Autor: Medina González, Guillermo. 
 Estados Unidos, la revolución permanente. 
 Un electorado mayoritariamente centrista     
 
 Informaciones.    03/11/1972.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

ESTADOS UNIDOS, LA REVOLUCIÓN PERMANENTE UN ELECTORADO MAYORITARIAMENTE CENTRISTA

Por Guillermo MEDINA

LOS optimistas no abundan en el campo demócrata, aunque 1os cincuenta mil jóvenes voluntarios que trabajan por McGoyern sigan dando pruebas de entusiasmo a pocos días de la elección. En la central del partido demócrata, en Washington, un viejo sindicalista me refiere la razón de sus "esperanzas": en 1944 la esposa del candidato Thomas Dewey se quedó con las cortinas compradas, pero sin Casa Blanca... Lo que aquél parece olvidar es que Dewey aspiraba a la Presidencia, mientras que Nixon está ya instalado en la Casa Blanca, y ningún Presidente ha perdido en Estados Unidos la reelección desde que en 1932 Roosevelt desplazó del Poder a Herbert Hoover, bajo cuya presidencia sobrevino el "crack" económico estadounidense.

No faltan quienes a pesar de todo se esfuerzan por buscar argumentos a favor de un posible triunfo del candidato demócrata. El principal consiste en esgrimir la estimación de que el 70 por 100 de los 25 millones de ciudadanos entre dieciocho y veinticinco años votarán a favor de McGovern. Teniendo en cuenta que tres cuartas partes de esos electores nuevos. ejercerán verdaderamente el derecho a votar, McGovern contaría con una ventaja sobre Nixon de siete millones y medio de votos juveniles. En segundo lugar, McGovern es el candidato del partido demócrata, el primero del país (45 por 100 del electorado), mientras que el Grand Oíd Party republicano ha de contentarse con un tercer puesto en las preferencias de los electores (27 por 100), detrás del "partido" de los independientes (28 por 100). McGovern, en fin, es el candidato preferido por los negros (10 a 11 por 100 de la población; preferencia por McGovern en un 90 por 100), por los chicanos y por otras minorías.

Si a todo lo anterior se agrega que el candidato demócrata ha ido ganando posiciones durante la campaña electoral, especialmente entre los estratos obreros (28 por 100 de los votos demócratas), a pesar de la hostilidad de Meany y de otros dirigentes sindicales, la conclusión parece que debiera ser que McGovern tiene posibilidades el día 7. Los demócratas han ganado todas las elecciones presidenciales desde 1933, excepto las dos de Eisenhower (1952 y 1956) y la de Nixon en 1968, y han tenido la mayoría en las dos Cámaras del Congreso durante treinta y seis de los últimos cuarenta años. Por el contrario, el partido republicano es minoritario: de cada cien votantes fieles a un partido, cuarenta y tres son republicanos y cincuenta y siete demócratas. Aunque los partidos políticos norteamericanos no corresponden a una división de clase ni tampoco ideológica, es un hecho que las personas de mayor nivel profesional, económico y educativo tienden a votar al partido republicano, que es igualmente el preferido por los agricultores. Más del 60 por 100 de los profesionales y hombres de negocios norteamericanos o están afiliados a! partido republicano o votan habitualmente a éste, mientras que los obreros del país prefieren al partido demócrata, por ¡o menos en un 65 por 100.

PREVALENCIA DE LO "MEDIO"

¿Por qué entonces, contrastando con lodo lo anterior, se considera generalmente que son escasas las posibilidades de triunfo de George McGovern? En otro artículo nos hemos referido a la imagen radical que ofrecen el candidato demócrata y, sobre todo, sus principales consejeros. ¿Pero por qué hay que considerar tal imagen como un "handicap" electoral? Porque el electorado norteamericano, demócrata o republicano, es mayoritariamente centrista. Hay una constante por la cual es elegido Presidente el aspirante que más votos consigue en el centro político del país. Justificada o no, existe la creencia general de que McGovern representa una drástica política de cambio, y ningún candidato en esa posición, a derecha o izquierda, ha conseguido el triunfo electoral en los últimos cincuenta años. Franklin D.

Roosevelt, por ejemplo, fue elegido en 1932 por un programa moderado y concibió el New Deal estando ya en la Casa Blanca, como una respuesta excepcional a la situación igualmente excepcional a que dio lugar la gran depresión.

El mismo principio político-electoral que dio lugar a la derrota del derechista Goldwater en 1964 frente a un Johnson de imagen centrista, le costará la elección al "radical" McGovern frente a un Nixon que ha sabido derivar desde la derecha al centro. La fidelidad de muchos electores tradicioiíalmente demócratas hacia el candidato del partido tiene como límite que aquél no se salga del centro f´a forma demasiado sensible. De ahí que muchos obreros, católicos, judíos e italianos, votarán en esta elección al candidato de imagen más centrista, aunque éste sea republicano.

La tendencia centrista del país es en parte consecuencia de un factor que favorece a Nixon: la prevalencia del elector "medio". Richard M. Scammon, director del Centro de Investigación Electoral (Washington), ha hecho un análisis revelador del elector norteamericano: de edad media (entre los cuarenta y cuatro y los cuarenta y cinco años), de situación económica media alta ("en el electorado de 1972 no se advierte la presencia de ninguna pobreza agobiante"), de clase media y de educación media (predominan los diplomas de enseñanza secundaria). A otro especialista en materia electoral le he oído en Washington la siguiente descripción del grupo social electoral más importante: una mujer blanca, de unos cuarenta y cinco años de edad, habitante de un medio urbano, moderada en sus opiniones políticas, medianamente instruida, poco culta y económicamente situada en la clase media baja.

SUPERIORIDAD ORGANIZATIVA DE NIXON

Lo anterior explica por qué los jóvenes y los negros no van a decidir la votación del día 7 en favor de McGovern. Hay que tener presente que si bien hay 25 millones de nuevos votante? potenciales entre los dieciocho y los veinticinco años, los electores de más de cincuenta años son cincuenta millones. Por otra parte, el voto de los jóvenes no es monolítico y las esperanzas de McGovern en cuanto a los universitarios pueden resultar excesivas con respecto a los jóvenes no estudiantes Además, un cierto número de universitarios votarán a Nixon. El día 27 pude observar en la Universidad de Duke (Carolina del Norte) los resultados de un referéndum entre los estudiantes de la Facultad de Derecho: el 30,2 por 100 de los alumnos de primer año y el 36,6 de los de segundo y tercero votarán a favor de Nixon.

Hay otras razones para explicar el probable triunfo de Nixon y las causas de la eventual derrota de McGovern. Una de ellas, no por poco divulgada menos importante, es la superioridad de la organización de Nixon. En la central de la campaña republicana, en Washington, había orden, método, medios técnicos y un ambiente que llegaba a resultar demasiado frío. En la equivalente demócrata, bullicio, entusiasmo y un tanto de desorden. En la primera me recibe un joven profesional contratado con aspecto de tecnócrata. Lo primero que ve uno al pisar la sede del partido demócrata, por el contrario, es una guardería para los hijos de las madres que van a ayudar voluntariamente, en sus horas libres, a McGovern... Ese contraste corresponde con la mayor capacidad y experiencia que muchos atribuyen a Nixon. Terry Sanford, precandidato demócrata a la Presidencia y pv gobernador de Carolina del Norte, nos dijo hace unos días: "Yo voy a votar por McGovern, pero hay mucha gente que no le cree capacitado para gobernar." Y uno de los líderes negros del Sur, Howard Lee, alcalde demócrata de Chapell Hill, expone otros tres factores en contra de McGovern: su actitud dubitativa a veces (como cuando el "affaire" Eagleton), la desorganización y división del partido demócrata y la falta ´le tiempo suficiente para comunicar el mensaje político de McGovern.

En política interior, McGovern ha asumido la defensa de propuestas como la del "busing" (traslado de escolares negros a escuelas de barrios blancos y viceversa), tan impopulares que he oído decir a alguien que ha producido el milagro de hacer que blancos y negros estén de acuerdo en contra de algo. Otros aspectos populares del programa demócrata no impiden finalmente que la política exterior incline la balanza definitivamente a favor de Nixon. He oído a demócratas liberales que votarán a McGovern elogiar la política exterior del actual Presidente, e incluso he visto encuestas en las que los estudiantes mostraban su preferencia por la concepción nixoniana de las relaciones exteriores.

McGovern ha reaccionado a las circunstancias adversas multiplicando sus apariciones en el medio más rápido y masiyo de comunicación política, la televisión, donde juega con la imagen técnicamente poco apta de Nixon. Se calcula que entre el 60 y el 65 por 100 de los norteamericanos recibirán "la mayor parte de la información electoral" a través de la televisión (ese porcentaje era de sólo el 31 por 100 de los votantes en 1952). Pero los republicanos no andan a la zaga y gastarán en televisión unos 66 millones de dólares, el doble que sus contrincantes. Nixon cuenta además con la televisión para mantener viva la tensión, y gratis, sobre un problema en el que McGovern expone ideas y él dispone los hechos: Vietnam.

Washington, noviembre de 1972.

 

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