Autor: Tezanos Tortajada, José Félix. 
   Residuos medievales     
 
 Diario 16.    09/12/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

1 DEMOCRACIA

José Félix Tezanos

Residuos medievales

Para una buena parle de los ciudadanos cultos de nuestra era, España ha sido

poco más que una

"curiosidad arcaica1´ en el mundo eíiropeo Las tensiones y conflictos que se

hablan producido en los

países europeos como consecuencia del tránsito de una sociedad rural y

tradicional a una sociedad

urbano-industrial, en el caso de nuestro pais se prolongaron hasta un presente

bien cercano, a causa del

retraso en nuestro proceso de industrialización y los importantísimos arcaísmos

presentes en nuestra

estructura social. España, asi, ha ejercitado una especie de "fa&tiiiación"

extraña entre muchos europeos,

que potíian ver reflejados en´ nuestra piel de toro tantos residuos de su propio

pasado histórico medieval.

El mundo de los graades señores latifundistas, de los elencos inquisitoriales

que continuaban viviendo el

mundo de Treato, de los "delegados" políticos que actuaban como verdaderos

virreyes, dueños y señores

de vidas y haciendas, etc. V como contraste. las grandes desigualdades; el

hambre consuetudinaria del

campesino sin tierra, la falta de escuelas, el terror y la humillación como arma

política, etc. Para algunos

toda esto no pasaba de ser una "interesante" curiosidad histórica, pero para

nosotros ha sido

obscurantismo, miseria y guerras. Nuestra historia reciente no ha sido sino un

gran conflicto civil y

recurrente, que ha ensangrentado cíclicamente nuestras tierras en una pugna

inconclusa por la resolución

de ese gran problema histórico: pasar de una sociedad tradicional, rural y

absolutista a un tipo de sociedad

urbana, industrial y democrática. Y como sabemos, siempre —hasta ahora— pesó más

la España

tradicional y medieval que la España modernizadora y democrática.

Cambio social y medievalismo político

Sin embargo, nadie mínimamente enterado y dispuesto a analizar con realismo

nuestra situaci&n

presente, podrá negar que nuestro país ha experimen t a d o —finalmente— una

profunda transformación

de sus estructuras. España ha dejado de ser un país rural y atrasado y se ha

convertido en un país

industrial, en el que la gran mayoría de la población vive en núcleos urbanos, y

en el que se han difundido

y generalizado las mentalidades secularizadas y modernas que caracterizan la

actual forma de ser y de

vivir La gran mayoría de los ciudadanos europeos.

Pero, con motivo de la aprobación de la nueva Constitución, hemos sido muchos

los que nos hemos visto

sorprendidos nuevamente con una fuerte ofensiva dJe lo que podíamos llamar el

medievalismo político.

Viejos sectores de las clases oligárquicas y latifundistas, obispos tridente nos

(más prestos a obedecer las

llamadas de los líderes fascistas que la disciplina de una Conferencia Episcopal

en la que se encontraban

en exigua minoría), profesionales de la guerra civil, nostálgicos del "sui

generiu" fascisco español Uan

influidos por mentalidades tradicionales y medievales), y en general todos

aquellos que querían seguir

aferrados a los fantasmas del pasado, no resignándose a ceder en nada en sus

consuetudinarios y abusivos

privilegios.

Nostalgias de guerras civiles

Frente a tales pretensiones nostálgicas de mantener permanente vivo el espíritu

de guerra civil y de

resistencia medieval a loda reforma, no cabe duda de que no sólo la realidad va

por otro lado, sino que

también ía inmensa mayoría de los españoles vamos por otro lado. Lo que la

aprobación masiva de la

Constitución significa es que los españoles queremos organizar nuestra

convivencia civil en paz,

apartando definitivamente de nosotros no "la funesta manía de pensar" —como aún

parecen querer

algunos—, sino el funesto espíritu de guerra civil permanente, que ha mantenido

durante tatito tiempo a

nuestro país postrado en el atraso y desgarrado por conflictos civiles

recurrentes.

Con el SI masivo a la Constitución, los españoles hemos dicho un ¡basta! rotundo

—y ojalá que

definitivo— a tanto correr inútil de sangre inocente, y a tantos años de atraso

y obscurantismo.

Pero no nos engañemos, el medievaliemo político aún está ahí. Hay instituciones,

como la Iglesia, que

tendrán que aclarse si van a dejar que la indisciplina y la nostalgia de algunos

les arrastre a librar batallas

que no son las suyas. El ridículo de unos pocos obispos, que recomendando un NO

a la Constitución, han

logrado arrastrar tan pocos votos, dejando claro el poco respaldo a su postura,

plantea no sólo lo

menguada de su apoyo, sino también la falta de identificación de la gran mayoría

de los católicos

españóles con posturas de tal índole.

La hora de los cambios estructurales

Aprobada la Constitución, los españoles tenemos un futuro esperanzado ante

nosotros. Un futuro que ee

hará realidad en la medida en que seamos capaces de superar —y esta vez de una

manera definitiva— el

pertinaz escollo medieval. Y para lograr tal cosa hay que ser conscientes que no

basta con declaraciones

pomposas ni con meros textos escritos. Lo que de futuro esperanzador tiene la

Constitución hay que

llevarlo a la práctica. No es suficiente con proclamarlo. Por ello, después de

aprobar el texto

constitucional «I objetivo primordial es, obviamente, el de superar los residuos

estructurales de

medievaUsmo que aún quedan en nuestro país. Una vez concluida la reforma

política es preciso que

acometamos las profundas reformas estructurales, que son necesarias en nuestro

país pera que queden

definitivamente removidos los obstáculos que se oponefl a un futuro en paz y

progreso. Entonces, y sólo

entonces, el medievalismo político dejará de ser un peligro capaz de removernos,

de vez en cuando, los

temores de vuelta al pasado, a esa gran mayoría de loa españoles que lo que

queremos es vivir en paz, en

un país sin injusticias ni opresiones.

 

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