Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   Madrid laberinto     
 
 Gaceta Ilustrada.    26/05/1974.  Página: 84-85. Páginas: 2. Párrafos: 19. 

Nuestros vecinos

NO sé si sucede algo importante en el bucólico valle de Andorra, pero nuestros restantes vecinos acaparan la atención de los observadores políticos. España limita al Norte con los montes Pirineos, que nos separan de Francia. En Francia están a punto de decidirse, cuando yo escribo, entre el señor Giscard d´Estaing y el señor Mitterrand. El señor Giscard, claro, es la derecha. Y el señor Mitterrand es, naturalmente, la izquierda. Lo que sucede es que, para algunos celtíberos, ¡a derecha dialogante del señor Giscard y la izquierda moderada del señor Mitterrand componen un esquema que todavía no tiene cabida en la cuadrícula de prejuicios de sus mentalidades. El combate dialéctico entre el señor Giscard y el señor Mitterrand fue ofrecido por la televisión francesa, y los franceses asistieron al combate con e¡ mismo entusiasmo con que los españoles asistimos ai partido entre el Atlético de Madrid y el Bayern de Munich. Yo tuve ocasión de presenciar el combate, y de repente me encontré ante una derecha que argumentaba con habilidad e inteligencia y ante una izquierda que objetaba con exquisitez y buenas maneras, con ironía razonable. Y esto, para un español, es un espectáculo instructivo. Fue como un curso de formación acelerada de futuro. Los dos gladiadores políticos se estaban disputando un uno o un dos por ciento de los votos del electorado. Quiere decirse que Francia estaba partida por gala en dos. Y sin embargo, no se trataba de empezar una guerra civil, ni siquiera de enterrar definitivamente al gaullismo, sino de todo lo contrario. Se trataba de matizar las preferencias dentro de dos opciones casi próximas, aunque contrapuestas, Y por otro lado, alguna pluma ilustre del periodismo y la política francesa se esforzaba en demostrar a los gaullistas desalentados que la clave de ´a elección estaba, precisamente, en una parte del electorado gaullista.

España limita al Oeste con el mar Cantábrico, donde avanza la punta que en otros tiempos fue el fin de la Tierra y por donde, después, se iban los españolitos emigrantes al Nuevo Mundo; es decir, donde empiezan las Américas. (Ya se sabe que aquí, en España, unas veces estamos al final y otras veces estamos al principio). Y con Portugal. De repente, en Portugal, tras unos tímidos y breves ejercicios gimnásticos hacia la democracia, aparece el partido comunista formando parte del Gobierno. Portugal ha cubierto y rendido un viaje político de varios años en muy pocas horas y con menos sangre que la de las excursiones por carretera en un fin de semana. Por aquellos mismos días, don Ricardo de la Cierva publicaba un artículo en la tercera página de «ABC» que se titulaba, si no recuerdo mal, «La tercera apertura». El señor De la Cierva venía a decir que aquí, o hacemos la apertura, o nos la hacen. Desde todos los costados nos llegan temas de meditación. Los amigos de la reflexión política tienen entretenimiento para rato. Si viviera Juan de Mairena le haría escribir en la pizarra al más despabilado de sus discípulos esta frase: «La evolución como presupuesto de la continuidad».

Y añadiría: «Vayan ustedes pensando en lo que quiere decir esa frase. Y cuando lleguen a alguna conclusión aceptable, formulen una proposición concreta. Y entonces, avisen». España limita al Este con el mar Mediterráneo, que, aparte, de los movimientos de las flotas de los dos bloques, debiera seguir siendo el «Mare Nostrum». Por el Mediterráneo, como por cualquier camino, se llega a Roma. Mamá Roma es la capital de la Cristiandad y también la capital de Italia. ¡Oh, Italia! «L´ltalia é un paese moderno-, decía el otro día un gran titular de primera página de «La Stampa» de Turín. La ciudad de Turín, donde ya se respira Francia, como en Ñapóles se respira el Mezzogiorno, ha sido la capital italiana que más votos ha dado al divorcio. Italia, que tantos chaparrones históricos bajo el amplio y protector paraguas del Vaticano, se ha hecho divorcista. Aquel divertido disparate cinematográfico que se titulaba «Divorcio a la italiana» ha pasado a ser un documento para el archivo histórico. «L´ltalia —dice «La Stampa»— é un paese moderno». Y ahí queda otro tema de meditación para !os aficionados a estudiar las peripecias de las relaciones entre la Iglesia y el Estado. También aquí, en este punto, cuando lleguen ustedes a alguna conclusión, formulen ustedes una proposición concreta. Y entonces, avisen.

De Córdoba a Salamanca

Eso es, precisamente, lo que ha hecho en Córdoba, a la vera de la mezquita árabe-cristiana [un compromiso arquitectónico-religioso entre lo infiel y lo cristiano) don Federico Silva. El señor Silva es partidario de las proposiciones concret s. Un día, en el Club Siglo XXI, habló de las asociaciones políticas. No sólo para propugnarlas, sino para definirlas. En este país, en el que casi todos nos vamos por las ramas líricas de las aspiraciones vagorosas, brillantes y casi siempre huecas, son muy de agradecer las proposiciones concretas. Don Federico Silva pronuncia conferencias que son casi proposiciones de Ley. Las firma él solo, pero sería fácil encontrar para ellas la firma de cincuenta procuradores en Cortes y de muchos miles de españoles.

Ahora, en Córdoba, don Federico Silva ha tratado otro de los grandes temas del tiempo de España, del «hic et nunc»: las relaciones Iglesia-Estado. Y lo ha tratado con la claridad y el compromiso que en él son habituales. Con la minuciosidad y la concreción con que se proyecta una red de carreteras o con que se proyectó el trasvase Tajo-Segura cuando era el «ministro eficacia». Para el propósito (viejo propósito ya) de las asociaciones políticas, el señor Silva ´Muñoz ofreció fórmulas prácticas y soluciones concretas. Para el problema de la confesionalidad del Estado, ha ofrecido fórmulas constitucionales. La «fórmula Silva» es una fórmula tomada de los textos originales de la etapa joseantoniana y fundacional, y reproduce, casi a la letra, uno de los famosos Puntos de la Falange. Sólo cambia en una palabra. Donde se decía «concordada» se dice «concertada». Ya se sabe que el lenguaje de la diplomacia vaticana, que el señor Silva tan bien conoce, está lleno de matices y sutilezas. Habló Silva Muñoz del término y del concepto «democracia-cristiana». Para muchos, la democracia-cristiana es algo asi como la mezquita de Córdoba, un compromiso entre lo infiel y lo cristiano, sólo que esta vez trasladado al terreno político-religioso. Para el orador —el «orador-eficacia»—, ni el término ni el concepto de democracia-cristiana son, hoy, adecuados. Dice que es un término válido para entenderse internacionalmente, pero no exime de un análisis que está de moda y es necesario: el de las adscripciones políticas confesionales.

De una manera o de otra, Silva Muñoz es, hoy por hoy, la cabeza más visible del término y del concepto de democracia-cristiana, bien sea para entendernos internacional o nacionalmente, o para partir de él para ese análisis de !a política confesional. De democracia-cristiana habló, hace poco, Gil Robles. En la democracia-cristiana se encuentra Joaquín Ruiz-Jiménez, cuyas actitudes —mejor que proposiciones— políticas van más allá del compromiso de la evolución continuísta, representada por Silva. La luz política de los Martín-Artajo se debilita y extingue. Y la luz joven de los «Tácito» toma, lentamente, brillo y fuerza propios. Como las asociaciones políticas aún no tienen «luz verde», ni siquiera ésa de este guardia de la circulación político-periodística que es Emilio Romero, los embriones de asociaciones políticas se. disfrazar de seudónimos en los periódicos.

O hacemos la apertura, o nos la hacen

Don Federico Silva pronuncia conferencias que son casi proposiciones de ley

Para muchos, la Democracia

Cristiana es algo así como la mezquita de Córdoba

Sospecho que en este país va a ser mucho más difícil lograr que los españoles, ilustres o populares, se autodefinan en sus ingresos económicos que en sus preferencias políticas

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MADRID LABERINTO

Por Jaime Campmany

[Enviado especial de «G. I.» en Madrid!

Hasta ahora, las asociaciones politicas, aparte de los abortos jurídico-parlamentarios, sólo han obtenido ese parpadeo anaranjado del discurso del presidente Arias el 12 de febrero. Y Jos embriones, claro, calientan motores en espera de la señal de partida.

Por ejemplo, ese embrión de asociación política que bulle en la cabeza de Manuel Cantarero desde hace seis años, según acaba de declarar a un periódico de Galicia. La Asociación de Cantarero incluye en su nombre una palabra muy querida y usada por Jas jóvenes generaciones de la evolución continuista, desde Ortí Bordas a Gabriel Cisneros, desde Eduardo Navarro s Antonio Castro Villacañas: la palabra -reforma». La asociación de Cantarero se llamará, si es que nace, «Reforma Social Española», y su programa inicial está basado en una igualdad de oportunidades políticas. A Manolo Cantarero le acaba de dar un espaldarazo, mucho más doloroso que bendicente, don Santiago Carrillo. Recuerdo que cuando Miguel Sánchez Mazas se hizo socialista, los socialistas históricos le dieron con Ja puerta en las narices. Y Ahora Santiago Carrillo elogia a Manuel Cantarero. Para muchos españoles un elogio de Santiago Carrillo es, todavía, perfectamente descalsficador. Sin embargo, podría pensarse que una de dos: o Santiago Carrillo se ha dado cuenta de que sus elogios descalifican, y en ese caso se descalifica a sí mismo, o los más extremistas se han dado cuenta de que, para lograr alguna audiencia en este país, hay que empezar a abandonar los extremos y acercarse al centro de la -moderación. A! fin y al cabo, son dos maneras políticas de perecer. ¿Será posible que en España la extremosidad y el extremismo sean, ya, especies políticas a extinguir?

Hablar de regionalismo nada menos que en Salamanca es, no sólo hermoso, sino un síntoma de dialogante convivencia. Si además se habla en un aula que (leva el nombre de Unamuno, el hecho puede ser una casualidad, pero una casualidad inteligente, premeditada y organizada por los hilos de alguna fausta providencia. Eso es lo que ha hecho don Marcelino Oreja, nacido en el embrión de los «Tácito», con escaño en el Consejo Nacional y hoy, en el sillón de subsecretario de Información. El señor subsecretario ha dicho que (a región es una «unidad existencia!» y que las realidades regionales tienen un estilo propio de convivencia y de futuro.

Como ya he dicho que nuestro actual lenguaje político está cada vez más lejos de la lírica y más cerca de la concreción de hs programas, don Marcelino Oreja ha formulado una serie de proposiciones que parten de la aceptación -de una filosofía descentralizados. Esto no se ha dicho, en esta ocasión, ni en Bilbao ni en Barcelona. Lo ha dicho un subsecretario en Salamanca, En Salamanca, precisamente. Decíamos ayer...

Contribuyentes y heterodoxos

Por el laberinto y en fotocopias circulan —¿cómo no?— las listas de contribuyentes que no publicó «Sábado Gráfico». El Estado tiene sobre esas listas un derecho de propiedad, i ¡intelectual!! La argucia legal para evitar la difusión impresa de estas listas de contribuyentes sobre la renta es jurídicamente apasionante y políticamente divertida. De mis tiempos de corresponsal en Roma recuerdo que la publicación de algunos nombres y sus correspondientes cifras de contribución era algo asi como un «best seller». Con el tiempo se convirtió en un chismorreo. Sospecho que en este país va a ser mucho ´más difícil lograr que los españoles ilustres o populares se autodefinan en sus ingresos económicos que en sus preferencias políticas. Hubo años en los que temíamos el encasillamiento sn las tradicionales cuadrículas políticas y ahora, con todo eso del desarrollo, de la reñía per cepita y del nivel de vida, va resultando más temible el encasillamíento en los ordenadores electrónicos que prepara- el Ministerio de Hacienda.

Los sondeos de opinión dan una pobre impresión de la politización de los españoles.

Desconocemos generalmente los nombres más sonoros de la poíítica, mientras que somos expertos en las mil y una maneras de defraudar a la Hacienda. Hemos puesto el mismo celo en mantener la ideología única y la doble contabilidad. Y (os inquisidores, que en este país nunca faltan, han tenido la manga mucho más ancha para los heterodoxos en las declaraciones de renta que en las declaraciones políticas. Quien quiera puede empezar una nueva Historia de los heterodoxos españoles. La acusación de heterodoxia aún es arma frecuente entre nosotros.

Ahí tienen ustedes, sin ir más lejos, el mazazo de Emilio Romero sobre la cabeza de Gabriel Cisneros con las Leyes Fundamentales. Gabriel Cisneros ha pronunciado, en el Club Siglo XXI y con tres ministros en la primera fila de los asistentes, una conferencia importante sobre la reforma de las Cortes, Como toda conferencia importante es una conferencia discutible. Es decir, ha dicho cosas que rio son ni tópicas ni obvias. El estudio del papel que deberán desempeñar las Cortes Españolas en la futura Monarquía es una empresa justa, necesaria y saludable. Y, desde luego, erizada de dificultades,. Emilio Romero, desde su tribuna de maestro de antes de la Ley de Educación, ha dado un palmetazo al joven Gabriel Cisneros. Le ha ´mostrado el catecismo de las Leyes Fundamentales. He leído con toda atención et texto de Gabriel Cisneros, y lo primero que he encontrado en él ha sido, -precisamente, un escrúpulo exquisito en no salirse ni un milímetro de! catecismo.

Con esto de las Leyes Fundamentales no deberíamos jugar con frivolidad. Es un arma enorme y delicada, y todos la deberíamos poner con mucho respeto sobre nuestras cabezas antes que tomarla alegremente entre las manos. Gracias a Dios, las Leyes Fundamentales dejan y consienten ´muchas maneras de disentir, aun dentro de ellas, y en ese disentimiento y en esas discrepancias será donde tengamos que buscar —digo yo— el diálogo e intentar el acuerdo o subrayar los matices. No olvidemos que éste es un país en el que, al calor de los anatemas, siempre hay alguien que cae en la tentación de encender una hoguera.

Don Gonzalo Fernández de ¡la Mora también -ha invocado ía ortodoxia y nos ha recordado el período histórico de don Dámaso Berenguer. «•Informaciones» ha respondido al ex ministro quien a su vez ha replícado: «No se debe jugar con (a política». Ni con Ja Historia, añade el periódico. El artículo de «Informaciones» viene sin firma, aunque no trae estilo ni presentación de editorial. ¿Estamos ante un nuevo «Tácito» anónimo? Las firmas y los anónimos colectivos prolíferan. También en las manifestaciones políticas se impone la labor de equipo. A veces ya se ve que la soledad del ermitaño, en la cancha política, conduce, inevitablemente, a la predicación en el desierto. El comentario político colectiva es un nuevo «ismo» literario. Seguramente es verdad que la realidad imita al arte. Y luego, el derecho imita a la realidad. Quizas estemos en el umbral de esta última fase.

La vida y el celuloide

Dicen que en el Ministerio de Información se recibieron kilómetros de cintas telegráficas protestando de la proyección en Valladolid, el día de la clausura de la Semana de Cine, de «Jesucristo Superstar». Gracias a la cauta y silenciosa actuación de las autoridades vallisoletanas, la proyección se realizó en paz y en silencio. Algunos querían

sustituir el telégrafo por el escándalo. En Londres tuve ocasión de asistir a la representacíón tíe la ópera. Leí después algunos comentarios de un notorio jesuíta y la opinión de esa especie de cardenal-arzobispo seglar que es Adolfo Muñoz-Alonso. En Valladolid, he visto la película.

Nada de ella me ofendió como católico. Y algunas escenas, me emocionaron como católico.

Naturalmente, cada uno cuenta el baile como lo ve. Y yo he visto «Jesucristo Superstar» con ojos críticos y avisados, pero limpios de prejuicios. Porque ía película podrá ser discutible, aun para los que acepten gustosamente el dictamen de «L´Osservstore Romano». Pero lo que nunca entenderé es la protesta de tos ignorantes. Lo que nunca entenderé es Ja razón de los que protestan de una película o de cualquier otra obra de arte sin contemplarla. Nunca entenderé a esos grupos que parecen trabajar- por desamor al arte.

Pocos días más tarde, aplaudí, en Caerles, la proyección de «La prima Angélica», de Carlos Saura. La aplaudí porque me pareció una buena película. La superposición del tiempo de la infancia —una infancia marcada por la guerra civil— y del de la madurez en un solo personaje supone un propósito muy difícil de expresar en el lenguaje cinematográfico. Y Saura lo ha expresado con un acierto y u/¡a dignidad artística que merece, a mi juicio, el aplauso. Quienes en -alguna alusión puedan sentirse escocidos, no es que tengan fa sensibilidad a flor de piel, es que tienen la sensibilidad en carne viva. Junto al c¡ le que se realiza por esos mundos, ta película de Saura aparecía cerno urt documento blanco y tierno. Supone, al menos, una lección de cómo hacer cine presentable en un certamen internacional, rechazando de plano tos recursos más socorridos y deleznables de) cine de nuestros días. Por eso aplaudí. Y por eso aplaudo.

Otra cosa es creer que una película que represente a España en un Festival Internacional de Cine debe ser un documental triunfalista de la vida española o de las muchas obras del Régimen. Quizás algunos no han aprendido todavía a separar la propaganda política de la interpretación artística. También quedan entre nosotros -quienes panen el honor nacional en las botas de unos jugadores de fútbol o quienes juzgan las obras de arte o de literatura por ¡a ideología política de sus autores. Y es que, también en esto, España, hace treinta años, era un conjunto de regiones devastadas. Todavía quedan rincones que esperan ef final de Ja reconstrucción nacional.

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