Autor: Gómez-Hernán, Carlos Alfonso. 
   Notas sobre la reacción     
 
 Madrid.    12/08/1969.  Páginas: 1. Párrafos: 19. 

Notas sobre la reacción

Por Corlos Alfonso Gómez-Hernán

1 La reacción es, en política, una marcha atrás o una interrupción ´brusca respecto a tendencias o situaciones progresistas. La reacción se produce cuando determinados sectores sociales ven amenazados o recortados sus intereses económicos. Pero también cuando ven el riesgo de que sea limitada su tenencia del poder activo y directo •—que también tiene siempre un contenido económico—o desean acallar criticas y diferencias de pareceres.

La reacción, por naturaleza, posee carácter esencialmente negativo. Dentro de su propaganda autojustificadora^la reacción parece poner sobre sí, como móvil supremo, la defensa y el mantenimiento de determinados valores, principios, ideas e instituciones. Pero, en realidad, eso positivo de la reacción suele ser mera tramoya Lo prueba lo fácilmente con que la reacción sacrifica esas mismas categorías, según le conviene, pasanda de unas actitudes a ¡as contrarias con el más fluido desparpajo

2 Por ejemplo: en el ámbito del mundo católico, la reacción ha hecho siempre hincapié en la salvaguardia del catolicismo, de sus valores espirituales y sociales y de la conveniencia y aún obligación de observar la doctrina emanada de Za Iglesia. Por esto se ha luchado—o se ha dicho que se luchaba—, condenando fuertes movimientos populares, en razón de su acatolicidad; incluso reconociendo, a veces, sus motivos y razones, se objetaba que no venían ungidos por la fe y la obediencia religiosas.

Mas, he aquí, que la Iglesia da los decididos pasos de que todos somos testigos a partir de Juan XXIII. Y entonces empieza a surgir, con gran desembarazo, un anticatolicismo de derechas que acaba por ser, no más papista que el Papa, tino más antipapistas que el antipapa o los antipapas.

Entonces, el asendereado hombre de la calle viene a decirse algo como ésto: ¡Qué pena!, ahora que el catolicismo empezaba a ser más interesante, cada vez nos llevamos peor con él. ¡También es coincidencia...! Y se acuerda de aquello que glosaba Góngora: "Cuando pitos, flautas; cuando flautas, pitos."

3 eso no es mas que un aspecto, entre otros muchos. Lo negativo, lo defensivo, siempre es lo básico de la reacción y lo que la mueve. Para decir hoy una cosa y mañana otra, siempre encuentra una insidiosa dialéctico oportunista que sólo conoce dos tonalidades: la del sofisma o la del improperio.

La frase predilecta de todo reaccionario es eso tan simpático de "Con tal de que no haya tal cosa o tal tenor, que haya lo que quiera".

Dada la falta de ideales auténticos de la reacción, suele encontrarse con dificultades para fraguar en situaciones coherentes y con un futuro definido y viable. Lo que le presto cierta unidad no es la preferencia por una cosa, sino la aversión y el temor a otra

La reacción, si se la deja,, mete a un país en un callejón sin salida, en el que se vive de una manera hipócrita y conceptualmente contusa, llevando al puebla el mayor desconcierto, la mala fe en la ética, tanto privada como pública, y, en fin, el escepticismo político.

4 En materia de instituciones y formas estatales, el reaccionarismo posee también rasgos curiosos. Detesta la República, vitando fruto de la Revolución francesa, y no dejaría un republicano a salvo. Pero ante la eventualidad de lo contrario, la Monarquía, hace no menos asóos. La prefiere lo menos monárquica posible.

5 La reacción tiene actualmente posibilidades ejecutivas; callarlo o negarlo supondría seguir la política del avestruz, metiendo la cabeza debajo del ala. En primer lugar, la técnica reaccionaria predilecta es la del incendio del Reichstag: la provocación. Existen, desde luego, católicos a su muñera, de los que han rezado por la "conversión" de Pablo VI, capaces de llegar al sacrilegio táctico para, resucitar un clima de cruzada.

Esta vieja técnica es aplicable a multitud de ideas, situaciones y objetos. Ciertos ambientes la favorecen y hasta la estimulan. Sus proezas, muy espectaculares, son fáciles de percibir, pero difíciles de demostrar.

6 Y hay otra cosa. Entre las tendencias progresistas y "contestatarias" de hoy, sobre todo entre la juventud, hay no escasa mezcla de anarquismo insocial sin ideales, de gamberrismo puro, por emplear la expresión corriente. No es de buen público el decirlo, pero también sería insensato callárselo. Hablaba Ortega de la emergencia de una barbarie vertical; y algo de eso hay.

No debiera olvidarse en ningún momento que el hombre es fruto de una difícil evolución biológica—con muchas revueltas en el camino—a partir de nuestro abuelo el pitecántropo. Esto es algo que hoy se acepta incluso a nivel de pensamiento cristiano, con la obra de Teilhard de Chardin y la Encíclica "Humani generis", o el importante estudio publicado por Zubiri en "Revista de Occidente", de agosto de 1964.

Entonces, hay mucho de irracional y de regresivo amenazando en la condición humana. Últimamente, todo parece muy revuelto y confuso. Y la revolución juvenil tiene de todo un poco en sus raices.

7 La forma en que la reacción puede saber aprovechar ese problema (incluso estimulándolo, según yus métodos), es evidente. Después de la Segunda y muy confusa Revolución francesa, el vecino país tiene asentada a la derecha como nadie. ¡Cuidada! Hay que saber discernir y todos debiéramos hacer una tarea muy clara de desbroce. Y no pensar, toscamente, que todos los valores deben ser destruidos o que hay oportunidad de hacerlos.

No hace mucho, publicaba una periódico una curiosa carta lamentando las tendencias antisociales que se acusaban en nuestro medio ambiente. Y añoraba la enérgica actuación de Martínez Anido, como ministro de Primo de Rivera, frente a ciertos brotes indeseables que, al parecer, se habían producido por los años 20. Lo malo es que esa carta no dejaba de tener una cierta razón, como se comprueba con sólo mirar lo que ocurre en las calles con el tráfico. Acaso en esta tierra estemos democráticamente más preparados en el fondo que en la superficie (en total contraposición a las concesiones que de hecho, disfrutamos). Y de ello hay quienes pueden sacar un gran partido.

8 De cara al futuro, los españoles—sobre todo, ios jóvenes—debiéramos imponernos un doble empeño: actualizar nuestras cabezas y tenerlas a punto de claras y responsables exigencias. Y, a la vez, cuidar al máximo nuestra conducta de ciudadanos en todos los niveles. Que no se nos busquen las vueltas para añorar manos de hierro, que no demos buen pretexto a la reacción—como, sin duda, lo desea—y que no concurramos nosotros mismos a la quema de un nuevo Reichstag trampeado, que petrifique al país en pleno último lerdo del siglo XX

 

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