Autor: Medina González, Guillermo. 
 Estados Unidos, la revolución permanente. 
 Fractura entre los principios y los hechos     
 
 Informaciones.    28/10/1972.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

ESTADOS UNIDOS, LA REVOLUCIÓN PERMANENTE

Fractura entre los principios y los hechos

Por Guillermo MEDINA

LA palabra "crisis" surge siempre al hablar de cualquier aspecto de la vida en los Estados Unidos de hoy.

Se nos ha anunciado el declive económico de Norteamérica y la desintegración de una sociedad formada por múltiples minorías. Se escribe sobre la pérdida de competividad de los productos americanos, sobre el gigantismo de las grandes corporaciones industriales, que las convierte en pesados mastodontes carentes de agilidad e incapaces de resistir la guerrilla comercial europea y japonesa, lo mismo que los "B-52" serían incapaces de desbaratar los ataques del Vietcong...

Inflación, droga, crimen, contaminación, desorientación, miedo, inseguridad, discriminación... son palabras frecuentes en los análisis sobre Estados Unidos. Contracultura, contestación, protesta, psicosis de futuro, crisis ecológica, cansancio colectivo... expresiones acuñadas ante una crisis a la vez general y particular, colectiva e individual, profunda y acelerada. Habremos de referirnos necesariamente a todas esas expresiones y emplearlas a lo largo de esta serie de artículos. Pero no las interprete el lector en un sentido catastrófico. Este país está en crisis porque está cambiando. Y está cambiando más profunda y aceleradamente que otros grandes y modernos países porque Estados Unidos escudriña el futuro más que ninguna otra nación y acusa más el impacto de su propio progreso tecnológico y de su mayor dinamismo social. Los europeos que creen ver en la crisis norteamericana la comprobación de la inconveniencia de los modelos y experiencias de este país, harían bien si se preguntaran con honestidad acerca de la verdadera naturaleza y sentido de la crisis norteamericana.

"REVOLUCIÓN CULTURAL"

El viajero siente la sensación de que la profunda y compleja transformación que vive el país es de textura diversa a lo que pudiéramos llamar "revolución" en el sentido tradicional del término. La "revolución americana" es compleja. Es "multilateral", es decir, no se circunscribe al terreno político. La "auténtica revolución de nuestro siglo", como llaman algunos a lo que sucede aquí, comprende dentro de sí transformaciones en la educación, en el orden económico, la tecnología, la moral, las relaciones sexuales, raciales, etc. Se trata de una "revolución cultural" que habremos de distinguir de la "contracultura", una denominación que pretende expresar una alternativa fuera del sistema y contra el sistema mismo, pero que no ha logrado alcanzar más que una expresión muy minoritaria. La "revolución cultural", en cambio, no es un fenómeno protagonizado por una minoría que ataca al sistema, sino un proceso de evolución acelerada y general del mismo. Lo que facilita este proceso y lo descarga de tensión es la permeabilidad del sistema, la capacidad de absorción de la sociedad americana, el pragmatismo de los partidos políticos y el sentido práctico de los dirigentes.

Todo esto provee a la nación de grandes recursos psicológicos y políticos para hacer frente a sus problemas. Es capaz de encararlos con una terapia determinada, pero si ésta falla, busca un nuevo camino, no cae en la indiferencia o la desesperación. El "sentido de la eficacia" aleja de las concepciones preestablecidas y otorga validez al resultado final. Esto concede a los políticos de este país un amplio campo de acción y una gran facilidad para operar. Los partidos, por ejemplo, no actúan como agrupaciones ideológicas que tratan de ganar adeptos, sino que actúan en términos puramente electorales y tratan de definir sus propuestas, y cambiarlas, de acuerdo con la evolución de la opinión pública.

Si la crisis actual de Estados Unidos es grave y profunda no es sólo porque también lo son sus causas, sino porque hay una cierta desorientación en el país sobre cómo alcanzar unos objetivos que están en la conciencia de la mayoría. El objetivo final de quienes luchan aquí contra la guerra, la violencia, las discriminaciones, la pobreza y las diferencias que se agrandan continuamente es que América vuelva a sentirse a sí misma como un ejemplo que proponer al resto del mundo. En general, pero sobre todo en los jóvenes, se aprecia la aspiración a una sociedad más justa, más generosa, con nuevas justificaciones para el trabajo y la existencia. Esos jóvenes, muchos de ellos pertenecientes a las familias acomodadas del país, sólo intentan al fin y al cabo redimensionar, a la altura de los años setenta, unas aspiraciones y valores tradicionales de la sociedad americana. El problema es cómo lograrlo.

CRISIS MORAL Y PSICOLÓGICA

¿Por qué ha dejado Estados Unidos de ser un ejemplo, según la conciencia de muchos aquí? A causa, en palabras del "New York Times", "de la creciente fractura entre lo que el país hace y lo que el país piensa".

Fractura que está presente en la actual campaña electoral: Nixon habla de hechos; McGovern, de principios. Nixon busca la eficacia, habla poco y se enfrenta a los problemas materiales de esta nación. Interpreta los conflictos internacionales como emanación de rivalidades entre potencias, no como confrontaciones ideológicas. McGovern, en cambio, pretende rehabilitar las ideologías, pronuncia discursos moralizantes por televisión, afirma que el país no está necesitado tanto de eficacia y buena administración como de honestidad. Ambas posturas son "americanas", y sin embargo representan dos actitudes muy diferentes. De ahí que la división del país sea real. La mayoría piensa que Nixon es un administrador eficaz, práctico y rodeado de consejeros inteligentes, pero cree también que en los últimos cuatro años la corrupción política y las diferencias sociales se han. agrandado. McGovern es el reverso. Se le cree capaz de intentar hacer exactamente aquello que ha dicho, pero se duda de su energía, de su talento de administrador y de la madurez de algunos de sus colaboradores.

¿En qué consiste aquella fractura entre los principios y la praxis? La guerra de Vietnam ha supuesto, sin duda, un choque dramático para esta nación, no sólo porque ha sido la primera en entrar masivamente a todos los hogares a través de la TV., sino por las dudas sobre la justificación moral de la misma y sobre la oportunidad de la intervención norteamericana. La guerra ha pasado hoy a un lugar relativamente secundario, aunque en Vietnam se continúa muriendo de todos modos, pero el sentimiento de culpabilidad no se ha disipado. Miles de ex combatientes desfilaron en las ciudades de todo el país el domingo pasado. Delante, los veteranos de las dos guerras mundiales y de Corea, con sus condecoraciones, bandas de música y aire de orgullo. Al final, los ex combatientes de Vietnam, silenciosos, barbudos, vestidos con sus peores ropas y con aire patético.

Esos ex combatientes de Vietnam simbolizan el contraste con una sociedad que ya no está segura de sí misma, sin complejos y fortalecida por las reglas estrictas del orden puritano establecido por sus fundadores. Los hombres son libres e iguales, el resto depende de ellos mismos. Esta regla de oro de la moral puritana choca con la realidad de una sociedad compuesta por una mayoría de privilegiados, valga la aparente contradicción. El triunfo o el fracaso de un individuo en la actual realidad americana no depende muchas veces del esfuerzo y la santidad personales de cada uno, como decía aquella moral, propia de una sociedad de pioneros que nada tiene que ver con una realidad social, una economía tecnificada y una ampliación de la esfera de la Administración que limitan en forma creciente el área de lo individual.

Washington, noviembre de 1972.

 

< Volver