Adiós, UCD, adiós     
 
 El Imparcial.    08/12/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

EL IMPARCIAL

ADIOS, UCD, ADIOS

LOS resultados del referéndum han sido un clamoroso fracaso de la UCD como

partido político. Un partido en el poder, con treinta y tantos periódicos a su

disposición, con la televisión a su disposición, con la propaganda estatal a su

disposición, con el aparato del poder a su disposición, ha sido incapaz de

obtener en un referéndum constitucional esa abrumadora afirmación de que

presumen sus líderes más destacados. Todavía vive el partido gubernamental los

nervios de la jornada electoral. Es duro reconocer la derrota y el fracaso. Pero

mucho más dura será la caída si, desde ahora mismo, el partido que preside el

señor Suárez no adopta las medidas pertinentes para recomponer en lo posible la

imagen de deterioro que ha sufrido como consecuencia del referéndum.

¿QUIENES han sido los culpables? Que haga el presidente de la UCD examen de

conciencia. Y es posible que descubra que, al margen de sus propios errores,

toda la trama del referéndum ha recaído sobre dos personas que, indudablemente,

no estaban preparadas para las circunstancias. Esas dos personas han sido el

actual ministro del Interior, Rodolfo Martín Villa, y el secretario general de

la UCD. Vayamos por partes. Rodolfo Martín Villa tenía como objetivo primordial

arrancar de los españoles un «sí» masivo, apabullante, concluyente.

Los problemas de orden público habían sido muchas veces pospuestos en aras al

resultado del referéndum. El era el encargado, a través de los gobernadores

civiles, de manejar todos los aparatos del poder en aras de ese refrendo masivo

del texto constitucional.

POR su parte, tras el congreso nacional de la UCD, celebrado fuera de playo

legal -que

la ley no es igual para todos-, Rafael Arias Salgado, hijo del que fue ministro

de Información con Franco, don Gabriel Arias Salgado, se alzó como secretario

general, cuando ya lo había sido casi todo en el partido. Y una cosa ha quedado

clara. Las bases, si es que alguna vez las tuvo, de la UCD han huido en el

momento crucial de la consulta electoral. Hay que sospechar que las bases

socialistas y las comunistas, con más de seis millones de votantes en las

elecciones del 15 de junio de 1977, han sido mucho más fieles a las consignas

dadas, aunque sólo sea por ideología y por una postura más coherente con la

propia disciplina de partido. En ese caso, de los electores del 15 de junio, han

sido los de la UCD los que han abandonado el barco. Y no tiene ello nada de

extraño si tenemos en cuenta que la Constitución aprobada no era satisfactoria

para la gran masa -si es que la tuvo- de seguidores de UCD y mucho menos para la

gran masa de votantes que el 15 de junio se inclinó por el partido que preside

Adolfo Suárez.

MARTIN Villa, aun con los gobernadores, alcaldes y ordenadores, ha fracasado.

Rafael Arias Salgado, como aglutinador y secretario general del partido, ha

fracasado. Un día triste para los dos líderes menos comprometidos

ideológicamente con los grupos que forman la UCD. Claro es que los dos han

tenido que enfrentarse con los errores propios del presidente y con los errores

de Fernando Abril Martorell. Pero para eso estaban ellos. Para remediar los

errores ajenos. Y no sólo no los han remediado, sino que los han incrementado.

LA UCD seguirá en el poder, se ha dicho muchas veces, mientras Adolfo Suárez sea

presidente del Gobierno. Pero como partido político ha sufrido su primer gran

descalabro. Quizá sea el canto del cisne esta victoria pírrica en el referéndum

constitucional. Y decimos pírrica porque sobre un punto determinado cabe la

abstención y el voto negativo en un alto porcentaje. Pero cuando se trata de la

ley que va a regir la vida de los españoles, el porcentaje de «si» debía haber

sido mucho más alto. No ha sido así. Estaba también previsto por los que día a

día han denunciado los tejemanejes del Gobierno. Pero Martín Villa y Rafael

Arias Salgado han actuado en esta ocasión de sepultureros. Adiós, UCD, adiós.

Todo hace suponer que el partido hoy en el Gobierno se irá al garete mucho antes

de lo que estaba previsto.

 

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