Autor: BURGUERA. 
   Los otros europeístas     
 
 Madrid.     Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Tendido de SOL

LOS OTROS EUROPEISTAS

ANDAMOS a vueltas con esto de Europa. Se discute acerca de nuestra "europeldad", de si somos o no somos europeos, de si estamos o no en el umbral de Europa, de si hemos de europeizarnos nosotros o han de españolizarse ellos. Se habla Incluso de nuestra patología: de nuestro "pathos" oriental o africano y de nuestro "logos" occidental o europeo.

Habíamos mirado a Europa, durante tanto tiempo, por encima del hombro—gesto tan ridículo como inútil, según se ha visto—que ante la inevitable situación que se avecina—sí bien no a un paso demasiado rápido—se ha extendido como una especie de epidemia, consistente en querer hallar justificaciones, reparos o precauciones.

¿Somos o no somos europeos? ¿Y qué es ser europeo, cabría preguntar antes? Si "Europa es un proyecto de vida futura apoyado en ciertos principios"—frase debida a la exquisitez francesa—y si existe "un sedimento cultural que homogeneiza a los países del Occidente euroasiático"—frase debida a la sensatez vasca—, ser europeo podría muy bien ser participar de ese sedimento culture! y, a su vez, respetar y participar también de aquellos principios. Estas podrían ser las coordenadas que determinan la condición de europeo.

entre esas coordenadas se sitúa la democracia ai modo que se entiende y practica—con sus distintas variantes—en el mundo occidental Lo cual motiva otra serle de discusiones y puntualtzaciones. ¿Es la democracia liberal la causa del grado de bienestar y progreso alcanzado por los países europeos? Hay quienes opinan que sí, mientras otros dicen que no, que también la Unión Soviética ha progresado sin que en ella se dé ese condicionante democrático.

En realidad, uno se atrevería a matizar esta discusión diciendo que en todo caso habría que plantear previamente una cuestión de grados. ¿Qué hubiese sucedido si la Unión Soviética disfrutase de un régimen democrático? ¿Sería su progreso mayor o menor que el alcanzado con su sistema político? Sin embargo, hay algo que sí es evidente y que, en mi opinión, dilucida la cuestión: el hecho de que en los países democráticos, el bienestar y progreso alcanzados son disfrutados por el hombre en la libertad. Es decir, las posibilidades y modalidades que ese bienestar tiene de satisfacer al hombre son muy superiores en la democracia que en el totalitarismo.

Pero sigamos. Decíamos que con esto de nuestro acercamiento a Europa se están produciendo, entre nosotros, una serie de disquisiciones que en algunos se diría que quieren ser como una especie de justificación de su actual europeísmo. O de su europeización. Porque es el caso que hasta en esto hay que ir con cuidado. Una cosa es europeísmo. Otra, europeización. Lo primero es malo. Lo segundo, por lo visto, bueno SUCEDE, sin embargo, que, como en tantas otras ocasiones, mientras las cabezas pensantes del país se entretienen en ejercicios dialécticos de una—¡eso sí!—muy fina condición intelectual, el pueblo, que va a lo suyo, ya ha tomado partido a través de algo tan válido y consistente como su propia experiencia vital. Y mientras aquéllos se entretienen en la ingenua discusión de si son galgos o podencos, el pueblo dice que a él no le cogen ni los unos ni los otros y echa a correr. Y se va a Europa.

Y allí están. Europeístas convencidos, muchos cientos de miles de españoles ejercitan diariamente su condición de europeos. Porque en medio de sus incomodidades, de sus sufrimientos, sin duda, incluso de sus añoranzas, hay algo que estos españoles no perderán ya en su vida: su condición y vocación de europeístas. Han visto Europa, la conocen, la viven. Y saben que eso es lo que ellos quieren. Pero no en las circunstancias que actualmente lo soportan. Ellos quieren que esa Europa que viven y conocen llegue hasta sus pueblos y ciudades, hasta las comarcas y regiones de donde salieron. Para ser europeos en el medio que les es propio. Y disfrutar aquí de esos niveles que en todos los sentidos ven alrededor suyo.

HAY que conocerles para caer en la cuenta de todo esto. Hay que hablar con ellos y haberles conocido antes de emprender esa aventura para mejor comprender el cambio registrado en ellos cuando regresan. Ño. Aunque son muchos los esparcidos por Europa, no han conseguido españolizarla. Son ellos los que regresan europeizados. Mientras aquí nos entretenemos en bizantinismos sobre nuestra "africanidad" o nuestra "europeidad". Mientras tratamos de dilucidar si la democracia liberal es causa o no del progreso europeo, ellos ,los que viven en Europa, los que la sienten y la sufren diariamente, los otros europeístas, han dado ya su veredicto. Son europeos, quieren seguir siéndolo y disfrutar de esa democracia que respiran en derredor suyo. Pero quieren serlo en su casa Que en como da gusto.

BURGUERA

 

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