Autor: Paleologue, Alexander S.. 
 Cuba, 1969. 
 El papel del guevarismo     
 
 Madrid.    07/08/1969.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

EL MUNDO ES ASI

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Cuba, 1969 EL PAPEL DEL GUEVARISMO

Y 6 Por Alexander S. Paleologue

EL "tercer mundo" se ve en la necesidad de hacer a la vez la revolución burguesa que los países europeos llevaron a cabo en el siglo XIX, después de la gran Revolución francesa, y la revolución popular, que, en principio, precisaría el previo cumplimiento de aquella fase. O sea, que el Frente de Liberación Nacional de Vietnam del Sur o el castrismo cubano tienen un doble objetivo, que resume la evolución política y social de las sociedades europeas en estos últimos ciento cincuenta años.

Algo semejante le ha ocurrido a esa juventud universitaria de las sociedades de alto desarrollo que protesta airadamente contra un orden que consideran injusto. Aquí las razones son de otro tipo. Las componendas de la política profesional, las claudicaciones de los partidos en otro tiempo revolucionarios, las transaciones de quienes se esperaba continuaran siempre en la vanguardia, las defecciones, en suma, de una sociedad que empieza a sentir el lastre de la opulencia, han sacudido a los sectores universitarios más dotados de capacidad crítica. Al vacío profesionalismo en que le quería sumir el neocapitalismo imperante, la juventud ha respondido con la protesta y con la petición de un orden más justo y más racional. Hay, por supuesto, diferencias en los planteamientos de los universitarios de los distintos países, pero también un común denominador: la oposición a una derecha reaccionaria y a un reformismo cada vez más acomodaticio y más conforme con las conquistas del bienestar material burgués, logrado, casi siempre, a costa del sacrificio de las sociedades subdesarrolladas y de un esfuerzo de trabajo y de hambre que ha ocupado toda la última historia europea. Algunos países, que limitan el

tiempo con las sociedades superdesarrolladas y con el "tercer mundo" aunan en sí estas dos manifestaciones de protesta revolucionaria que escapan a las ideologías tradicionales; en ellas, la juventud procedente de la burguesía se rebela contra el orden injusto de sus padres y, a la vez, se comprende la urgencia de un cambio de estructuras basado en nuevas ideas.

El guevarismo, ¿ideología o acción?

El guevarismo viene, en buena medida, a llenar ese vacío. Ideología derivada del marxismo y de las condiciones de desenvolvimiento del "tercer mundo", y en particular de la América Latina, consiste, más que nada, en una acción. No es una doctrina empírica, porque tras el falso empirismo se oculta siempre la defensa del orden existente, y es eso lo que ocurre con la pretendida ideología sin ideas del neocapitalismo. En las ideas de Guevara, a la fundamentación marxista se añade la necesidad de la acción revolucionaria como un contrapunto que determine la validez de la teoría misma. Ya Marx había unido

indisolublemente teoría y práctico. pero fue oí mismo debilitamiento de la acción marxista, denunciada por Fidel Castro, el que movió a las nuevas corrientes a intensificar el elemento de la acción. Por estas razones, hay que considerar el guevarismo más en su actividad política que en sus formulaciones teóricas.

Los textos de Guevara aplican los puntos de vista marxistas a los problemas americanos, sobre los que construye una tesis: la de la guerra de guerrillas, que posibilitaría la conquista del poder por parte de un grupo de revolucionarios que se hiciera con el sector de los campesinos sin tierras. El antiguo problema de si la revolución era posible en una sociedad sin proletariado, al que Marx y Engels contestaban con una negativa, y que Lenin enfocaba desde la perspectiva de una vanguardia proletaria radicada en las ciudades industriales donde podría arraigar la revolución, encuentra en el castrismo y, sobre todo, en Ernesto Guevara, una solución positiva que la Historia, hoy por hoy, ha refrendado sólo en Cuba. Pero ha sido más bien la práctica, las necesidades con las que se ha enfrentado la revolución, los problemas y las respuestas que ha alumbrado cada día, todo, en fin, lo que está por encima de las formulaciones teó-ricas, lo que ha hecho al castrismo y al guevarismo, ideología revolucionaria y nacionalista, y solución, por tanto, para el "tercer mundo", su otra vertiente, puramente revolucionaria, activista y ágil es lo que hace sugestiva a los ojos de la juventud universitaria de vuelta del adormecimiento a que le sometió el proceso de superación de la crisis de la posguerra.

Sólo dentro de estos condicionantes cabe entender el papel que el guevarismo puede jugar como alternativa política en los próximos años. Más que una doctrina es un procedimiento. Programa concreto en el "tercer mundo—y sometido a las vacilaciones y correcciones que las circunstancias le impongan—, su cometido para la juventud progresista europea es quizá el de un impulso tanto moral como político hacia una acción eficaz de cambio de las estructuras. Que este impulso venga en parte movido por la misma publicidad de la sociedad de consumo que combate, y que el guevarismo, en último término, sea una forma moderna de romanticismo, el tiempo lo aclarará. Por lo pronto, su fuerza como motor de acción viene dada por la lejana y romántica revolución de un país de los trópicos, demasiado separado de Europa y también —paradójicamente— de los Estados Unidos.

 

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