Autor: Pizán, Manuel. 
   La clase sin signo     
 
 Madrid.    10/08/1969.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

LA CLASE SIN SIGNO

Por MANUEL PIZAN

€S generalmente admitido que, en estos últimos pocos años, se está dando una serie de cambios en la composición de la sociedad. La base de ésta, primero, pasa del campesinado a los obreros industriales, y ahora se desplaza hacia el sector de servicios, entendido en su más amplio sentido, que crece de manera fabulosa. En nuestro país ya comienza a advertirse este fenómeno, y no es dificil preveer que ha de acelerarse de forma brutal en los proximos años.

Podemos apoyar esta tesis, por ejemplo, en datos franceses En el vecino país, cuyo proceso comienza a repetirse en e: nuestro, desde el comienzo de la revolución industrial hasta hace poco más que una década, puede decirse que lo normal era la descalificación profesional. Esto es, el número de obreros no calificados aumentaba proporcionalmente y regularmente. Ahora, sin embargo, el fenómeno se ha invertido. Si tomamos como referencia un valor cien, hace quince años, resulta que ahora el número de obreros no calificados ha aumentado en un 8 por 100, mientras que el de obreros calificados en un 31 por 100, el de ingenieros en un 48 por 100, A de cuadros superiores en un 51 por 100 y el de técnicos, en un 71 por 100.

Paralelamente a este aumento cuantitativo de la molificación profesional, hay que destacar que también ha variado cualitativamente. Antes, la cualificarían consistía en aprender de una vez para siempre una determinada técnica o saber; hoy, ante el continuo avance de los procesos tecnológicos y científicos, es necesario volver periódicamente a ponerse al día, ¡legando a lo que se ha llamado ¡a "educación permanente".

La ciencia, productiva

En relación con esta interdependencia entre cultura y calificación profesional, se estima—tanto por fuentes yanquis como soviéticas—, que dentro de unos veinte años, en las sociedades desarrolladas, al menos el 70 por 100 de los obreros, al incorporarse a la producción, necesitarán tener una cultura general de un nivel equivalente, al menos, al de bachillerato superior.

Al mismo tiempo, ¡a vieja teoría de Taylor, según la cual el desarrollo implica la máxima concentración de los centros de iniciativa y decisión, parece desplazarse ante las nuevas tecnologías. Asi, hoy parece imponerse en las sociedades altamente desarrolladas la multiplicación de los centros de iniciativa v decisión, k) que implica un proceso de ampliación masrfa f^/os cuadros demostrativos y técnicos.

Además, se va admitiendo cada vez más generalmente que la ciencia tiende a convertirse en una fuerza productiva directa. La consecuencia inmediata de esto es que la importancia del trabajo intelectual crece sin cesar. Resulta, por ejemplo, que en 1967, el informe Danison, estudiando los factores profundos del crecimiento de la productividad en U.S.A., descubre pan dicho país que, en el período 1909-29, el desarrollo económico se veía condicionado, en un 50 por 100, por el aumento de la mano de obra y de la inversión de capital. En cambio, tras la gran crisis, estos condicionantes cuantitativos pasan a segundo término: de 1929 a 1957, sólo causan un 33 por 100 del crecimiento económico. Y a partir de 1957, los factores principales del crecimiento del producto nacional son la educación general y las innovaciones tecnológicas. No hace falta destacar que estos dos factores están interrelacionados, ya que la base es la educación permanente de los cuadros.

Un "bloque histórico"

Cuadros, como dijimos al principio, que están en rápido crecimiento, en algunos países—como el nuestro—de forma espectacular, y que por esta misma rapidez crean tensiones sociales. Esas tensiones las consideran los teóricos del neocapitalismo como motivadas por una insurgencia masiva di "nuevas clases medias", con lo que disminuiría la importan cía relativa, dentro de la sociedad, de la clase obrera. Pero esto merece más detalle.

Resulta, en efecto, que esas nuevas clases más o menos intelectuales, pertenecientes, en cualquier caso, a los servicios o sector terciario de la producción, no poseen sus medios de producción, participan en la creación de riqueza, y, por otra parte, van tomando conciencia de su condición de asalariados, Al verlos crear riqueza efectivamente, comprendemos por qué los tecnócratas estadounidenses han llegado a la conclusión de las que las inversiones más rentables son aquellas encaminadas a producir, directa o indirectamente, intelectuales. Pero al mismo tiempo, al no poseer los medios de producción, y su condición de asalariados, nos impiden colocarlos, en bloque, dentro de las clases medias. Porque estas capas intelectuales están en franco crecimiento, mientras que las clases medias—comerciantes, artesanos, campesinos propietarios—están en regresión ante el avance, primero, del capitalismo, y ahora del neocapitalismo.

Incluir a estas capas intelectuales cada vez más amplias dentro de la clase obrera tampoco sería exacto, aunque tal vez no tan inexacto. La diferencia sería no solo que su nivel de vida y sus ideas están más cerca de la burguesía—lo que, en cierto modo, tendría una importancia secundaria—, sino que es muy difícil trazar la frontera, dentro de la capa de que hablamos, entre los que participan en la creación de riqueza y ¡os que se benefician de su reparto.

En cualquier caso, parece claro que, pese a su nivel de vida y sus ideas, sus intereses reales no son, en principio, diferentes a los tradicionales de los trabajadores. Incluso hay elementos de convergencia, y en determinadas circunstancias pueden formar, por usar un concepto muy elástico, un "bloque histórico", con una coherencia que cada vez se acusa más.

 

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