Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   Un pueblo desentendidos de la política es un enigma histórico lanzado ciegamente hacia el futuro.     
 
 Gaceta Ilustrada.     Página: 78-79. Páginas: 2. Párrafos: 25. 

Los salmones del Nancea

Un pueblo desentendido de la política es un enigma histórico lanzado ciegamente hacia el futuro

Unos creen que se avanza con demasiada prisa, y otros con demasiada lentitud

En otros tiempos, las profecías de la catástrofe las hacían los exiliados

Girón ha explicado que su Manifiesto no pretendía abrir ninguna recluta política

A dónde habremos llegadodentro de cuatro o cinco años

78 GACETA ILUSTRADA

MADRID LABERINTO

Por Jaime Campmany

(Enviado especial de «G. i.» en Madrid)

Ul. paisaje debía de ser bravo y soleado, allá por Asturias, en los albores o umbrales del verano que se acerca. Bajaba de las cumbres el Narcea, limpio, regatón y nuevo. Nuevo. Ya se sabe, desde que lo dijo Heráclito, antes de retirarse a los montes a comer hierbas, fastidiado de los hombres: «Panta rei». Todas las cosas fluyen corno los ríos. Franco y Carlos Arias lanzaban el anzuelo sobre las aguas, digo yo que terca y pacientemente. Para pescar salmones se necesita habilidad, destreza, pulso... y sobre todo, paciencia. La pesca es un buen ejercicio para políticos. El agua pasa ante nuestros ojos, mientras los árboles crecen lentamente sobre nuestras cabezas, como dos eternas lecciones políticas. De vez en cuando pica un pez, que es animal que muere por la boca; y ésa es otra lección para políticos facundiosos.

El paisanaje, cada vez más, quiere saber lo que se pescan los políticos. El paisanaje, cada vez más, quiere suscribir sus cuotas de responsabilidad. Gracias a Dios, Un pueblo desentendido es un enigma histórico lanzado ciegamente hacia el futuro. En algunos círculos del paisanaje —en esos que se llaman los círculos políticos—, se hablaba incluso de crisis. Y el Gobierno acaba de cumplir sólo los seis meses de vida. Algunos cortesanos antidocefebreristas (término que aporta «Informaciones» al diccionario político del Régimen) se recrean en la hipótesis del relevo ministerial, que es una manera de movilizar el inmovilismo. Las miradas ¡más anhelantes descansan en la figura pequeña y vivaz de Pió Cabanillas, ministro de Información. Basta que se vaya también a Asturias para que se le busque un nuevo Ministerio.

Sin embargo, el único cambio poli-tico que ha traído la semana es el del Gobierno Civil de Barcelona, y precisamente cuando menos se hablaba de ello. En Barcelona —donde esperan la visita del Presidente— ha dicho el ministro de la Gobernación que el espíritu del 12 de febrero sigue adelante. Unos creen que el avance se produce con demasiada prisa y otros con demasiada lentitud. Lo de siempre. Es natural. No nos ponemos de acuerdo en el ritmo. Algunos quieren una política a ritmo

de fox lento y otros quieren una política a ritmo de rock. Por de pronto, la Ley de Régimen Local ya está en las Cortes. Dicen que la Ley de Incompatibilidades Parlamentarias está a punto. La Ley del Libro se ha terminado de elaborar. Y ahora empezamos de nuevo con e! Estatuto de Asociaciones Políticas. Y, además, monseñor Casaroli se ha dado otra vueltecita por Madrid.

Orillas del Narcea, orillas del Sella, orillas de! Cares, se habrá hablado, digo yo, de algunos temas políticos. A lo mejor, un día de estos nos encontramos un decreto de prerrogativa por el que se reconozcan derechos de sucesión al ´Príncipe Felipe. Los hilos del futuro, cuanto más atados queden, mejor. ¿Cuántos salmones habrán pescado juntos Franco y Carlos Arias? El salmón es un pez que está condenado, en determinada época de su vida, a nadar contra corriente. Alguna vez habrá que estudiar el salmón como una especie de la clase política...

Cosas de don Blas

De cuando en cuando, don Blas Pinar asoma la cabeza por una tronera del bunker y arma la marimorena. En este país, el destino de don Blas Pinar parece ser el de oponerse a todo lo irremediable, a todo lo irreversible. Es nuestro más acreditado •paciente del shock del futuro, Don Blas Pinar es como un pintoresco lujo de la evolución de los tiempos. Tenemos a don Blas Pinar como quien tiene una armadura medieval en el cuarto de estar de un apartamento de Torremolinos. Desde su oposición famosa a la Ley de Libertad Religiosa, don Blas Pinar se ha constituido en el gran inquisidor del Reino y en el más intransigente depositario de las ortodoxias políticas. Es el ilustre y terco notario de una catástrofe que nunca llega. En otros tiempos, las profecías de la catástrofe venían del otro lado, del lado de los vencidos y de los exiliados irreductibles. Cada día nos amenazaban con un terremoto que hiciera derribarse al Régimen. Hoy, esa sagrada misión de profeta de la catástrofe la ha tomado sobre sus hombros, sobre su oratoria o sobre su pluma el señor Pinar. Si un día se decide a escribir, como don Marcelino Menéndez Pelayo, la «Historia de los heterodoxos españoles», sospecho que en ella quedaríamos censados treinta y cuatro millones de españoles, españolas y españolitos. Y aun ese número podría convertirse en cientos de millones si se dedicaba a clasificar no sólo a los habitantes humanos sino a la fauna ibérica, incluidas las más raras especies, como la capra hispánica o el urogallo. Allí donde algo se mueve, don Blas ve un enemigo introducido dentro de la ciudadela.

Don Blas cultiva, al mismo tiempo, la arenga y la denuncia, la acusación y la querella. Oyéndole, no parece sino que España estuviese siendo invadida, en una especie de síntesis de toda su historia, por toda clase de ejércitos conquistadores. No parece sino que el moro infiel penetrara por e! sur, tos cien mil hijos de San Luis por el norte, y que cayeran sobre nuestras fronteras legiones de fenicios, griegos, romanos, suevos, vándalos, alanos, huestes napoleónicas y demonios emplumados, en forma de demócratas, liberales, apóstatas y turistas. Son cosas de don Blas Pelayo Pinar y Torquemada. Algunos ya se cuidan de desmentir sus vecindades políticas, y a la aclaración indirecta de don Laureano López Rodó se une ahora el mentís de la entrevista de Fuengirola,

Ahora, don Blas, después de leer un texto sobre la prensa «canallesca» se ha querellado contra mis compañeros Carandell y Apostúa, y le ha enviado un colega notario a mi presidente y amigo Lucio del Álamo, provisto de no sé qué requisitoria o requerimiento. Me río a solas imaginando el gesto de Lucio del Álamo, una mano en el bolsillo del pantalón, un hombro ligeramente levantado y una vaga sonrisa socrática en sus labios, mientras deja salir por entre los dientes que le faltan —quizá de tanto roer experiencias como huesos— palabras como margaritas acompañados del invisible signo prosódico de la ironía.

Los periodistas han hablado de injuria. Don Blas ha hablado de injurias. Algunos hablan de defender las leyes, desarrollándolas, y otros de defender los muros, atrincherándolos. Y uno. en medio del laberinto, se va, como a! comienzo de la crónica, a pasear un rato de la mano de Heráclito, el que dijo que todo fluye como los ríos, y el que dijo también que los ímpetus de una injuria deben apagarse más que un incendio, y que e! pueblo debe defender Jas leyes lo mismo que los muros. Todo esto lo dijo Heráclito. claro, antes de retirarse a los montes a alimentarse de hierbas, fastidiado de Jos hombres.

De Fuengirola a Buenos Aires

Me he bebido estos días dos entrevistas muy diversas, pero igualmente emocionantes: una, la que firma Josefina M. de Sanromán en la «Hoja del Lunes», de Madrid, y otra la que firma Pedro Mario Herrero en «Ya» Es decir, una. la del «solitario de Fuengirola» y otra, la del «exiliado de Buenos Aires». Ya dije que lo menos que merecía Girón, aunque fuese para disentir de sus opiniones, era respeto. Su «declaración política» del 20 de mayo en «Arriba» descargó conio una tormenta sobre el campo regado por el «discurso del 12 de febrero». Es posible que las palabras de Girón fuesen mal interpretadas También es posible que viniesen escritas oon apresuramiento y falta de meditación y consejo. Hacía dos años que Girón callaba, y a veces el silencio continuado no facilita la reflexión y la mesura. No sé. Quizás, a estas alturas, eso sea ya lo de menos. Las declaraciones políticas graves e importantes, como graves e importantes fueron las del 12 de febrero de Carlos Arias y las del 20 de mayo de José Antonio Girón, sirven para medir y pulsar las opiniones y las reacciones del pueblo soberano. Y son aún más útiles e instructivas cuando ese pueblo se halla en vísperas de aceptar plenamente la responsabilidad de su soberanía. Y en ese sentido ya sabemos a qué atenernos.

Al margen de cualquier mala fortuna en la expresión o de interpretaciones más o menos justificadas, José Antonio Girón ha explicado, sentado tranquilamente en su huerto de Fuengirola, que su manifiesto no pretendía abrir ninguna recluta política ni taponar con hosquedad reaccionaria cualquier anhelo de «vida democrática, libre y apacible», que está inscrito en el pensamiento joseantoniano y que el propio Girón recordó en su discurso de Valladolid, aquel famoso discurso de las «tres tendencias». Pero lo que más me ha conmovido de esa entrevista de Girón es su respuesta cuando le preguntan las razones de su silencio ante las críticas, que fueron muchas y duras. Es una respuesta que debo copiar aquí

para que quede, al menos, como un homenaje entre los muchos reproches;

«—Mire, hija. Soy partidario de la norma, de la armonía y, por tanto, de la disciplina. He tenido la tentación de replicar y de explicar mi actitud. Pero los sentimientos... Puede que mi réplica estuviese demasiado influida por el sentimiento. Escrita en caliente, eso puede ocurrir. Si entiendo la disciplina como un ejercicio íntimo y no sólo como un ademán de externa obediencia, he de ser consecuente con esa norma que me obliga y que he elegido libremente. Quizá no fuera aconsejable ningún tipo de réplica. ¿Debía yo fomentar esos antagonismos artificíales que tanto detesto? Me valen y acepto las discrepancias como fórmula civilizada para encontrar la verdad, lo justo, lo conveniente. Pero en esta ocasión no se trataba de eso. No siempre el blanco visible constituye el último objetivo...»

Seguramente, de pronto, los huertos de Fuengirola se poblaron de un perfume a nobleza vieja, de un olor a hombría de bien.

Casi al mismo tiempo, más allá del Océano, «a la otra orilla», a la otra orilla del mar y de la guerra, que para algunos es todavía lo mismo, «el exiliado de Buenos Aires», don Claudio Sánchez-Albornoz, ochenta años de terquedad y de trabajo, recibía a un escritor español. No había brisas mediterráneas, ni el sol jugaba en las copas de los árboles, ni florecían los frutales. En el huerto del piso interior sólo florecían libros, imágenes, ficheros y recuerdos dolorosos. Don Claudio había escrito, hace poco, unas frases insultantes para Pedro Laín. A las tres de la mañana, solo en su rincón de exiliado, se había levantado y había escrito palabras como dardos. La cólera rasgaría el papel. Hay palabras como espadas que a quien más hieren es a quien las escribe.

«Si tuviera que escribir ahora el artículo, ¿lo escribiría igual?», pregunta Pedro Mario Herrero. Cuenta el entrevistador que don Claudio se queda un rato en silencio como mirándose por dentro. Ochenta años de vida. Más de medio siglo de trabajo honesto y tenaz. Algunos años de luchas, de desilusiones. Más de treinta años -de exilio. Una vejez sin compañía. Sería esa una mirada lejana y clara, de quien ya espera poco de la vida. Y el viejo historiador, a quien ya sólo le importa salvar del naufragio la dignidad de su obra y de sus actitudes, responde sencilla y dramáticamente: «No». España, ese enigma histórico...

Versos y prosas

El paréntesis bancario de Rodolfo Martín Villa en su vida política ha durado pocos "días. Ha sido el suyo un descanso breve y un respiro efímero. Ya está de nuevo en la política, mientras sus dos colegas en las presidencias del Banco de Crédito Local y del Banco Hipotecario esperan turno. Alfredo Sánchez Bella anunció en su discurso de despedida que volvería a la política y se definió como «animal político». Lo diré en griego, que suena mejor: «zoon politikon». Y Torcuato Fernández-Miranda, ese gran maestro de la política de las contradicciones, se apresta, quizás, a intervenir en las Cortes para enmendar la Ley de Régimen Local. Por muchas enmiendas que presente el profesor Fernández-Miranda no llegará a alcanzar este Proyecto de Ley las miles de enmiendas que alcanzó el que fue presentado a las Cortes cuando el señor Fernández-Miranda era vicepresidente del Gobierno.

Martín-VilIa ha pronunciado en Barcelona un discurso con alusiones asociacionistas y regionalistas. Rafael Pérez Escolar, en el Club Siglo XXI, ha hecho una definición, tan rigurosa que resulta casi cruel, de ¡o que es el Estado de Derecho. A muchos se les habrán abierto las carnes y a otros se les habrán puesto los pelos de punta. Pero la definición ahí queda. Esos neo-nazistas o neo-fascistas que no lian encontrado en España lugar para celebrar su congreso, cargan de nuevo contra «La prima Angélica», de Carlos Saura, y amenazan con nuevos escrutinios y nuevas quemas de librerías, precisamente ahora que ya vamos a tener una Ley. del Libro, en la que esperamos no se recoja la hoguera ni el auto de fe como pena administrativa.

Mientras escribo estas líneas, los señores ministros están reunidos en un consejo decisorio, que debía ser cronológicamente Deliberante. El «Financial Times», por la pluma de su enviado en Madrid, Roger Matthews, nos ha narrado una novela de generales y conspiraciones que termina con una votación en la que los «conjurados» salen derrotados por 16 votos contra 2. Una de dos: o los corresponsales extranjeros tienen micrófonos debajo de las mesas de todas las salas oficiales de nuestras instituciones más respetables, o los redactores de esa «prensa canallesca» de que habla don Blas Pinar estamos todos en Babia.

Monseñor Casaroli hs reanudado las conversaciones sobre el Concordato, una vez que el urco iris ha resplandecido en el cielo después de la «tormenta eclesiástica» que trajo el trueno de la homilía Añoveros y otros truenos menores. Se habla de política. Se habla de política en el bar de las Cortes, en «Villa Giralda», en la Embajada de España ´en Londres, en el Consejo Nacional, en «Don Hilarión», en el Club Siglo XXI, en la casa de don Joaquín Garrigues. Y en las ´márgenes del Narcea o en las del Cares.

Otro Garrigués, don Antonio, ha jugado a la esgrima de los versos con Emilio Romero. Las dos cartas rimadas vienen publicadas en «Pueblo». Emilio Romero llamó cardenal a Antonio Garrigues. Y Antonio Garrigues quiso saber con cuál cardenal se le comparaba, si con Richelieu, con Mazzarino o con Cisneros.

Emilio Romero dice que Antonio Garrígues es ducho en el Eclesiastés, en el Régimen y en Europa, que, en efecto, es suprema virguería conciliar las tres cosas en los tiempos que corren. Con estos y otros divertimentos vamos pasando los días en el laberinto. Un día vemos en las páginas sindicales cómo los embajadores y los consejeros nacionales se intercambian piropos cardenalicios, como espigas y azucenas.

Y otro día vemos cómo en las hojas parroquiales se publican jaculatorias sindicalistas.

Seguramente son bromas del Espíritu Santo y de los demonios familiares, que andan un poco revueltos con esto del Concilio y con esto otro de la apertura. Y ¡luego, Santiago Carrillo repartiendo bendiciones y anatemas, y los guerrilleros de Cristo Rey haciendo incursiones periódicas, como las de Almanzor, por la vida nacional al grito de «¡Don Blas y cierra España!».

Menos mal que, entre versos y prosas, entre la «prensa canallesca» y el «Boletín Oficial del Estado», el país avanza. Cuatro o cinco años más y habremos llegado, casi sin darnos cuenta, a 1974.

GACETA ILUSTRADA 79

 

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