de quince a diez. Es un porcentaje suficiente,

desde luego, pero no satisfactorio. Una mínima decencia, decencia política,

queremos decir, aconsejaría la dimisión fulminante del Gobierno que ha sido

Incapaz de brindarle al Rey una asistencia más consoladora para la estabilidad

de los florones de su Corona. ¡Qué mal!, ¡qué rematadamente mal lo ha hecho la

UCD!

Pero vamos al análisis de los hechos. Resulta que los cuatro partidos

parlamentarios principales: la UCD, el PSOE, el PCE y AP, con uno u otro matiz,

han votado que sí. Todo ello con la asistencia masiva y complaciente de los

medios de difusión del Estado, en especial de la televisión, ante la cual don

Felipe González se sintió en la obligación de exhibir la papeleta que Iba a

depositar, quebrantando el secreto del sufragio y realizando un último e ilegal

acto de propaganda. Pues bien, con todo y con eso, los cuatro partidos

principales de nuestro espectro no han conseguido movilizar a una proporción de

electores que sobrepase la relación de quince a diez. La abstención ha sido

fortísima, y eso es innegable. Y la abstención, sobre todo en alguna medida, ha

tenido la virtud de establecerse como categoría en sí misma, perfectamente

diferenciada del «no».

SERA estrategia lógica del Gobierno de UCD tratar de recluir todo el porcentaje

de votos negativos en los cuarteles del «ultrismo». Vamos a suponer que, desde

su punto de vista, lleven cierta razón. Pero ¿es tan fácil asimilar los «noes»

con las abstenciones? No nos lo parece, la verdad. Y decimos esto precisamente

tanto por respeto al «no» como a la abstención, sin tratar de meter ambas cosas

en mismo saco. La abstención masiva es el desinterés desencantado frente a una

política, es, incluso, la conciencia de que, aunque la Constitución sea

necesaria, ha de nacer libre de cualquier soberbia de partido monopolista. Sería

falso que ahora se le dijese al Rey: «Señor, los que han votado "no" y los que

no han votado han venido a decir lo mismo.» Son los «ultras», los

antidemócratas, los desestabilizadores. Esta proposición no puede plantearse

asi. Lo que hay que decir, justamente, es lo que sigue: quienes han votado «no»,

se han negado a aceptar la Constitución. Son minoría. No pasa nada. Pero quienes

no han votado, sin negarse a la Constitución, fe han dicho «no» al Gobierno, que

es otra cosa.

Entre otras razones, y con toda probabilidad, porque no deseaban que se

identificara el «si» a la Constitución con la aceptación de la UCD.

¿Contaba la UCD con un porcentaje tan elevado de abstenciones? Seguramente no.

No estarían tan preocupados de ser así, de haber sido asi. Contaban con «sí»

arrollador y partidario sin vacilaciones. Pero las cosas son como son y ha

venido a resultar que entre los cuatro partidos felizmente reinantes no han

conseguido una votación decente que haga perder de vista al franquismo. Al menos

en los referendum organizados por Franco no llovía. No vayamos ahora a echarle

las culpas a San Pedro.

Tal vez una de las opiniones más lúcidas que conocemos hasta el momento sea la

del alcalde de Barcelona, José María Socias Humbert. No cabe duda de que es uno

de los políticos más listos y perspicaces de este país. Ha dicho que la

Constitución, el que haya sido aprobada, ha sido un resultado concretísimo de la

actitud de los obreros, de la postura de las centrales sindicales. Pensamos que

Socias Humbert tiene toda la razón del mundo y que el único fruto constitucional

del llamado «consenso» no ha servido apenas para nada. Vamos a ver ahora, de

ahora en adelante, cuál es la relación de fuerzas entre las diversas centrales

sindicales y sus correspondientes cúpulas, políticas. Vamos a ver si se producen

o no tensiones entre el PCE y las CC.OO., entre el PSOE y la UGT. Vamos a ver.

LO que sí estamos viendo, desde luego, es cómo ha quedado el asunto del País

Vasco. Allí si que no hay vuelta de hoja. ¿Con qué moral va a abordar el señor

ministro Martín Villa el tratamiento de la problemática de aquellas provincias?,

¿cómo se le va a presentar este problema al Rey?, ¿cómo al resto de los

españoles? Sinceramente, no lo sabemos. No tenemos ni la más remota idea. Al

igual que pensamos que a estas horas tampoco tienen la más remota idea ni el

señor ministro del Interior ni nadie. Échese la culpa de la abstención y de los

«noes» en el Pais Vasco a la ETA, al PNV, a los «abertzates» o a quien les dé la

gana. El caso es que el País Vasco ha dicho que se inhibía, que con él no iba la

cuestión. Esto es así.

¿Qué va a pasar ahora en lo político? ¿Investidura o elecciones generales? Las

cosas no están tan claras. Suponemos que el señor presidente del Gobierno tendrá

que explicarle a Su Majestad el Rey y, caso de que le quede algún tiempo, al

resto de la nación el porqué los índices de abstención han sido mayores en las

que se definen apriori como nacionalidades, con la ligera excepción de Cataluña.

Parece que, incluso antes de entrar en vigor, determinados conceptos de la

Constitución han comenzado a producir efectos.

PERO vamos a ver, además, otras características nada desdeñables. Por ejemplo,

las que siguen: primera, la gran masa tradicional y conservadora, no militante,

se ha abstenido. La derecha militante ha votado negativamente. El Pais Vasco se

ha desenganchado del proceso. Entonces ¿quién diablos ha sacado la Constitución

adelante? Pues dos fuerzas: la izquierda y las centrales sindicales. De ello no

parece que quepa ninguna duda. Esto ha sido asi, y al resultado final de las

urnas nos remitmos y acatamos, entre otras cosas por que no nos da ningún miedo

la democracia. Pero ¡cuidado!, no vaya a ser que, ahora, los temerosos de la

democracia vayan a ser otros señores. Los de UCD, por ejemplo. El resultado de

quince a diez no es brillante, nada brillante, para unos ejecutivos tan eficaces

y con tantos medios para utilizar como sea, donde sea y hasta donde sea. Ya va

siendo hora, pensamos, de ponerle limites a las fantasías.

JOSÉ LUIS ALCOCER

 

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