Autor: Medina González, Guillermo. 
 Estados Unidos, la revolución permanente (3). 
 Después del 7 de noviembre     
 
 Informaciones.    02/11/1972.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

ESTADOS UNIDOS, LA REVOLUCIÓN PERMANENTE

Después del 7 de noviembre...

Por Guillermo MEDINA

PARA la gran mayoría de los norteamericanos, la actividad política más interesante y digna de meditación es la elección del Presidente cada cuatro años. No es difícil encontrar la razón: un país tan heterogéneo en sus orígenes, geografía y razas necesita de un símbolo unificador, y ese símbolo lo representa el Presidente.» La frase de Howard Penniman, profesor en Georgetown, autor de «The American Political Process», nos sirve de introducción para expresar la importancia de algo que creemos percibir en el ambiente electoral americano: una crisis de confianza en los dirigentes políticos del país.

El «I like "Ike"» con que Eisen-hower llegó a la Casa Blanca y ejerció el Poder era la expresión de una confianza general e ilimitada de los norteamericanos en sus dirigentes, especialmente en el Presidente.

Entendida así, esa confianza está en crisis. Nixon no es «amado». Seguramente ganará las elecciones más por la seguridad que inspira y por la capacidad de gobierno que se le reconoce que por la credibilidad de sus pronunciamientos. Ganará auxiliado por el escepticismo y la indiferencia. De 140 millones de electores potenciales, ejercerán el derecho a votar menos de cien millones. Y de éstos votarán a favor de Nixon alrededor del 60 por 100, si las encuestas y previsiones no fallan. Es decir, que Nixon será investido para un segundo mandato por menos de la mitad del electorado total de Estados Unidos. Un porcentaje exiguo si el Presidente ha de ser el «símbolo unificador» de una sociedad donde aumentan los contrastes y donde parecen afirmarse los factores diferenciales frente a los que pudieran constituir factores de integración colectiva.

Impulso conservador

El sentimiento sensible de frustración y de falta de confianza ante los poderes establecidos queda amortiguado por la reacción temerosa de las mayorías de este país ante el descubrimiento de las propias debilidades Internas; por la inseguridad colectiva ante la sensación de que el país se halla en un proceso de cambio social acelerado; por el miedo de los grupos sociales beneficiarios de la fabulosa expansión económica de la última década. Esos grupos temen el fantasma de la depresión económica, el aumento de la criminalidad, las drogas que amenazan a la juventud, la disolución de los vínculos sociales y familiares, la pérdida de un puesto de trabajo, que no sería fácil sustituir a la semana siguiente, como sucedía en los años pasados. Todo ello da lugar a un impulso conservador, que se traduce en el lema «ley y orden», empleado por Nixon en las elecciones parlamentarias de hace dos años, y que expresa, aunque haya dejado de usarse como «slogan» electoral, la aspiración a una mayor seguridad. Todo esto explicaría por qué es más factible percibir en estos momentos un estado de ánimo mayoritario que una opinión pública de perfiles nítidos sobre la solución a los problemas políticos y económicos concretos.

Si McGovern, contrariando todos los pronósticos, saliera elegido Presidente el 7 de este mes, se produciría lo que llaman aquí unas «elecciones criticas» es decir aquellas en que tiene lugar un giro político y se escoge una concepción política para un período de tiempo superior al de un mandato presidencial. Pero aunque no vaya a suceder tal cosa, las próximas elecciones son la señal de partida para un período, de clarificación y debate «n el que te dilucidarán cuestiones que superan el margen de los programas políticos cuatrienales para entrar de lleno en la definición de los principios que han de regir la vida americana en la sociedad posindustrial, dominada por la aceleración histórica, por nuevas formas de organización, por la imagen cinética, lo efímero y el «hombre modular»

La ((América de la pobreza»

En términos de «batalla electoral», los comicios del dia 7 no tienen relevancia. En términos de significación política, mucha. El debate, aquí y ahora, no se centra en quién ganará las elecciones, sino en el significado de la victoria de Nixon, en la consistencia del «fenómeno McGovern» y en la reacción de la Juventud, de los intelectuales y de las minorías ante el posible desastre electoral del candidato demócrata. De aquel «fenómeno» nos ocuparemos en otro artículo posterior, pero fijaremos ahora las dos grandes conclusiones de su significación político-electoral.

1 En primer lugar, la ascensión política de McGovern es la de una tendencia al cambio, que también estuvo presente en el «fenómeno Wallace»; ambas corrientes tienen más de un punto de contacto en su origen, aunque se disocien en soluciones respectivamente izquierdistas y de apariencias fascistas. Ambas tienen su origen en un deseo de autenticidad y de renovación ante la concentración, la estratificación y la cristalización del poder político, social y económico. Los Estados Unidos no responden ahora a la imagen ideal ele un sistema don de el vendedor de periódicos llega a ser millonario y donde cada ciudadano piensa seriamente alguna vez en ser Presidente. Cada vez más, los ciudadanos de este país se jubilan en el mismo medio social en que nacieron. Mientras que en 1949 el 1 por 100 de la población tenia el 21 por 100 de la riqueza nacional, el porcentaje pasó al 26 por 100 en 1956 y al 37 en 1971. La «América de la pobreza» oscila entre 25 y 30 millones de personas, según las diversas estadísticas. Una pobreza relativa, que no impide poseer un automóvil enorme y uno o más televisores, pero que no excluye una situación de marginación social

La «América de la pobreza» coincide en proporción considerable con la de las minorías de negros, puertorriqueños, chícanos, indios... El sentimiento de impotencia de los grupos menos favorecidos impulsa a la radicalización y a la confrontación, McGovern intenta superar el esquema poniendo el acento en los aspectos sociales de la democracia americana y atacando a todas las formas de discriminación, la palabra que traumatiza a este país. Una de las propuestas «revolucionarias» de McGovern es que el impuesto sobre la renta personal vuelva a adquirir la progresividad que tenía en tiempos de Eisenhower...

O Veamos ahora la significación de una probable derrota de McGovern: la necesidad de que el movimiento de reforma se desembarace de los grupos más radicales, de la contestación indiscriminada, de quienes mezclan la reforma con la «liberación de los homosexuales», el libre aborto o la legalización de las drogas, si quiere alcanzar el poder. Es decir, si quiere que la dase media blanca de este país no se sienta amenazada, como ha sucedido en el pasado ante los estudiantes radicales, por la reforma y el cambio. Los estudiantes contestatarios norteamericanos saben lo que es ser apedreados por airados obreros que han alcanzado ya el nivel económico de la clase media. Los radicales de hace años no contaron con estos obreros de la pequeña burguesía y fracasaron. El estudiante de 1972 no es el de 1968 o el de 1964. La conclusión de un día pasado en Berkeley, cuna de la contestación estudiantil, no admite duda: la izquierda estudiantil norteameriacana se ha desintegrado, y entre los 28.000 estudiantes de la Universidad más libre y contestataria de Estados Unidos reina la apatía política.

Perspectivas

Los estudiantes más extremistas no han ayudado a McGovern. Esperan una nueva coyuntura o se aislan en comunas como las que abundan en California. Pero McGovern ha basado su activismo político en miles de estudiantes cuya imagen, seguramente más radical que 2o que son en realidad los postulados del candidato, ha impregnado la del propio líder demócrata. El comentarista James Resten escribía hace poco acerca Se los estudiantes activistas: «Son menos popula* res hoy de lo que eran en 1968, cuando contribuyeron a la victoria de Nixon.» El prestigioso periodista se referia a las manifestaciones violentas de hace unos años, que reforzaron el electorado conservados-maderada de Nixon.

Es muy posible que George McGovern sea después del 7 de noviembre el «chivo expiatorio» de la eventual derrota electoral demócrata. Ya se le acusa dentro del partido de errores de todo tipo y de no haberse preocupado de dar una imagen más típica del político ideal de este país, al que se exige energía, decisión y cierto calor en ios gestos y ademanes. Por televisión, McGovern aparece distante, intelectual y frío, Pero este McGovern, al que ya se da por derrotado, ha logrado de momento que jóvenes y minorías acepten trabajar dentro del partido demócrata, ha provocado que el P. D, se oriente en la línea de su tradición reformista como una alternativa a Nixon y a los republicanos. Los Estados Unidos de los anos Inmediatos, los de después de Vietnam, van a entrar seguramente en un periodo de calma y reflexión y buscar un nuevo equilibrio. El partido demócrata se orientará ligeramente hacia el centro, en la misma dirección en que se orientaron los republicanos después de la aventura extremista de Golwater. Después de esto se producirá la cita de 1076 con Ted Kennedy, el politico al aue ya dan algunos como mas probable sucesor de un Nixon que no podrá optar a una nueva reelección. Un Kennedy que está más a la izquierda que McGovern, pero que a diferencia de éste ofrece al elector medio una imagen «política», es decir, tranquilizadora.

 

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