Análisis de urgencia     
 
 ABC.    08/12/1978.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

ANÁLISIS DE URGENCIA

Cabe ya analizar los resultados del referéndum y de su Interpretación política

con relativa aproximación a la realidad. La primera Impresión es de sorpresa por

la Incidencia considerable de la abstención y el consiguiente escaso porcentaje

de los participantes. En abierto contraste con los pronósticos y el monocorde

condicionamiento psicológico de la television, el número de los ausentes de las

urnas desborda los ocho millones y medio, guarismo significativo, que sería

pueril encubrlr con argumentos vegetativos o meteorológicos. Si tenemos en

cuenta el casi millón y medio de votos negativos y los setecientos mil largos de

blancos o nulos, llegaríamos a una cifra da diez millones sétacientos mil

ciudadanos que se Inhibieron o se opusieron al texto constitucional frente a los

quince millones setecientos mil del voto aprobatorio.

¿Qué enseñanza cabe extraer de este conjunto de datos? En primer lugar, que el

notorio esfuerzo realizado por los tres partidos -U.C.D.. P.S.O.E. y P. C.- de

apoyo, sin reservas y plenario, al proyacto constitucional no ha logrado, con el

masivo apoyo unilateral de la pequeña pantalla. Igualar, ni de lejos, los votos

populares del 15 de ¡unió. Una parte de ese voto se quedó en casa o se corrió

hacia la derecha negativa. Lo abstención -no la olvidamos- es también una

respuesta a la pregunta o al candidato propuesto. Significa que aquello que se

ofrece, persona o programa, no interesa o cautiva al elector. Es un síntoma de

ausencia de credibilidad, de Falta de fe en aquello que se propugna. Creemos

sinceramente que el proceso do la transición y la elaboración del texto

constitucional han tardado demasiado tiempo en cristalizar. A lo largo de estos

dos años, la sociedad española se ha visto agobiada por graves problemas

Irresueltos, que atenazan cotidianamente al ciudadano de a pie, aI hombre de la

calle. La inseguridad física y jurídica de personas y de bienes; los riesgos y

episodios de la violencia cotidiana; la profunda crisis económicosocial, cuyos

ramalazos se suceden sin interrupción; el desánimo Inversor y la desconfianza

empresarial; el impresionante volumen del desempleo, son otras tantas cuestiones

que no se solucionan con un texto Jurídico, sino con un programa de gobierno.

Párrafo aparte merece el voto neqativo y abstencionista de las provincias

vascas, cuyo volumen no sorprende a los que una y otra vez hemos alertado al

Gobierno sobre ello. Pensamos que es preciso afrontar este delicado y espinoso

problema de una vez y por todas, si no queremos abrir una herida perenne en el

flanco de España, capaz de envenenar nuestro sistema de convivencia democrática.

No hay aquí tampoco panaceas Infalibles, sino entéreza y habilidad políticas,

juntamente con una larqa paciencia solidaria y negociadora. Y la convicción por

parte del Gobierno de que resulte prioritario resolver tan dramática cuestión.

Pensamos que la Imagen de un Congreso que olvidó la realidad extraparlamentaria

para ofrecer un panorama de porcentajes de escaños, como si fuera un reparto

numérico vitalicio de sectores de opinión, ha sido también causante del escaso

entusiasmo votante del electorado. Si nuestros cálculos no fallan, fue el 94.3

por 100 de los diputados el que aprobó el proyecto constitucional, mientras que

el 1.9 por 100 votaba en contra, y el 3.7 por 100 se abstenía. ¿Cómo no

sorprenderse de que el voto popular sea ahora tan escandalosamente divergente de

esas cifras? A los partidos que reclaman hoy elecciones generales hay que

reconocerlas el cupo de razón que les asiste, cuando invocan el profundo cambio

de las tendencias de opinión originadas desde el 15 de Junio y la necesidad de

que una nueva radiografía electoral aproxima la realidad de las nuevas cifras al

número de escaños da las futuras Cortes.

El presidente tiene ahora en sus manos la decisión final, una vez sea promulgada

la Constitución. Investidura o elecciones. La primera solución sería conferir al

Parlamento una prorroga que contrasta con la situación real del país. La segunda

estaría a nuestro entender más acorde con el recto sentido democrático de pulsar

los latidos de la opinión. Y en cualquier caso, hágase un programa de gobierno

coherente, audaz, imaginatívo y realista. capaz de afrontar Ios peligrosos

desafios del presente y el combate electoral del inmediato porvenir.

 

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