Autor: Zorrilla Dorronsoro, Ángel. 
   Dos concepciones radicalmente distintas     
 
 Ya.     Página: 5-6. Páginas: 2. Párrafos: 28. 

DOS CONCEPCIONES RADICALMENTE DÍSTINTAS

una es la de la reforma agraria y otra la de la corrección de los defectos estructurases, agrícolas y de los otros, al través de la industrialización y de! desarrollo económico

Ejemplos prácticos en Cuba y en los otros países americanos, a cargo de Rusia y de los Estados Unidos

Por Ángel ZORRILLA DORRONSORO

DESDE el asalto al poder de Pi del Castro—con la ayuda y regocijo de ia prensa "liberal" norteamericana —, algunos cubanos han mostrado su extrañeza. en artículos y cartas abiertas, sobre la indiferencia o supuesta simpatía de los españoles hacia el régimen comunista allí implantado.

De las relaciones diplomáticas y comerciales de nuestro Gobierno con aquel país nada humos de decir, pues el comentario carecería de base.

Tampoco es posible criticar !a actitud de cuantos habiendo vivido la tragedla del "Maine" y de! 98 aun disgustándoles la actual situación cubana, no pueden por monos sentir cierto placer de revancha.

Mas ha de. admitirse que la posición de muchos españoles en relación a lo sucedido en Cuba es distinta de la que adoptaron cuando la represión de Hungría y. sobre todo, frente a loa sucedido en la zona roja apañóla. Pero es que la actitud de Rusia en relación a España y Hungría ha sido, a, nuestro juicio, radicalmente distinta a la adoptada en Cuba.

Ello no es que conduzca _ a mirar con mayor símnatía el régimen cubano, cuya tragedia interior nadie puede vivir con más realidad que quienes sufrieron en España la zona roja. Por el contrario, ¡o que. obliga es a observar lo que sucede allí con mucha mayor aprensión. A denunciar como extremadamente peligroso para e! resto de Hispanoamérica el ejemplo de Cuba. A desear que el abordo chispazo del Brasil sea el último.

La actitud de Rusia con los países satélites es,´y con !a España roja fue. típicamente colonialista, ahogando cualquier esfuerzo que pudiera conducirlos a un rápido progreso económico y. a través de él, a un cierto grado de libertad política.

Es ésta misma la que los Estados Unidos siguen consciente o equivocadamente con los países hispanoamericanos, que resaltan, de una manera clara, a través de los objetivos de la famosa Alianza para el Progreso. Los que ía Unión Soviética se ha fijado en Cuba son. precisamente, los opuestos.

PROPUGNA TOBO, MENOS LA INDUSTRIALIZACIÓN

EN la Alianza para el Progreso se descubre a simple vista el deseo de Norteamérica de

aliviar de algún modo las situaciones de extrema pobreza y decaimiento y de cooperar a una moderada y modesta tasa de desarrollo. Por eso propugna reformas a errarlas de viejo estilo, tendido de carreteras, montaje de una mí ni mu infraestructura y construcción de viviendas. Pero de ningún modo la industrializacion en serio de estos paises y aquellas medidas que, mejorando su estructura agraria, no les suman, de modo inmediato, en períodos de retroceso, como e! sufrido por Méjico tras sus radicales medidas ei relación con la propiedad territorial. La Unión Soviética está cooperando con todas sus fuerzas a la Industrializacion de Cuba y si la colectivización de¡ campo ha hecho caer, como en todos los países socialistas, los rendimientos de las cosechas y ha sumido en los más profundos abismos su agricultura, el montaje de altos hornos, el cíe industrias elementales y el da otras de mayor alcance, son espeos en los que se miran los restantes países suramericanos, que desearían disfrutar de un apoyo análogo por parte de Norteamérica para la consecución de los mismos fines.

Con el bloqueo, objetivo perseguido con tenacidad por el actual Presidente Johnson, se trata da ahogar este pernicioso ejemplo, pero es difícil que desde Rusia, o desde países neutralistas, o desda otros situados en la órbita de ¡a Unión Soviética, no reciba Cuba los materiales indispensables para promover su industrialización.

Aun cuando su escasa demografía le impida el montaje de fábricas que exijan 40 ó 50 millones da consumidores, incluso sobre su exigua capacidad de mercado se están instalando industrias de las rechazadas en Ion informes internacionales por adscribirse, sin más. a la?, naciones ya muy industrializadas, a las que parece atribuirse un don divino de que las otras nunca podrán disfrutar.

DOS CONCEPCIONES DISTINTAS

Se trata de dos concepciones radicalmente distintas: la de la vle^a reforma agraria y la de la corrección de los defectos estructurales, agrícolas v de los otros, al través de la industralizacion y el desarrollo económico. Entre los compromisos adquiridos por ios países firmantes de !a Alianza para el progreso es uno de ellos la realización de una reforma agraria.

Extraña esta obligación cuando los Estados Unidos tienen fincas mayores de 103.000 hectáreas en poder de un solo propietario y hay países suramericanos, como el Uruguay, que disponen de 40 millones de hectáneas cultivables para una población mus pequeña que Madrid , Cabria preguntar por qué Norteamérica no predica con el ejemplo en esas fincas de tan desmesurada extensión. La época de Jas reformas agrarias ¡le la primera posguerra pasó hace ya muchos años y los modernos estudios de desarrollo económico confluyen, sin lugar a duda, que ios defectos que aquellas reformas agrarias querían corregir no son «ansa de la pobreza, sino consecuencia del escaso desarrollo, más concretamente del raquitismo industria); un liberalismo económico mal concebido impide la instalación de industrias que absorban población campesina, evitando el que un. exceso de ésta se acumule sobre la tierra y roture montes estériles o escale cumbres inhóspitas. Muchos países suramericanos, nosotros también, ¿y quién no?, deben completar su Infraestructura; la construcción de carreteras,

ferrocarriles y aeródromos, también la de plantas hidroeléctricas, íes es necesaria; pero estos esfuerzos deben compaginarse con colonizaciones a lo largo de las nuevas vías, como lo hicieron los norteamericanos el siglo pasado, y con la iniciación do una economía industrial.

Frente a cualquier objeción cabria preguntar por qué la industria mundial del calzado, en una ordenación lógica,, no se sitúa en Uruguay o la Argentina. Y poiqué también la textil no ha florecido en estos países o en Australia, que han de enviar a distancias astronómicas la materia prima para que allí sea hilada o tejida.

En Hispanoamérica el obstáculo mayor para un desarrollo vigoroso parece constituirlo BU escasa densidad de población, que obligaría forzosamente a uniones para reunir núcleos de 25 a 30 millones de consumidores.

Pero es seguro que si supusiésemos, Dios no lo quiera, que algunas de estas repúblicas cayesen en manos de los soviets, las agruparían, "velis nolis", y las harían marchar por el camino de un rápido crecimiento económico en todos ios sectores no agrícolas. Claro es que esto no lo hacen, corno ya dijimos, en sus satélites.

ÚNICO REMEDIO

Sería de desear que ante el ejemplo de Cuba, y por la preocupación que para España pinada ser el que algún otro país caiga en í» misma situación, algún centro de estudios económicos tle aquí no sólo pusiese de manifiesto cómo la industrialización es el único remedio a los múltiples defectos tle estas estructuras > cómo puede conseguirse esto, sino también cómo es posible hacerlo sin excesiva ayuda extranjera, romo sucedió en España entre los sinos 1950 y 60, y como lia sucedido también, para vergüenza de

Occidente, en algún país socialista.

Porque, en otro caso, sí un país se desarrolla fundamentalmente sobre una desmesurada apuración de capital foráneo, llega un momento en qua necesaríamente se sacude esta esclavitud. Y si a los americanos íes pareció excelente esta liberación en el caso de Egipto y su Pana: de Suez, y en el del Congo en cuanto a los in ereses belgas, no puede extrañares que Cuba haya hecho lo mismo y que igual suceda con otros países si loa intereses americanos en ellos son aplastantes.

Porque, ademas !a resolución de Nasser y la de Cuba, ron un excelente negocio para los revolucionarios, que se apropian de un solo golpe los esfuerzos técnicos y económicos que durante decenios hicieron en ellos otros países.

Deseerios que eil Presidente Johnson, que sa ha empeñado de todo corazón en la Alianza para el Progreso, conduzca a ésta decididamente por el camino no sólo de la infraestructura y las viviendas, sino por el de la colonización de grandes zonas a lo largo de las nuevas vías y por el de la industrialización de las comunidades económicas qae sea necesario formar. Y que haga nacer I. N. I. S., como parece intentar ahora la corporación financiera internacional.

Un conjunto de pueblos del Caribe progresando en libertad, a velocidad mayor que la cubana, en la industria y, sin dudarlo, en ¡a agricultura, con un programa claro y definido cíe ayuda prestada sin compromisos, sería de eficacia política infinitamente mayor que el más cerrado bloque.

Y si la misma conducta clara se hubiese seguido en Asia, es posible que, con gastos mucho menores que los que se emplean en la guerra, no sólo se hubiese ganado es Vietnam del Sur, sino toda la península de Indochina.

 

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