Autor: Souto, José Luis. 
   Revolución contra la tecnocracia     
 
   20/03/1969.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

Revolución contra la tecnocracia

Por JOSÉ LUIS SOUTO

Las crisis que han comenzado a filtrarse dentro de las sociedades neocapitalistas occidentales, rompiendo la ilusión de la sociedad de consumo, tienen un aspecto sicológíco-social que no puede olvidarse a la hora de interpretar cierto tipo de rebeliones que no responden o, problemas de clase. Junto con la persistencia de situaciones- conflictivas en las relaciones sociales, cuyo desenvolvimiento no va casi nunca contra el sistema establecido, tanto los Estados Unidos como los países de la Europa Occidental se enfrentan ahora con un movimiento de protesta promovido desde dentro de las -mismas estructuras burguesas. Al tocar los acontecimientos estudiantiles de los Estados Unidos, Francia, Italia y Alemania, los comentaristas, políticos y sociólogos se han referido a una crisis del sistema de valores, que para muchos es esencialmente una crisis de la educación, entendida ésta en su más amplio sentido.

Sentimiento de insatisfacción

Las ideologías reaccionarias habían lanzado desde finales de la guerra mundial sus andanadas pesimistas, en las que coincidían, desde planteamientos muy distintos, las ideologías revolucionarias. Al igual que en el siglo pasado, en el momento en que irrumpe el liberalismo burgués, el socialismo marxista y la, tendencia reaccionaria y populista que Marx llama "socialismo feudal", vinieron ambos a desembocar en una feroz critica del liberalismo y de la burguesía, la Europa de lo postguerra se encontró desde un principio con la enemistad conjunta de los restos del viejo reaccionartsmo y de la revolución. Es importante recordar aquí esto, porque ciertos aspectos de la crítica intelectual contra la sociedad tecnocrática regresa, consciente e inconscientemente, a tópicos de la ideología tradicional y antirevolucionaria.

La sociedad de consumo padece un sentimiento de insatisfacción. El ejemplo de Suecia o de los Estados Unidos, característicos síntomas de una crisis intrínseca de. esta, sociedad, ha trascendido de la pura especialización intelectual a las artes, al cine, a la literatura y hasta o la filosofía popular. El hombre medio está desilusionado de la sociedad de consumo, aunque, en un círculo vicioso, busque la espita de_ su evasión en los remedios faciles violencia controlada, sexo, diversiones—que el mismo sistema, le facilita. Pero el intelectual, y junto con él esa clase de intelectual que todavía no na caído en la cárcel de la profesíonalización, el estudiante, se revuelven contra un orden que no consideran ni aceptable ni inevitable.

Dictadura sutil

Dice el filósofo de la cultura Adorno, en una transposición social de su pensamiento, que no puede reprocharse a los estudiosos del hombre la reducción a la categoría de cosa que han operado con él, porque el sociólogo puede responder honestamente que no hace más que describir la sociedad cosificada en la que se encuentra.

No ha sido necesario que nadie derribara las instituciones democráticas occidentales para que surgiera una dictadura. Hay una dictadura sutil que escapa a toda definición política, contra la que se levanta el marcusismo y gran parte de la rebelión estudiantil mundial. El intelectual protesta contra una sociedad tecnocrática que, a pesar de las instituciones democrático-liberales, nacidas en otros tiempos, ha constituido un sistema absorbente de relaciones sociales. La automatización, el "welfare state", la cibernética o la semiótica, la publicidad, los trusts, el intervencionismo, el socialismo, la propaganda y mil manifestaciones más de la complejidad de las sociedades modernas, han hecho absurdas las concepciones ideológicas de unos cuantos doctrinarios ilustrados de la Europa de hace siglos. En tal sentido, no es exagerada la afirmación de Marcuse de que vivimos bajo una dictadura.

Pero los planteamientos rebeldes de los intelectuales insatisfechos no quedan en el aire, pendientes de la propia crisis social e ideológica. La tradición marxista de la critica revolucionaria ha hecho fijar las raíces de los problemas en cuestión, más que en razones de lucha de clases, en el desenvolvimiento—parcialmente inesperado para el marxismo—de conflictos entre clases, que han obligado a reformar el enfoque mismo de los puntos de vista revolucionarios.

Porvenir de la revolución marcusista

Rechazando la posibilidad de una revolución clásica, es decir, de una revolución obrera, y dejando de lado las revoluciones más bien agrarias de algunos países del Tercer Mundo, Marcuse propone una revolución de los intelectuales, único sector desarraigado del sistema. Los obreros occidentales no tienen más que reivindicaciones profesionales dentro del orden establecido. El intelectual, ajeno a su clase burguesa por el ejercicio de la crítica, estaría en situación de hacer la revolución contra la sociedad tecnocrática.

Lo que no parece claro en este programa es ni la posibilidad práctica de llevar a cabo una, revolución de intelectuales, ni la necesidad ideal de una revolución. En cuanto a lo primero, los resultados de los acontecimientos de Francia son elocuentes. Respecto a lo segundo, de Marcuse se podría decir que está preso en una especie de mítica histórica finalista para la que la revolución es, en cualquier caso, una exigencia absoluta.

El marcusismo es importante en cuanto que es sintomático, no porque represente una corriente mayoritaria yue ponga en inmediato peligro a la sociedad de consumo. Su valor o significación objetivos estriban más en su papel correctivo de los desajustes de la sociedad actual que en su utópica revolución.

Aún hay más, el enfrenamiento de Marcuse contra la sociedad no es sólo una oposición al capitalismo, sino una oposición global a toda sociedad en estado de alto desarrollo. Desde esta perspectiva, existe un evidente paralelismo entre marcusismo y anarquismo. Como la del anarquismo, esta revolución no podrá pasar, probablemente, de una utopía cuyas consecuencia^ serán reformas parciales del sistema.

 

< Volver