Autor: Valenzuela, Ana María. 
   Los otros clásicos de la política     
 
 Madrid.    31/07/1969.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

Los otros clásicos

Por

Ana María VALENZUELA

GANIVET, Antonio Maura, Salmerón, Joaquín Costa, Castelar, Larra... Todos los teóricos de la política del siglo XIX y del primer tercio del XX parecían definitivamente muertos con su época. En España no ofrecían un interés vivo, aparte de los autores actuales, más que los grandes teóricos extranjeros, cuyas ideas todavía animan las corrientes políticas vigentes. Bonald o De Maistre siguen en pie para el tradicionalismo, los racionalistas para las tendencias liberales; de Marx todavía no se ha dicho la última palabra, dividida su interpretación enre el dogmatismo soviético y el neoliberalismo de los marxistas "occidentales". Lo que se creía absolutamente fuera de juego eran los viejos textos políticos nacionales nacidos al calor de la eterna oposición conservadora-progresista de la España de estos últimos dentó cincuenta años. El Instituto de Estudios Políticos ¡labia intentado, en consonancia con la inspiración del Estado surgido de la guerra, revitalizar los clásicos políticos de la monarquía absoluta. Fuera del ámbito científico, esta tarea no ha tenido gran repercusión. No puede decirse lo mismo de las obras de los teóricos liberales, republicanos, federalistas o izquierdistas que vemos Invadiendo las ediciones populares destinadas preferentemente a la juventud universitaria.

SIGUEN VIGENTES HOY?

Todo comenzó coa el experimento editorial de lanzar a la cafe naos textos políticos seleccionados y anotados de un autor aparementemente muerto. El éxito fue totaL Desde "La Federación" de Pi y Margall hasta "Oligarquía y caciquismo", de Costa, son numerosos los títulos reveladores de la crítica etapa del liberalismo español que han recibido del público ana favorable acógida.

Este movimiento editorial, que es, a su manera, una expresión de un importante sector de la opinión pública, parece que se dirige hacia aquel tipo de obras que, arrancando de problemas vitales contemporáneos, todavía conservan cierta vigencia.

Resultaría sumamente interesante saber qué encuentra el joven universitario de hoy en estos autores. Por lo pronto, este fenómeno revela una especial sensibilidad política por los problemas y las soluciones nacionales. Es, probablemente, ¡jn deseo de replantear la problemática política al nivel de lo concreto y, al tiempo, al nivel de lo nacional. Más aún; frente a la aridez teórica de los textos políticos doctrinales extranjeros, que inician en España las diferentes corrientes políticas, estos autores nacionales, embebidos en la acción, han tenido forzosamente que dar a sus escritos un tono dinámico y práctico que sería imposible encontrar eri la pura abstracción.

PREOCUPACIÓN REGENERACIONISTA

No es valido, por consiguiente, preguntarse sin otra finalidad si lo» clásicos de la política liberal española, convencíonales o regeneracionistas, conservadores o innovadores, signen vigentes hoy.

teórico. Constatar, en cambio, lo que hoy pueden significar de hecho supone adentrarse «a la actualidad política por va cambio que habría de dar resoltados posítivos.

Si henos de concretar «a algo d valor de estos "otros clásicos" de ia literatura política j el dt su difusión actual, hemos de reconocer que no centra en la gran oportunidad perdida del regeneracionismo. Tanto las circunstancias políticas nacionales como las internacionales han humanizado a la Juventud contra el viejo liberalismo. Por una parte, ha sido el desengaño general que las fórmulas políticas del antiguo capitalismo produjeron en toda Europa hasta la guerra mundial, y que ahora vuelven a aparecer tras el paréntesis de la prosperidad de estos últimos veinte años de sociedad industrial. Por otra, la educación política del Estado nacional, que a lo largo de treinta años de formación netamente antiliberal ha conseguido crear, por lo menos, una conciencia de recelo ante los esquemas previos a la guerra civil. El fenómeno, repetimos, es europeo o mundial, no español. En estas circunstancias cobra un relieve curioso la perdida oportunidad de la regeneración del sistema liberal español que, adaptada a las condiciones del país, propugnaron a lo largo de ese vasto período histórico tantos españoles. Preocupación de reformar la vida nacional conforme a sus posibilidades y necesidades que no ha calado con suficiente holgura ni a través de la "generación´ del noventa y ocho" en general ni siquiera mediante la influencia particular de Ortega y Unamuno. A Ortega, concretamente, no le leen los jóvenes.

El regeneracionismo, que no era dogmático, sino realista, no fue oído en su tiempo. Hoy, cuan. do los dogmas están* más quebrados que nunca, es lógico que la voz de los regeneracionistas tenga un eco de simpatía en las nuevas generaciones, sobre todo si los problemas son a veces semejantes.

EL PELIGRO DÉ LA POLÍTICA SIN IDEAS

Se ha dicho que la rebelión Juvenil amenaza con un nuevo fascismo. Es, por ejemplo, el punto de vista de Aranguren, para quien el activismo de los jóvenes, tan próximo di «racionalismo, desbordando las ideas y los análisis de la realidad, puede convertirse en una válvula de escape de las represiones de la sociedad y desembocar en una violencia intransigente. La revolución de mayo, los revolucionarios sin obreros, no son una masa, sino una élite desplazada, violenta y con objetivos confusos y contradictorios. También el fascismo fue una revolución de jóvenes descontentos y airados. Del antidogmatismo a la acción por la acción hay un paso. Y la acción por la acción, el activismo profesional, es una enfermedad político-social que tiende al fanatismo. Joaquín Costa ha sido considerado como un precursor del fascismo. Sus condenaciones tajantes y exageradas, sus programas, tan radicales como vagos, su "elitismo", cuaja quizá en el radicalismo con nuevo cuño de algunos sectores de la revolución cultural.

El regeneracionismo llegó a veces a una política sin ideas, que no era tecnocracia, sino arbitrismo drástrico y revolucionario. Esta pasión por la acción directa —señuelo romántico para una generacion rebelde deseosa de mitos--puede haber encontrado en los viejos teóricos de la España imposible un paralelo cuya realización futura es toda una problemática. España, que nunca ha llegado a ser una nación civil completamente estabilizada, presenta una rara continuidad de hombres, problemas y perspectivas.

Quizá se* prematura hablar de un renacimiento de la polémica de las dos Españas, pero lo cierto es que la vieja trayectoria de la reestructuración nacional vuelve a salir a la luz, con sus olvidados clásicos.

 

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