Autor: BURGUERA. 
   Los grupos y sus clientelas     
 
 Madrid.    13/12/1969.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

Los grupos y sus clientelas

Hablar de los grupos se ha puesto de moda. Unos y otros han venido exponiendo sus teorías ¿¡certa de como ha de llevarse a cabo la participación de los mismos en las tareas de gobierno, y es conclusión generalmente aceptada que cada uno de estos grupos debe intervenir en proporción a su importancia real.

Las preguntas que a uno le sugiere todo esto son diversas. En primer lugar, la de ¿quiénes y cuántos son estos grupos? Y luego estas otras: ¿Cuál es su. "importancia real" y por qué medios puede ser medida o calibrada? ¿A quién´ representan? ¿Cuál es la base popular de cada uno? ¿En nombre de quién se quieren hacer oír? ¿Cómo se llama cada uno de esos grupos? ¿En qué momento han anunciado su programa, sus ideas, y en qué forma y manera puede un ciudadano hacerles llegar su adhesión? ¿A quién o adonde hay que dirigirse? ¿Quiénes son sus cabezas visibles?

Uno rio tiene más remedio que confesar humildemente su incapacidad para hallar respuesta a ninguna de estas preguntas. Ni a esta otra, consecuencia y resumen de todas ellas: ¿Dónde están y qué volumen alcanzan las clientelas de cada uno de estos grupos? Porque es el caso que, a tenor de lo que se escribe y se dice sobre los mismos, se diría que el país entero está apiñado y compacto tras cada uno de ellos, pendientes del éxito o del fracaso de sus líderes respectivos. Sucede, sin embargo, que la realidad parece ser bien diferente y estar muy alejada de todo esto.

Uno no podría decir a ciencia cierta sí los ciudadanos de este país están o no politizados. Lo que sí afirmaría e» que, mientras no se demuestre lo contrario, estos grupos no polarizan ni atenciones ni adhesiones. A nivel popular con base amplia, se entiende. De aquí la conveniencia de reducir a sus verdaderos límites lo que suponen y representan esos grupos políticos. Y esos límites no alcanzan más allá de unas muy reducidas áreas de escasa consistencia. Algo así como lo que los sudamericanos llaman i.u. barca, los catalanes una "colla" o los castellanos una peña. Pretender hablar con bases tan leves de representatividades y participaciones de las diversas tendencias parece excesivo. ¿Qué papel, entonces, le reservamos al pueblo? Se ios acaba de hablar de la necesidad de que el pueblo partícipe, se ha expresado la confianza en el autogobierno del pueblo, en el caudal de la apartación de sus juventudes, de las nuevas generaciones. Bien. ¿Puede decirse que esos grupos de los que tanto se habla son receptores de ese caudal, de esas aportaciones? ¿Cuál de ellos puede demostrar que cuenta con las adhesiones de esas juventudes, de esas nuevas generaciones?

Esta es la cuestión. Y si se quiere plantearla sobre bases reales no habrá más remedio que dar cauces tan amplios y capaces como sea necesario, para que por ellos discurran esas aportaciones de las nuevas generaciones. Cauces para que, en definitiva, el pueblo deje oír su voz y se haga realidad su participación.

El pueblo dirá a través de los mismos cuáles son ¡os grupos, las tendencias o las corrientes que gozan de verdadero arraigo en. (re los ciudadanos.

Esto es, ciertamente, lo democrático. Lo otro, la democracia de los grupos sin base popular, aunque se llegase a conseguir que todos ellos tuviesen participación, no tendría sentido alguno. ¿En nombre de quién habrían de justificar esa participación? ¿De quiénes se presentarían como mandatarios?

Vayamos, pues, a poner en marcha el mecanismo que descubra hacia dónde se dirigen las asistencias populares. Escuchemos lo que dice el país. Sepamos lo que quiere. No existe otro camino, si se desea su participación y su autogobierno.

Y no se hable más de estos grupos o aquéllos. No representan a nadie. No han pasado todavía la reválida.

Y el tribunal ante el que se han de presentar está compuesto por esas juventudes, por esas nuevas generaciones. Filas tienen la palabra.

BURGUERA

 

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