Autor: Pérez Varela, Jesús. 
   La izquierda salvó el referéndum     
 
 El Imparcial.    08/12/1978.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Pérez-Varela

LA IZQUIERDA SALVO EL REFERENDUM

HABÍA que verlo. Tenía que haber estado usted allí, en el Palacio de Congresos y

Exposiciones, para interpretar de verdad el resultado del referéndum. El primero

en llegar de los grandes fue Cavero, ministro de Educación, que, con una cara de

mil perros, decía a quien quería preguntarle «¿pesimistas?». «No, por favor, yo

soy optimista por naturaleza.» Tenía que haber estado usted allí para ver el

desplante, el nerviosismo de Abril Martorell, que se negó a entrar en el Palacio

porque le pidieron las credenciales reglamentarias como a cualquier hijo de

vecino. Tenía que estar usted allí para ver la media sonrisa forzada de

Fernández Ordóñez, de Sánchez de León y de Rodríguez Sahagún. Tenía que haber

estado usted allí para dar crédito a las mil caras de sorpresa de los

periodistas que, asombrados, pudimos ver en las pantallas una abstención que en

conjunto superaba, en Principio, al 40 por 100. Y que después fue disminuyendo,

no se sabe todavía cómo, mientras el ordenador americano -cien millones de

ordenador- elevaba a su antojo el censo de votantes de 24.494.320, cifra en

pantalla hasta las doce de la noche, a 26.494320. No sé nada de cibernética,

pero pregunto: ¿es tan fácil cambiar el programa de un ordenador?

LA CONSTITUCIÓN DE LA IZQUIERDA

Digo que había que estar allí para darse cuenta que la Constitución, contra todo

pronóstico, fue refrendada en su mayoría por la izquierda. Lo decíamos los

periodistas, bueno, algunos periodistas independientes, y lo decía Múgica Herzog

y Alfonso Guerra. Allí donde ganó la izquierda el 15 de junio fue donde hubo

mayor abundancia de «síes» y, curiosamente, con pocas excepciones, menos

abstención. Y al contrario, allí donde ganó UCD de manera abrumadora, por

ejemplo, Galicia, fue donde se produjo el mayor número de abstenciones. La

opinión general en la madrugada de ayer, confirmada por la izquierda y,

curiosamente, por el nada dudoso alcalde de Barcelona, Socias Humbert, la

opinión general es que la izquierda, con su campaña, con sus centrales

sindicales y con su militancia, hizo que la Constitución no se convirtiera en el

mayor de los naufragios.

CAMBIAR EL CALENDARIO

El otro tema de la madrugada era, cómo no, el del calendario político. Múgica

Herzog, con los datos electorales en la mano, decía: «Ante esta situación hay

que cambiar el calendario político. No se puede ir a unas elecciones generales.»

Y este es el tema. La misma madrugada, miembros de la UCD, unos sonrientes,

otros nerviosos, hablaban apresuradamente del voto de investidura. «Es -decían

"off the record"- la única salida que le queda a Adolfo Suárez.» Los miembros de

la izquierda y de Alianza Popular que se encontraban en el Palacio de Congresos

y Exposiciones eran más drásticos. Decían, sin ningún tapujo, más o menos esto:

«Adiós, UCD, adiós.» Y lo decían porque entendían que una parte del alto

porcentaje de abstención procedía de gentes que el 15 de junio había votado a

UCD, y, aún más, muchos de los votos «noes» y en blanco eran votos de gentes de

aquel partido.

MI PREGUNTA A MARTIN VILLA

Así que está todo tan confuso, tan poco triunfalista, que, Pobre de mí, en la

reunión que los periodistas tuvimos con Martin Villa a las dos y media de la

madrugada pregunté al ministro:

-Como periodista me preocupa el tema vasco. En Guipúzcoa o en Vizcaya el número

de votantes superó muy poco el cuarenta por ciento. Es decir, la abstención se

acercó al sesenta. Y esa abstención va a ser capitalizada por el PNV. Del

cuarenta por ciento de votantes, cerca del treinta por ciento dijo «no». «No»

que capitalizarán los abertzales. Y de ese cuarenta por ciento de votantes, el

sesenta por ciento ha dicho «sí», voto que capitalizarán con justicia el PSOE y

el PCE. ¿Quiere decir esto que el Gobierno de UCD ya no es interlocutor válido

en Vascongadas?

Martín Villa se enfadó.

 

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