Autor: Prieto, Joaquín. 
 Los votos afirmativos del referéndum son doce veces superiores al de negativos. 
 La fuerza electoral del no equivale a la del Partido Comunista     
 
 El País.    09/12/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 15. 

EL PAIS, sábado 9 de diciembre de 1978

POLÍTICA

Los votos afirmativos del referéndum son doce veces superiores al de negativos

La fuerza electoral del "no" equivale a la del Partido Comunista

JOAQUÍN PRIETO

Cerca de un millón y medio de españoles (5,3 % del censo total) han votado

negativamente la Constitución. Sin tener en cuenta la mayor parte de los votos

negativos del País Vasco (cerca de 200.000), que probablemente responden a otros

motivos, queda un colectivo de

más de 1,2 millones de personas que han dicho no, en coincidencia con la postura

propugnada por las fuerzas de extrema derecha y el sector de Alianza Popular

representado por los señores Silva y Fernández de la Mora. Esa cifra, en

términos absolutos, es similar a la obtenida el 15 de junio de 1977 por el

Partido Comunista.

El actual colectivo del no resulta sensiblemente superior, en cifras absolutas,

a los resultados electorales logrados por Alianza Popular en las elecciones

generales del 15 de junio de 1977 (menos de un millón de votos), y muy similar

al conjunto de los votos del Partido Comunista, incluido el PSUC (1,2 millones

de votos). Aunque el censo total sobre el que se opera hoy es mayor que el de

1977, también la abstención ha sido muy superior. Por consiguiente, no es en

absoluto aventurado afirmar la importancia política del dato antes citado: la

fuerza electoral del no conservador representa hoy algo más que la obtenida por

tres sectores parlamentarios el año pasado (PCE, AP, PSP).

Puede asegurarse, por tanto, que las fuerzas del no están capacitadas, en estos

momentos, para dejar de ser extraparlamentarias, en el supuesto de una

convocatoria electoral.

Si analizamos brevemente cómo se obtiene la representación parlamentaria, hay

que recordar que para ello es decisivo la fuerza disponible en cada provincia,

puesto que la elección se hace en circunscripciones provinciales. Pues bien, si

la votación del no en el referéndum del 6 de diciembre tuviera una articulación

política única, la extrema derecha no tendría dificultades en unas eventuales

elecciones para obtener dos diputados en Madrid (quizá hasta tres) y uno en

Barcelona, supuesta una votación total alta.

Si la votación total fuera baja (es decir, si hubiera mucha abstención), el

conservadurismo podría lograr también representación parlamentaria en otras

provincias, como Santander, Toledo, Guadalajara y quizá Cuenca o Ciudad Real,

donde se ha confirmado la existencia de núcleos del no de cierta potencia. Bien

entendido que todo esto es posible sólo con un sistema de representación

proporcional similar al del 15 de junio, que precisamente coincide con el que

consagra la Constitución, en lineas generales.

La conclusión a obtener es evidente: la extrema derecha, en colaboración con las

posiciones más conservadoras del arco parlamentario, ha logrado doblar

largamente su fuerza electoral a nivel nacional y, desde luego, logra

significativos avances en la capital de España, donde se constata la existencia

de un cuarto de millón de votos negativos a la Constitución, en su mayor parte

emanados de los barrios céntricos. Las fuerzas democráticas harán bien en tomar

nota de ello.

Ahora bien, si esto es verdad, también es cierta la relatividad del avance

conservador: en el total nacional continúa siendo una minoría inferior al 6 % de

la población mayor de dieciocho años.

El voto afirmativo

Prácticamente el 60% de los españoles con derecho a voto han aprobado la

Constitución. Si las fuerzas políticas mayoritarias permiten que cunda el

desconcierto y se extienda la impresión de que esta cifra no es demasiado

importante, el futuro pacifico de nuestro país puede verse alterado con no

excesiva dificultad; si los españoles no tenemos conciencia clara de que casi

dieciséis millones de síes sobre veintiseis millones de electores son una gran

parte del pueblo español, será difícil abordar la solución de los problemas

políticos.

Ahora bien, esa cifra requiere algún examen, desde el punto se vista de las

fuerzas electorales. El colectivo que ha aprobado la Constitución es ligeramente

superior a la fuerza electoral conjunta de los sectores políticos parlamentarios

que pedían el si (UCD, socialistas, PCE, Minoría Catalana, parte de AP); pero si

valoramos las nuevas incorporaciones al censo -especialmente el millón y medio

de jóvenes de dieciocho a veintiún años-, hay que llegar a la conclusión de que

se ha perdido un elevado número de personas (alrededor de dos millones) para la

causa de las fuerzas democráticas parlamentarias y «consensuales». (Obsérvese

que no hemos mencionado el electorado del PNV en el

conjunto de los partidos antes citados de l5-J.)

Carecemos de medios para saber si esa pérdida coincide con el colectivo de

jóvenes apresuradamente incorporados al censo en vísperas del referéndum, aunque

lo más normal es que la pérdida se haya distribuido entre diversos sectores del

electorado.

Ello nos conduce dircctameate al tema de la abstención. Ocho millones y medio de

españoles con derecho a voto no han pasado por las urnas, y más de medio millón

ha votado en blanco, esto es, sin decidirse por el si ni por el no. Ambas

actitudes ante el referéndum -abstención y voto en blanco- pueden ser

acumulables desde el punto de vista de las razones de fondo para no aprobar ni

rechazar la Constitución, aunque con una diferencia esencial: el abstencionista

demuestra su despreocupación por el sistema político, mientras el votante en

blanco muestra su deseo de participar en el sistema y su indecisión ante las

opciones posibles, o su critica a ese sistema en el que desea participar. Estos

635.000 españoles del voto en blanco -cifra notablemente superior a otras

consultas- son el único colectivo que ha actuado por impulsos personales, ya que

ningún partido recomendaba el voto en blanco.

En fin, sobre las razones de la abstención podrían hacerse centenares de

especulaciones, aunque sólo una encuesta de actitudes políticas (que es de

suponer encarguen el Gobierno o algún partido político) demostraría los motivos

de la misma.

Baste decir que las ideas más extendidas son las siguientes: crítica al sistema

político, establecido por el consenso, que elimina del juego y de la

participación real a un gran número de personas; incidencia de la situación de

inseguridad en algunas zonas; incidencia del gran número de paro obrero

existente, puesto que es difícil convencer a un parado de que la Constitución

sirve para darle trabajo; además de la lluvia, la abstención técnica y otras

similares, y todo ello al margen del específico problema vasco.

Pero esto no pasa de ser un conjunto de especulaciones, cuya aproximación o

desemejanza con la realidad no estamos en condiciones de medir.

 

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