Autor: Álvarez Puga, Eduardo. 
   Los futuros líderes     
 
 Madrid.    16/07/1969.  Páginas: 1. Párrafos: 15. 

LOS FUTUROS LIDERES

Por EDUARDO ALVAREZ PUGA

ANALIZAR y diagnosticar el futuro politice español se ha convertido en una especie de gimnasia profética ampliamente practicada por los españoles, sin distinción de ideologías ni de posiciones sociales. La gama, de pronósticos e.» tan extensa como variada. Hay quien, arriesgando poco, elabora sus vaticinios manejando exclusivamente ingredientes legalistas. Su hermenéutica singular no va más allá de las normas establecidas.

Otros, más rigurosos, si bien parten también en sus raciocinios de la legalidad vigente, realizan prospecciones en el subsuelo de nuestras estructuras sociopolíticas, en un intento de descubrir corrientes que por razones circunstanciales no emergen a la superficie y que, por consiguiente, no están incorporadas a la normativa actual, pero que pueden estar llamadas a jugar un papel importante en el momento de decidir futuros.

Una de las interrogantes que más curiosidad publica despierta entre los hombres de la calle es la que se pregunta sobre quiénes serán los futuros líderes políticos españoles, los hombres que controlen los centros de poder y responsabilidad de los esquemas socio-políticos de mañana. ¿Serán ocupadas las cimas políticas por los que ahora, sin integrarse en el sistmea, ocupan lo que pudiéramos llamar como "vanguardia reformista"? Por el contrario, ¿tendrán más facilidades para escalar la categoría de "líderes" las personas promocionadas por las que actualmente ostentan ya esa condición?

Al quinielista político español—al igual que al otro, al del "patronato", al ilusionado cazador de millones—se le ofrecen tres signos diferentes para calificar a los "líderes" venideros, según estén "en", "contra" o al "margen" del sistema.

Las cualidades del líder

Por variados caminos se ha intentado bailar una definición de "líder" que satisfaga las exigencias lógicas del concepto. Hay quien, valiéndose de criterios simplistas, ha intentado descubrir las cualidades del "líder" comparando las cualidades comunes de los personajes que a lo largo de la Historia han aparecido como tales. Existen abundantes catálogos de cualidades que definen y otorgan el "liderazgo". Se citan, entre otras, el sentido de la Justicia, imaginación, capacidad para aceptar responsabilidad**», equilibrio personal, capacidad de síntesis, temperamento equilibrado...

La sola enumeración de estas virtudes evidencia la falta de realismo de la teoría, pues una persona que las reuniera todas tendría muy poco de mortal de carne y hueso.

Como un avance puede señalarse, en lo relativo a este problema, la posición de Puckey, ya que no centra exclusivamente sus investigaciones en la personalidad aislada, sino que las conecta con el medio en que se producen. £1 "soy yo y mi circunstancia" orteguiano se hace realidad. Se citan por Puckey como rasgos diferenciadores del "líder" auténtico su capacidad para expresar afanes comunes, su poder de coordinación, su imparcialidad, su capacidad para delegar y para reflejar los progresos del grupo.

Sea cual fuere el criterio que se acepte, de lo que no cabe dudar es que las características definidoras del nivel histórico juegan una influencia decisiva a la hora de fijar las condiciones que ha de reunir una. persona para que pueda desempeñar el papel de ductor. Una comunidad con una sensibilidad media ética desequilibrada—véase el ejemplo de la Alemania de Hitler—generará "líderes" éticamente desequilibrados. Y es que el pueblo, las masas, solamente se dejan arrastrar por aquellas personas que acierten a reflejar sus particulares opciones y sepan transformarlas en ideas-fuerza.

Los líderes españoles

De lo expuesto parece deducirse que el descubrimiento del sentido en que se mueve nuestra dinámica constitucional nos ayudará mucho en la resolución del problema de determinar las personas que mayores probabilidades tienen de erigirse en "líderes" en un futuro más o menos próximo.

No es necesario ser un perito en técnica constitucional ni realizar análisis profundos en nuestra realidad política para descubrir en nuestro sistema político una dinámica constante, aunque con intensidad variable, que promueve la evolución de nuestras instituciones hacia fórmulas más abiertas y democratizadoras. Desde la creación de la Junta de Defensa. Nacional, nacida bajo la urgente presión de la amenaza bélica, hasta los intentos actuales para institucionalizar asociativamente el "contraste de pareceres", es mucho el camino recorrido. La reforma de las Cortes, el Fuero del Trabajo, la. Ley de Prensa, la Ley Orgánica del Estado, marcan etapas de un proceso que aparece ya con los rasgos de inevitable.

Nuestro desarrollo constitucional—entendida la constitución no en un sentido meramente normativo, sino también sociológico, táctico—está definido de un modo claro y rotundo.

Y una sociedad abocada hacia fórmulas democratizado-ras hará viables solamente a los "líderes" que respondan a estas características. No habrá lugar para "jefes", sino para aquellas personas que cuenten con el "consenso" mayoritario; no promocionarán los enigmáticos "carismas", sino la voluntad popular convenientemente expresada... No podemos, pues, intentar medir a los futuros líderes utilizando raseros ya caducados.

El "líder" español del futuro, según todas las probabilidades, será, pues, un "líder" democrático, no sólo capaz de dar órdenes, sino también de traducir los deseos y aspiraciones de la mayoría. Y es en este terreno, por tanto, en un terreno acotado por las coordenadas soberanas del consenso popular y del respeto mayoritario, en el que surgirán los futuros "líderes" españoles.

 

< Volver