Autor: Medina González, Guillermo. 
 Estados Unidos, la revolución permanente (y 5). 
 El mundo vota por Nixon  :   
 Vietnam: la paz, después del día 7. 
 Informaciones.    06/11/1972.  Páginas: 1. Párrafos: 16. 

FIRMAS EN ((INFORMACIONES» ESTADOS UNIDOS, LA REVOLUCIÓN

EL MUNDO VOTA POR NIXON

(Vietnam la paz, después del día 7)

Por Guillermo MEDINA

HACE más cíe diez años que Walter Lippmann recordó una verdad política elemental: gobernar significa antes que nada escoger. Nadie prestó atención al famoso columnista. Estados Unidos se sentia en la cima del poder; había elegido Presidente a un político juvenil, audaz y poseído de una confianza ilimitada en la potencia del país, al que consideraba capaz de enviar u;i hombre a la Luna, financiar la Alianza para el Progreso, eliminar la pobreza y hacer frente conjuntamente a la Unión Soviética y a China en cualquier parte del mundo donde osaran desafiar el más mínimo interés de Norteamérica. Aquel poli-tico, John F.

Kennedy, dijo al tomar posesión de la Casa Blanca en 1961: «...soportaremos cualquier peso, afronta remos cualquier obstáculo, ayudaremos a todo amigo y nos opondremos a cualquier enemigo para asegurar la supervivencia y el triunfo de la libertad.»

El hombre que en 1960 fracasó ante John Kennedy, sí parece seguir el consejo de Lippmann: «América —dijo Richard Mixon en su informe al Congreso en 1971—, ni puede ni quiere concebir todos ios planes, trazar todos los programas, ejecutar todas las decisiones y asumir toda la defensa de las naciones libres del mundo.» En el contraste entre esas dos visiones de Estados Unidos está la justificación de que se hable ahora de «una nueva era» de las relaciones de este país con el mundo. En cuatro años de ejercicio del Poder, Richard Nixon ha conseguido que Estados Unidos pase desde una situación de debilidad internacional a otra de predominio. Por primera vez en muchos años los ciudadanos de este país creen que la Casa Blanca tiene capacidad de maniobra, experiencia de cómo se maneja un imperio invisible, iniciativa y una nueva fuerza de persuasión.

INTERNACIONALISMO CALCULADO

Estados Unidos ha perdido la ingenuidad que con una sonrisa socarrona le atribuía u antes sus enemigos y sus aliados. A éstos les recuerda que el mercado norteamericano es más importante para ellos que el de ellos para Estados Unidos... A los primeros les persuade contra la tentación de aprovechar la crisis del viejo internacionalismo americano de la posguerra, idealista e imperial para avanzar sus peones. La política de Nixon ya no deja vacíos políticos. Negocia con todos desde la posición formidable que le dan su tecnología y su capacidad de comprar, vender e invertir. Ve en China un muro de contención «gratis» frente a la expansión asiática de la U. R. S. S. Anima a los europeos occidentales a un «reparto de responsabilidades», es decir, a ser un contrapeso político-militar de la U. R. S. S. por el Oeste. Al renunciar al Internacionalismo moralizante de los intelectuales kennedianos y a cualquier pretensión de imponer el «American way of life», Nixon y Kissinger han dado lugar a un internacionalismo frío y calculado. El 9 de septiembre de 1971, el Presidente dijo: «Continuaremos siendo una nación generosa, pero ha llegado el momento de prestar renovada atención a los Intereses americanos.»

Fuera de Estados Unidos es bastante frecuente la afirmación de que este país está viviendo una etapa de declive histórico, que se refleja en la tendencia a encerrarse en sí mismo. En mi opinión, no hay tal cosa En febrero de 1970, Nixon hizo una afirmación, a la que es fiel: «Los Estados Unidos no pueden vivir aislados si quieren vivir en paz.» Este país se repliega, no se aisla. No abandona Vietnam, sino que negocia una solución, que deja a salvo los Intereses vitales de Washington. Hay coherencia global en la política exterior nixoniana. Vietnam ha servido para definir aquella «doctrina de Guam», anunciada en el verano de 1969, por la cual Norteamérica pretende evitar que la arrastren a nuevos conflictos: «De ahora en adelante —dijo Nixon— podremos ayudar a nuestros aliados a vencer una guerra, pero no combatiremos más en una guerra por ellos.»

«COME HOME AMÉRICA»

El resultado tí e :a política exterior de Nixon t¿ que el país ha soslayado en gran parte Ja tentación aislacionista y ve en ésta un peligro para sus intereses. Percibe que Nixon no practica e! «compromiso indiferenciado» ni actúa a la defensiva. Lo que hace temible aquella política para sus adversarios es que mantiene una inagotable capacidad de sorpresa, porque escoge el momento, el lugar y la modalidad de la respuesta a los desafíos. Todo ello ha dado lugar a un mayor interés de la opinión pública por la política Internacional, hasta el punto de que uno de los aspectos sorprendentes de esta campaña electoral es que McGovern se haya visto obligado a hacer esfuerzos para intentar deshacerse de la acusación de «aislacionista». Lo que comenzó siendo un «slogan» electoral, que pretendía halagar sentimientos populares —«Come home America», «América, vuelve a casa»— ha tenido que ser reinterpretado por el candidato demócrata en el sentido de «América, vuelve a ser tú misma»...

La política exterior es el factor decisivo a favor de Nixon en estas elecciones. Esta es una época de incertidumbre, y el ciudadano americano siente seguridad con la politica exterior nixoniana. Todo el mundo, Incluyendo a la Unión Soviética y a China, cree que las relaciones Internacionales entrarían en una fase de incertidumbre y riesgo si ganara las elecciones McGovern. A éste le preguntaron una vez si creía que en tal caso la U. R. S. S. le pondría a prueba mediante alguna confrontación Internacional. El senador por Dakota del Sur respondió: «Creo que no. Me tratarían como un amigo y harían lo posible para mantener relaciones amistosas conmigo.» Frases como esta han granjeado al candidato demócrata el calificativo de «ingenuo» y han difundido la sospecha de que, a diferencia de Nixon, McGovern dejaría vacíos políticos a sus espaldas.

Las diferencias en política exterior entre republicanos y demócratas no radican tanto en el sentido y las metas, como en la forma en que se han de definir y desarrollar los intereses de la nación. Ambos candidatos coinciden en estimar que la presencia exterior estadounidense no debe ser entendida únicamente en términos de presencia militar. Ambos se mantienen alejados tanto de aislacionismo como del intervencionismo, y ponen el acento sobre los aspectos económico-comerciales de la presencia norteamericana en el mundo. Las discrepancias surgen al establecer estrategias de ejecución de esos objetivos.

McGovern se retiraría de Vietnam en noventa días, sin condiciones: Nixon se retirará igualmente, pero después de haber conseguido un compromiso ventajoso. McGovern reduciría drásticamente el presupuesto de Defensa; Nixon practica la reducción de gastos militares de forma pactada con los soviéticos (negociaciones SALT), porque no quiere negociar en posición de debilidad militar. McGovern retiraría cualquier clase de ayuda a Brasil, Bolivia, Grecia, Turquía y en general a los regímenes autoritarios aliados de Estados Unidos; los nixonianos objetan que la retirada de la ayuda a Grecia, por ejemplo, daria lugar a que ios coroneles estrecharan vincules con la U. R. S. S.

PREOCUPACIONES EUROPEAS

Con respecto a Europa, la politica exterior de McGovern aparece enfrentada al «modus operandi» de Nixon. McGovern afirma: «Lo que es importante no es que mantengamos un determinado nivel de tropas en Europa, sino que continuemos comprometidos en la defensa europea. Yo no tolerarla una Invasión de Europa», afirma y repite McGovern, quien olvida que lo que temen los europeos occidentales es que una retirada tía tropas americanas pudiera dar Jugar a una situación de hecho de «finlandización». En Bonn se piensa que no basta la garantía nuclear norteamericana en el cuadro de la O. T. A. N. Y que en cualquier caso, Washington no puede retirar 170.000 de los 310.000 soldados que tiene en Europa, como propone McGovern, sin contraprestación soviética a través de la conferencia sobre reducción de tropas en Europa.

McGovern cree que Europa es rica y, por tanto, se puede encargar de su propia defensa; los europeos replican que están dispuestos a pagar más, pero que tendría que pasar mucho tiempo aún antes que pudieran alcanzar un nivel de paridad militar con la U. R. S. S. En cualquier caso, los Gobiernos europeos occidentales están manifiestamente en contra de McGovern, hasta el punto de que altos funcionarios de los mismos han criticado abiertamente al candidato demócrata. James L. Greenfield, director internacional del «New York Times», que acaba de regresar de un viaje por todo el mundo, me refería hace unos días su convencimiento de que todos los Gobiernos occidentales estaban manifiestamente a favor de Nixon. Esta apreciación parece que debe extenderse también a Moscú y Pekín, que han encontrado en Nixon un interlocutor duro, pero realista, y que por su origen conservador puede ir hasta donde im liberal sospechoso de izquierdismo no podría alcanzar sin levantar una oleada de protestas.

«SUSPENSE» EN VIETNAM

Con respecto al Vietnam, Nixon ha intuido que el pueblo americano no quiere la guerra y la considera un error, pero desea evitar una derrota. La fórmula de «vietnamización no ha puesto fin a la guerra, pero sí a las bajas americanas, aunque al precio de tres millones de toneladas de bombas arrojadas sobre el enemigo durante los tres primeros años de Presidencia de Nixon (igual cantidad que durante los cinco años de Johnson). El método puede resultar cínico, como dicen los pacifistas norteamericanos, pero es el que ha permitido a Kissinger ofrecer «signos suficientes» de la resolución a emplear la fuerza como alternativa a un eventual fracaso de las negociaciones. Es decir, ha hecho creíble la amenaza. Y esto, en un contexto Internacional de diálogo con Moscú y Pekín, obliga a Hanoi a transar y hacer concesiones que hace dos años no hubiera aceptado.

En el contexto de la situación actual, la oferta de McGovern de retirada incondicional en noventa días parece a muchos una manera de perder la ventaja militar y diplomática adquirida. La posición de McGovern obedece a un principio moral de categoría superior a cualquier consideración política, pero las gentes creen que Nixon va a cumplir sus promesas de «poner fin a la guerra sin abandonar a nuestros aliados». Casi todos están convencidos de que la paz seguirá inmediatamente a las elecciones, porque Hanoi no puede exponerse a las reacciones y bombardeos que podría ordenar un Nixon electoralmente triunfante.

Vietnam del Norte no confia ya en la coyuntura electoral ni en el triunfo de McGovern. No desea repetir el error de la última ofensiva militar en el primer trimestre de este año, cuando pensó que ello debilitaría a Nixon; por el contrario, la gente aquí reaccionó contra Hanoi «por atacarnos cuando nos estamos retirando». Si alguien tiene interés en fijar rápidamente las condiciones de paz, es Hanoi. Pero, como en las buenas películas policiacas, el «suspense» se mantendrá nasta el fina!. El sentido práctico de las conveniencias electorales aconseja a Nixon no prescindir ahora tíe su mejor baza: poseer la llave de una paz ventajosa en Vietnam. Aqui, en Washington, se espera en cualquier momento el anuncio de alto el fuego. Se está convencido de que las condiciones de un arreglo están ya fijadas, pero los últimos pasos se darán después del 7 de noviembre. Nixon no suprimira la razón principal por la cual muchos americanos le votarán a él y no a MeGovern. ¿Cinismo? Asi he preguntado a un exponente republicano. La respuesta fue: «La política vietnamita del Presidente es fiel al deseo de la mayoría patriótica y conservadora que le eligió en 1968, que quiere una paa que no s«ene a derrota.»

 

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