Autor: Prego, Adolfo. 
   Tarradellas     
 
 ABC.    08/12/1978.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

TARRADELLAS

¿No podríamos robarle a Cataluña a este señor Tarradellas, que cada vez que abre

la boca es para decir una cosa sensata, al mismo tiempo que otros lideres se

quedan en la más vacua retórica? Nos hace falta. Sería un buen presidente de

Gobierno español para esta etapa que se avecina y no hay mucho donde escoger.

Estamos a puntó de consagrar el sistema Braille para los videntes. O de recetar

alimentos más nutritivos a los obesos. O de volvernos definitivamente tontos.

¡Qué país!

El presidente de la Generalidad sabe, como sabemos unos pocos ciudadanos más,

que la Constitución fue tema académico. especulativo, trato entre feriantes. Y

en no despreciable parte, artificio de leguleyos. Era un documento de identidad

democrática que necesítábamos. Y ya lo tenemos. Pero ahora es cuando empieza el

problema de los problemas. Hay que adoptar medidas muy serias, como el señor

Tarradellas dice, sobre males muy profundos. Los tres asesinatos de San

Sebastían no son el epilogo de una novela jurídica, sino el preámbulo de una

novela de aventuras.

El señor Tarradellas sabe -y tiene e/ valor de decirlo- que ha terminado el

período más fácil y que empieza ahora el período más difícil. Se trata de

plantear y ejecutar una verdadera política democrática, lo que quiere decír, en

primer término, una política que permita sobrevivir a la democracia, luego

vendrá el momento de desarrollarla... En fin, todas estas cosas son lentas y

sutiles, y el presidente de la Generalidad tiene el instinto de dirigirse

siempre al nervio central de los problemas. De ahora en adelante es cuando vamos

los españoles a hacer la prueba de si somos o no somos capaces de convivir

democráticamente. En efecto, la Constitución era el paso primero, pero también

el más sencillo, y los partidos harán mal en creer que sus negociaciones y

mutuas concesiones para llegar a ese resultado da por despejados los temporales

que nos aguardan.

¿Se puede fichar al señor Tarradellas para que forme parte del Poder central? O

en otro caso, ¿puede el presidente de la Generalidad venir de vez en cuando a

Madrid para explicar con pocas palabras y mucha claridad lo que otros envuelvan

en las nieblas del romanticismo político?-Adolfo PREGO

 

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