Autor: Revuelta, Marcos. 
 Frente al silencio. 
 El diálogo, objetivo urgente     
 
 Madrid.     Páginas: 1. Párrafos: 26. 

FRENTE AL SILENCIO

Una cosa es que se estructuren leyes positivas para canalizar o contener la actividad de los ciudadanos y otra muy diferente que estas leyes positivas puedan erigirse en diques para contener las corrientes de opinión, en freno de contraste de pareceres que en definitiva, son las que crean el marco para el perfeccionamiento de los sistemas políticos que, como el nuestro, se declara constitucionalmente como sistema abierto y perfeccionable. Si las limitaciones al actual se extienden, sin más, al pensar y al opinar públicamente, nos preguntamos de dónde han de partir esas corrientes de perfeccionamiento.

Oreemos que el contraste de pareceres no puede limitarse al contenido de las opiniones de los miembros de las Cámaras, aun suponiendo que éstos no actuaran siguiendo posituras personales o de grupo, sino recogiendo estados de opinión pública. Aunque asi fuera, esto supondría que aquellos representantes sintetizan los estados de opinión elaborados por la multitud de entes sociales, formales o informales que integran, o deben integrar, la trama social de un» comunidad.

En cualquier caso parece que la misión de la Prensa en cuanto a la. canalización de la opinión pública y como medio de contraste de pareceres, es irrenunciable para garantizar la salud pública.

Condiciones del diálogo

La necesidad del diálogo nace de la división de la sociedad, de las comunidades. En una sociedad perfectamente integrada, como una familia bien «venida, no se haría cuestión del diálogo; éste surgiría espontáneo bajo la suave forma de la plática. Lo que ocurre es que estas situaciones perfectas no «e dan nunca en el plano social, como tampoco en el familiar, donde, tarde o temprano, el choque generacional entre padrea e hijos, las situaciones climatéricas, «te, hacen necesario el dialogo como síntesis de posiciones contradictorias.

Por otra ponte, en el plano social lia perfección no siguanea ausencia de problemas, sino la, existencia y práctica de los cauces del diálogo para superarlos. A su vez, cabe hablar de una perfección; pana que este diálogo se dé es necesario que las contradicciones que se enfrentan no «ean antagónicas. El que se dé este antagonismo no significa la total inutilidad del diálogo, pero acorta sus posibilidades.

Paulo VI, en la "Ecclesiam guam", ha fijado cuatro condiciones aplicables a estos diálogos contradictorios:

Claridad ante todo; el diálogo supone y exige la inteligencia, es un intercambio de pensamiento, una incitación al ejercicio de las facultades superiores del hombre.

Afabilidad: el diálogo no puede ser exposición orgullosa y arrogante de la propia idea y menos um mandato o una imposición.

Confianza, tanto en el valor de la propia palabra como en la disposición para acogerla- por parte del interlocutor.

Prudencia pedagógica, que tiene muy en cuenta las condiciones psicológicas y morales del que oye. A este diálogo difícil es al que vamos a referimos ahora y en sucesivas ocasiones.

Un mundo en transformación

A primera vista hay dos planos para el diálogo: el de las ideologías y el de los hechos o actos. Incluso esto ha sido así históricamente, en una cierta medida. Pero ya no es posible, porque ahora las ideologías tratan de Identificar las. ideas y la practica; es decir, las ideas quieren encamarse en los hechos. El planteamiento marxista en este aspecto es rotundo. Para Marx, la cuestión de saber si el pensamiento humano puede alcanzar una verdad objetiva no pertenece al dominio de la teoría, sino que es una cuestión práctica. El hombre debe demostrar la verdad en ]«. práctica y con la práctica

Por su parte, el cristianismo está en plena elaboración de tesis "materialistas" en el sentido de que la materia no es un simple soporte sobre el cual el hombre, "reflejo de Dios", actúa en su tránsito de la nada a la eternidad. La materia es también el hombre, y los pensamientos y los hechos de los hombres están íntimamente ligados por su origen, como por su origen están ligados la mano que ejecuta y el pensamiento que concibe.

Claro que esta concepción se ha dado tradicionalmente en la Iglesia, pero se daba más bien teóricamente, en tanlto que ahora se proyecta en el terreno de los hechos. Por eso en nuestros días, para um tailsmo cuerpo dogmático, hay cada vez menos místicos aplicados a "evadirse" de la materia y más "revolucionarios" empeñados en dominarla y transformarla; cada vez hay menos cristianos que se sitúan un tanto marginados voluntariamente de la sociedad. para practicar la comunicación "por hilo directo" con Dios, y cada vea aumentan los cristianos que tratan de llegar a ese mismo Dios realizándose material y socialmente. no asumiendo sólo responsabilidades y deberes individuales, sino también colectivos.

Esto viene a significar que no cabe establecer el diálogo sobre esquemas teóricos con abstracción de las realidades concretas de los sujetos, y también que el diálogo es necesario, por imperativo de esas realidades, entre personas o grupos a los que. aunque tengan afinidades ideológicas, sus diferentes intereses y posiciones sociales concretas les plantean situaciones conflictivas.

Sin velos

Viene esto a cuento porque a fuerza de idealizar las virtudes del diálogo hemos llegado a considerarlo necesario sólo para, actuar a altos niveles. Así. se patrocina y se alienta el diálogo entre teólogos y teórico^ marxistas, entre el Oriente y el Occidente, etc., no reparando demasiado en que, dentro de cualquiera de estos sujetos de diálogo en la cumbre hay infinitos grupos, comunidades, sectores, etc., cerrados en sí mismos, totalmente incomunicados e incluso enfrentados entre sí.

Esta actitud puede tener base en la ingenuidad o en la hipocresía. Sería ingenuo pensar que es válido un diálogo entre grandes bloques si cada uno de ellos no es homogéneo y uniforme; sería hipocresía ignorar las tensiones internas, los graves conflictos de intereses del grupo a que se pertenece eintentar ocultarlos con el señuelo de un diálogo de amplios vuelos cuya culminación sería la gran panacea.

Así, sorprenden un tanto los desvelos de la Iglesia católica, incluso en nuestro país, respecto al" dialogo con ios "hermanos separados", en tanto que en el seno de la misma las corrientes opuestas se aislan en si mismas en posiciones abiertamente enfrentadas, como sucede entre "integristas" y "progresistas", "curas nuevos" y "curas viejos", etc. También sorprende el dialogo idílico entre el poder político y algunos sectores de la sociedad sobre reivindicaciones nao ion alista s de Jirones de tierra, para agrandar la Patria, en tanto se ignoran las tensiones nacionalistas que existen en su seno y que nos parecen de más intensidad e importancia. Ya en un terreno más abstracto se dialoga sobre la integración de las clases sociales, mientras, en concreto, éstas se encuentran aisladas y en beligerancia; es decir, se habla de esta integración en un monólogo entre los miembros de cada clase,

Entre libertad y democracia

Los ejemplos podrían multiplicarse. Y todos vendrían a demostrar que el cauce del verda-dero diálogo está comprendido entre las orillas de la libertad y la democracia. Pero de hecho los márgenes que se fijan suelen ser el dogma y la ortodoxia en una concepción extremadamente rígida. Esto puede ser conveniente e incluso obligado en las fuentes de partida; pero si el cauce se enriquece con multitud de afluentes, si las ¡deas se incorporan caudalosamente, el cauce puede resultar angosto y ocurrir lo que con esos ríos que profundizan sus cauces en el lecho de arena y dejan las orillas estériles. En los tres ejemplos que hemos citado puede advertirse claramente que ese diálogo previo, o al menos simultáneo, que debería partir hacia arriba desde la base convencionalmente para nuestros ejemplos, desde la parroquia, la empresa, el municipio o la región) no se lleva a cabo por falta de amplitud en las ideas de democracia y libertad, o por limitaciones que arranca.Ti de un mal entendido principio de autoridad política e incluso espiritual.

La falta de este diálogo básico hace problemático el otro, el que sólo se practica por el vértice. Porque el diálogo sobre problemas fundamentales que afectan esencialmente a comunidades enteras solo es punitivo oon la participación masiva. No •e trata, naturalmente, de un mecanismo utópico de gigantescas asambleas, sino die una multiplicidad y simultaneidad de diálogos a través de la multitud de medios que para tal fin ofrece una sociedad moderna. Esta masificación del diálogo conseguiría la uniformidad de ¡os temas y su selección y una . intesis de los problemas e intereses contradictorios implicados. Si sobre este substrato dialogante, que implica ya una base política previa, consistente en el libre ejercicio de los derechos de expresión, reunión, etcétera, se proyectan, además de las concepciones ideológicas, sus concreciones económicas y sociales, pueden obtenerse todos los frutos del dialogo.

Fijar objetivos

No se nos escapa que ésta es una idealización en relación con las posibilidades que se ofrecen en nuestro país y en tantos otros, de hecho en la mayoría. Pero el fijar objetivos ideales, en cualquier orden, no significa necesariamente referir su realización a plazos concretos, sino más bien fijar cauces por los cuales caminar en dirección de esos objetivos ideales.

Creemos que es desde esta perspectiva desde la que hay que contemplar el actualmente previsto régimen de asociaciones, en tanto que éste pretende ser un cauce para el diálogo, Un rancie no al cauce exclusivo, porque ello equivaldría a querer poner puertas al campo. Sin diálogo, sin contraste de pareceres, no hay vida social, salvo que ésta se reduzca mediante prótesis autoritarias. Pero las prótesis sólo están indicadas para suplir artificialmente la falta de un órgano. Y en España, la opinión pública, como órgano de vida social, no falta, ni mucho menos, como se puede comprobar oyendo, además de lo que curen los señores consejeros ciei Movimiento, lo que dicen los empresarios y los trabajadores í´n las fábricas, las amas do casa en los mercados, los estudiantes en la Universidad, los campesinos en las tierras, etc.

Ojalá prevalezca un buen espíritu cuando se llegue, si se llega. a! dialogo entre representantes y representados. Porque a nadie se le puede escapar que e1 diálogo mas urgente en nuestro país es el consistente entre la .sociedad y el Poder político, entre otras razones porque el actual silencio está bloqueando las posibilidades del diálogo global.

Por Marcos Revuelta

 

< Volver