Autor: Apostua, Luis. 
   Solidez del vértice     
 
 Ya.    03/06/1973.  Página: 14. Páginas: 1. Párrafos: 17. 

SOLIDEZ DEL VÉRTICE

• Es erróneo explicar los hechos polítícos sin ver el Desfile de la Victoria.

• Como hace tres años: elecciones municipales sin nueva ley de Régimen Local.

• Sólo dos actos para conmemorar el décimo aniversario de "Poten in terris".

• La persono humana y su periferia de derechos.

En noviembre de 1970 escribíamos en muchos periódicos que muy probablemente las «lecciones municipales celebradas serían las últimas bajo la vigente ley de Régimen Local porque ya se hablaba de otra, necesaria para adecuar Ayuntamientos y Diputaciones a las exigencias aperturistas de la Ley Orgánica. Los hechos han demostrado cuánto nos podemos equivocar «n loa periódicos en materia de plazos, al considerar el de tres años como suficiente para debatir y aprobar una ley.

Las elecciones de otoño del 70 marcaron un visible punto de decadencia del entusiasmo ciudadano por sus municipios. Especialmente en las grandes aglomeraciones urbanas era. difícil conocer al candidato porque las cautelas y restricciones a la propaganda electoral aislaban al político de su electorado, con lo cual se pierde el primer valor de la elección: la comunicación. El cauce municipal, uno de los básicos para la participación ciudadana en los asuntos públicos, quedaba tan estrecho que más parecía tubo capilar que ancho canal de entusiasmos.

Lo curioso es que fue una elección municipal, especialmente en Madrid, la que señaló una de las primerea batallas del interior del sistema. En 1948 concurrió una candidatura con nombres muy ligados al conde de Barcelona, pero en general adictos al sistema. Las fuerzas falangistas, muy celosas de su total hegemonía en aquel entonces, creyeron ver en la candidatura monárquica un peligroso desviaciónismo y promovieron otra, que resultó ganadora, con un activísimo despliegue de propaganda y de presiones.

Ninguno de estos menucios acontecimientos políticos, pasados o futuros, ha significado nada en la esencia del régimen. Hoy domingo se celebra la tradicional parada militar conmemorativa de la Viotoria, y hoy. como «n 1939, el simbolismo del desfile no tiene más norte que Su Excelencia el Jefe de] Estado, a quien las Fuerzas Armadas han entregado «In reservas una adhesión total, tanto en los tiempos fáciles como en loa menos fáciles. Tratar de explicarse el sisteme sin »1 desfile de la Victoria es un absurdo en el que caen muchos observadores extranjeros y no pocos aficionados a la política del interior.

Por ejemplo, cuando se ha hablado y »e habla de crisis ministeriales, algunos adoptan actitudes como si fuesen augures de terremotos. No hay nada más alejado de la realidad; es natural que los afectados, para bien o para mal, lo consideren "su" terremoto. Pero el sistema prosigue su marcha a los acordes de himnos legionarios, sin padecer por las crisis a causa de que el vértice y las paredes de apoyo más próximo—las Fuerzas Armadas—permanecen inalterables.

Si se estudia la vida del Genelísimo Franco, parece la de una persona a quien los demás se han empeñado en meter prisa y él ee ha empeñado en no tenerla. En te historia que publica Editora Nacional por fascículos hay una anécdota encantadora.

El primer embajador de Mussolini en Burgos, señor Canta lupo, urgía a Franco hacer una cosa, que, por las fechas, debía de ser tomar Madrid, Málaga o cualquier otra operación vistosa. El mismo embajador, en su libro, recoge esta frase de su entrevista con el Jefe del Estado:

—Me propongo coaducirla (la guerra) sin destruir a España ni a lo» españolee. Hala cosa sería el yo tuviera prisa, arruinarla a mi propio pata.

Nunca es lógico buscar loa fundamentos de una reorganización ministerial en las emociones o en loa golpee de efecto. Cuando sobrevenga esa reorganización ministerial hay que esperarla por el lado de los valores permanentes del sistema.

Uno de esos valores es hoy el procreso económico del país que produce bienestar material, trabajo abundante, solidez d« la moneda en el exterior y un programa de inversiones en enseñanza, obras públicas y seguridad social de gran volumen. Pensar que una operación política pondría en riesgo esos valores creo que «e una utopía verdaderamente desviacionista.

En cambio, el problema político no presenta la misma buena cara. Loe intentos de plura1izadon armónica del sistema tropiezan a cada recodo del camino y no se ha encontrado la tecla que haga más operativos a loe moderados, más audibles a las masa* silenciosas y provoque una asistencia espontánea y masiva de la ciudadanía a loe trances político» reglamentarlos, como esa elección municipal convocada para el otoño.

Meses antes de morir, el Papa Juan XXIII firmó uno de loa documentos magisteriales de más profunda huella, su enciclica "Pacem in terris". Ahora que se cumplen diez años, las conmemoraciones han sido escasas; según mis noticiáis, en Madrid la Comisión Nacional "Juatitia et Pax" convocó un acto presidido por el nuncio de Su Santidad, monseñor Dadaglio, y en Barcelona, la Asociación Cristiana de Dirigentes promovió una conferencia-coloquia en acto presidido por don Juan Vidal. Después, nada. A los grandes elogios en la fecha de su publicación ha seguido_ un silencio congelador producido por la sólida derecha, que no quiere complicaciones y que prefiere que las cosas sigan como están, ya que están bastante bien para ella.

El recelo obedece a considerar dicha encíclica como un documento político cuasi subversivo. La realidad e« que el texto no contiene mis que un mandato de paz, a basar sustancialmente en el respeto a la persona humana y a aquellos derechos entre ellos loe políticos) que se consideran inviolables y que constituyen la verdadera característica del ser humano. Es decir, un ser de carne y hueso sin su periferia de derechos inatacables no llega a la plenitud humana que la encíclica exige respetar por parte de cualesquiera organización colectiva, »ea política, religiosa o económica.

Luís APOSTUA

 

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