Autor: Martínez de Azagra, José Javier. 
   Nuestra dimensión no europea     
 
 Madrid.    28/11/1969.  Páginas: 1. Párrafos: 23. 

Nuestra dimensión no europea

Por José Javier MARTÍNEZ DE AZAGRA

La vocación europea de España es, desde hace muchos años, un tópico manejado ampliamente por todos los sectores tanto públicos como privados. Pero ahora que estamos en puertas de un acuerdo comercial preferencia! hay que preguntarse por nuestra dimensión "no europea".

Porque yerran los que a la vista del acuerdo venidero creen que hemos llegado ya a realizar nuestro europeísmo. Todavía estamos lejos de ello y hay que preguntarse seriamente el porqué.

La tesis económica

Muchos han pensado que nuestro tufillo "no europeo" era una mera cuestión económica, simples desajustes macroeconómicos, problemas de contingentes y aranceles. Pero ello, evidentemente; ns ~es exacto, porque las negociaciones pueden conciliario todo en economía. El embajador Ullastres, figura de neto corte europeo, no sólo ha mantenido siempre esta posición, sino que parece ser que sabe realizarla. Ahí está el acuerdo preferencial negociado con tesón, con voluntad y con ciento éxito.

Nuestro afincamiento económico dentro de Europa no puede ser discutido. España es parte de un mercado natural europeo porque la estructura vital del consumidor es muy similar a la de cualquier individuo de la Europa de "los seis" o de "los siete", que poco importa. Bajo este prisma, el "homo oeconomicus" hispánico es mas afin a un holandés o alemán que a un californiano o tejano, por citar tan sólo dos Estados norteamericanos llenos de vinculaciones históricas con nuestra Patria. Por eso las industrias europeas tienen gran bíteres en nuestro país, que ademas está comenzando a consumir masivamente. Y por eso también desde nuestro lado no hay mas posibilidades de elección que Europa. La integración con Hispanoamérica no pasa de ser un entretenido juego dialéctico, pero que se opone a la geoeconomía.

La integración

Hemos llegado ya al borde de un cierto asociacionismo económico, a un acuerdo comercial preferencial; hemos jugado las bazas económicas, pero no logramos la "integración"; es decir, no logramos fundirnos en ese ente superior y común que es la Europa de "los seis". Y con ello queda truncada de raíz esa vocación integralmente europea que tiene unas dimensiones y campos mucho más anchos y trascendentales que las meras relaciones económicas. Nosotros llamamos a Europa, pura y llanamente, hace ya ocho años, y la actitud de Europa fue de no oírnos, y seguimos hoy ante la misma resistencia a admitirnos en el conclave.

— Ello demuestra Que, aunque en lo negociable hemos llegado al entendimiento, existe un algo en el que no hemos avanzado; un algo que sigue siendo "no europeo", y ese algo—ya se ve claramente—es de orden político, no económico.

Las diferencias institucionales

Pero hablar de política a secas; es decir, poco o casi natía. ¿En qué se concretan nuestras discrepancias fundamentales con Europa? Hacer un análisis institucional no llevaría a muchas conclusiones. Políticamente, en Europa occidental hay un único modelo de sistema político, él democrático-liberal, que es el denominador común de diversos modelos de regímenes, y asi conviven perfectamente repúblicas cuasipresidenciales con monarquías parlamentarias y tradicionales; sistemas bipartidistas con pluripartidistas; federaciones y Estados centralistas; Gobiernos socialistas con democristianos. Cierto que de este «samen, por ligero que sea, nace una. primera conclusión: nuestro sistema institucional, ya sobre textos legales, se muestra mas teñido de autoritarismo que de democrático liberalismo (entendiendo por liberal lo contrario de autocrático). Algunas de nuestras instituciones y estructuras básicas difieren sensiblemente en sus funciones y mecanismos de sus contratipos europeos. Así, por ejemplo, nuestras Cortes están, menos desarrolladas que los Parlamentos, y podríamos decir que en ellas—como escribía no hace mucho uno de sus miembros—la función de control del ejecutivo está asfixiada.

La operación política y su tratamiento

Ahora bien; ¿qué es lo que en Europa existe de común denominador entre tal diversidad de regímenes y que al parecer nos falta a nosotros?

Una cosa que nos separa de esa Europa, y que no nos deja penetrar en ella a pesar del desarme arancelario, a pesar de los acuerdos económicos, es el tratamiento de la "oposición política".

Existen tres formas de enfrentarse con el problema: una es conceder a la "oposición" rango de institución política, hacerla sujeto de derecho. Es el sistema comúnmente seguido en Europa occidental, a través precisamenté del juego del Parlamentó, de sus votaciones de confianza, etc. En unos países este juego es más abierto que en otros, pero en todos existe.

Otro camino es aquel en el cual a la "oposición" no se la institucionaliza, no se la reconoce como sujeto de derecho; pero se la tolera de vea en cuando, pues como fenómeno natural y políticamente sano y necesario, se impone. Esta forma de tolerancia evidentemente disminuye la importancia de la oposición.

Por último existe otra solución en la que no solamente no se reconoce la "oposición", sino que se la destruye. Es el Estado monolítico, dogmático, el Estado de partido único o de la minoría exclusivista, y su expresión histórica más pura es el sistema totalitario: el fascismo, el nacional-socialismo y el comunismo.

´ • De estas tres formas, mientras la Europa occidental ha escogido la primera, la Europa oriental sigue la tercera. ¿Y nosotros? Nosotros estamos más bien en la segunda, pero con ciertas cautelas. Veamos:

En nuestro ordenamiento se habla del "contraste de pareceres"; esto es, se admite— teóricamente al menos—que se piense de manera distinta, que se discrepe y que no esté de acuerdo con las realizaciones del ejecutivo o del legislativo, aunque siempre dentro del respeto al bien superior del orden y de la pacífica convivencia. Sin embargo, no se articulan nuestras instituciones sobre el eje Gobíerno-oposición, por miedo a que un juego parlamentario excesivo desgaste y agote en una, pura dialéctica todo el potencial creador de uno y otro.

La inoperancía de la oposición

Bajo este encuadramiento, la posibilidad de que la "oposición" juegue el papel de control depurador, de necesario contrapeso de la unilateralidad del Peder, radica precisamente en que ese misino Poder adquiera el ánimo claro y responsable de dejar terreno para que verifiquen su juego todos aquellos que tienen "pareceres contrarios"; de las posibilidades de que se pueda ejercer la disconformidad pública realmente y, sobre todo, eficazmente. La vitalidad del cuerpo social es tal que, pese & todo y a todos, en cualquier institución en que intervenga el sistema de votación llegan a los puestos políticos muchos "discrepantes".

_ Y: Atoara viene .el porqué de nuestras reservas, ya que es claro que nuestro "contraste de pareceres" se está abriendo brecha en el luego político muy pobremente y con escasa fortuna. Si se cierra discrecionalmente este juego, sí ve siempre en la oposición un elemento perturbador, sí se la considera como un conjunto de crónicos insatisfechos, se está ahogando la viabilidad de esa oposición. Si se utilizan los recursos del "imperium" para torcer el espíritu de la ley y eliminar el control y la crítica, entonces cabe concluir en que aunque se reconoce la posibilidad del "contraste de pareceres", de hecho no existe.

Se trata, pues, de un círculo vicioso: se acepta constítucionalmente la posibilidad de que existen pareceres contrastantes, pero no que la "oposición" sea sujeto de derecho para evitar excesos, y cuando ésta aparece como fenómeno político-social, aunque sea en el marco del Régimen—te, oposición en el Régimen y no contra el Régimen—, frecuentemente se acude a una interpretación restrictiva, por no decir subjetiva, de la legalidad vigente para hacerla inviable. Y no se olvide que la preterición constante de la oposición suele producir frutos de abusos de poder y arbitrariedad.

Aquí está, en esa cautelosísima actitud respecto a la tolerancia de la "oposición", nuestra "dimensión no europea". Esa que hará que si no se modifica la situación dentro de seis años, cuando finalice el acuerdo preferencia!, estemos tan lejos de Europa como hace ocho años, cuando solicitamos nuestra integración en ella.

 

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