Autor: Niveiro, Emilio. 
   Hoy mejor que mañana     
 
 Ya.    08/12/1978.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 18. 

HOY MEJOR QUE MAÑANA

CIERTAMENTE no ha habido sorpresa para los que, de alguna manera, habíamos

reflexionado sobre los resultados previsibles del referéndum. La opinión pública

en España puede reconocerse con cierta claridad cuando uno mantiene

conversaciones en la calle con el pueblo protagonista y valora también,

comparándolas, con las conjeturas de los cenáculos políticos, que, pese a que

ellos se crean lo contrario, suelen estar a menudo en el limbo de sus creencias

particulares y, tal es la firmeza de sus convicciones particulares, no suelen

molestarse en tomar el pulso a la "vox populi" y, por descontado, contrastarla,

ya que se creen en posesión única y exclusiva de la verdad. De su verdad, que

tantas y tantas veces no coincide con la del pueblo.

Dicho esto, pasado ya el trance referendario, pocos serán los que den su brazo a

torcer, y menos todavía los que, a pesar del fracaso de sus vaticinios,

confiesen haber vivido de ilusiones.

DESPUÉS de la Constitución, los problemas nacionales no van a resolverse por

arte de magia. Seguirán durante mucho tiempo estando vivos y latentes y exigirán

que se los acometa de frente, con generosidad, autoridad y patriotismo.

Nuestra economía, tan preocupante; nuestras cuestiones de orden público, incluso

nuestra despreocupada manera de vivir y nuestro consuetudinario i afán de gastar

y gastar, en un consumo alocado, por encima de nuestras posibilidades reales

necesitan urgentemente medidas gubernamentales sin mas contemplación que las del

interés nacional. Esto está más claro que el agua.

Y además, por si fuera poco, es cada vez más apremiante el dibujo y

consolidación de las fuerzas políticas llamadas a jugar su papel en la España

que ahora comienza su andadura.

Estoy harto de repetir-aunque bien sé que para ser oído hay que decir las mismas

cosas un millón de veces-que necesitamos alcanzar un equilibrio político estable

para que la democracia no se hunda y nos arrastre a situaciones dramáticas.

ESTA fuera de dudas que el esquema es muy simple: una izquierda fuerte y

moderada, a cuyo costado actúen, ¿ por qué no?, grupos más radicalizados y

minoritarios; un centro arbitral y poderoso que sirva un papel de rigurosa

templanza, y una derecha sólida, moderada, conservadora y lúcida, que, al igual

que sucede en países ejemplares, se distinga por ejecutar los más sensatos

avances y realizaciones sociales. También a la derecha de esta derecha, ¿y por

qué no?, los activistas minoritarios y encendidos que sirven de contraste.

En el caso de los grupos extremos, tanto de la izquierda como de la derecha,

habremos de exigirles que actúen dentro de la ley y que no vociferen demasiado

ni practiquen como argumentó habitual la violencia.

Pero tengo la duda y el temor de que esta derecha, sin la cual no podremos

caminar, aparezca aglutinada y firme, con tiempo suficiente antes de que se

produzcan las inevitables elecciones generales y municipales.

Llevo varios años pidiendo desde estas mismas páginas y desde otras que la

derecha, que es mí campo específico por pensamiento y convencimiento, se

organice con nuevos líderes nacidos de la amplia base y no continuando

capitaneada por figuras venerables y cargadas de historia. Eso no significa,

Dios me libre, una despedida definitiva de los históricos, sino un relevo que

sería acogido con esperanza.

Las cabezas tradicionales de la derecha, sin perder su importante papel de

consejo, deben replegarse a posiciones de segunda fila y ceder el protagonismo a

la madura juventud, que está esperando su hora.

A los nuevos dirigentes de la derecha con que sueño, España no tendría nada que

agradecerles, pero tampoco nada que reclamarles. Las posiciones conservadoras

que propicio no dependen de la edad. Ya sé que esta Europa que vivimos fue en

gran parte posible gracias a figuras como Adenauer, De Gasperi, Schumann y De

Gaulle, por citar ejemplos ilustres, que tenían blancas las cabezas y estaban

llenos de méritos.

Ya lo sé. Pero sé también que las circunstancias extraordinarias de sus

respectivas peripecias les exigieron ese sacrificio, y no se me olvida que a la

vez que hacían una profunda labor de Estado consiguieron iluminar a las

juventudes de sus pueblos y formar sucesores.

Nadie como la juventud actual, mucha de ella espléndidamente dotada, puede

acometer la tarea de edificación que estamos necesitando.

El mejor servicio, pues, que estos antiguos líderes pueden prestar hoy a España

es el de aupar sobre sus hombros la generación del relevo.

Por más que no haga falta abundar en este razonamiento, piénsese en lo que han

hecho, con éxito, el PSOE y sus jóvenes cuadros de mando. Piénsese que quizás

uno de los lastres más importantes que tiene el férreo partido comunista es el

de la conservación de sus reliquias, si bien se advierte ya el ascenso de nuevas

promociones. Piénsese que los líderes de UCD han sido buscados entre personas

jóvenes.

PIÉNSESE en todo ello y saquense las consecuencias que procede.

En la derecha, el papel de los históricos, el más claro papel de los históricos,

consistirá, según creo, en presentar y avalar a los cuadros que surjan de su

seno. Y todo ello con la que supone de abnegadas renuncias. Y todo ello cuanto

antes.

Si puede ser hoy, mejor que mañana. El tiempo corre muy deprisa y no podemos

frenar nuestra presencia en él palenque público por protagonismos y amores

propios, muy respetables, pero que comienzan a estar fuera de lugar.

Emilio NIVEIRO

 

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