Autor: Marañón, Luis. 
   Nueva conciencia y realidad política     
 
 Madrid.    02/01/1970.  Páginas: 1. Párrafos: 15. 

Nueva conciencia y realidad política

Este articulo contiene amplios fragmentos del prefacio escrito por Luis Marañón para su libro "Nueva conciencia y realidad política", recientemente publicado por Ibérico-Europea de Ediciones, de Madrid. La mencionada obra recoge, en su forma original o reelaborados, muchos de los trabajos que ha venido publicando el autor en esta página editorial de MADRID.

Hace unos años el término "nueva conciencia" levantó una gran polvareda en los cenáculos periodísticos y políticos. El trasfondo de la expresión planteaba un enfrentamiento generacional, al menos en el campo de la especulación, cuya frontera ideológica quedaba definida en dos fechas, 1936 y 1939, históricamente claves en el acontecer español. El autor del acuñamiento terminológico, el escritor José María Sanjuán, apenas había rebasado sus bodas de plata con la vida. Una terrible enfermedad redujo sus actividades hastaf extremos verdaderamente dramáticos. En el lecho del dolor recibiría los premios Hucha de Oro—de cuentos—y Nadal —novela—, con los que se rendía tributo a sus inagotables capacidad y vocación literarias. Al poco tiempo de ambos eventos, Sanjuán dejaba de existir mansamente en la tierra de sus mayores. Pero su marcha no supuso se olvidara el "nueva conciencia" por él inventado. Nueva conciencia hizo madre en los odres políticos del país.

Nueva experiencia, nuevo estilo

Al que esto escribe se le incluyó bajo la inquieta y esperanzadora etiqueta. Ninguno de los catalogados bajo el epígrafe llegábamos a la treintena. No hablamos, por tanto, "hecho" la guerra. Los acontecimientos que acaecieron en aquellas dolorosos jornadas nos eran relatados Mt participantes en loa dos bandos y los mirábamos con iría objetividad y una bien medida perspectiva...

Nuestro inconformísmo no podía ser tachado ni de antipatriótico ni de hipercrítica oposición. El problema de España nos atañía como al más exaltado de los españoles. La distinción de nuestra óptica era bien simplista: queríamos construir el país mirando hacia adelante en vez de apegarnos al pasado, por muy reciente y victorioso que fuere.

Gozábamos de una triple ventaja con respecto a la generación que nos precede: por haber sido ajenos #1 conflicto mirábamos a España con serenidad y sin apasionamientos; habíamos cursado nuestros estudios universitarios en unas aulas politicamente asépticas y tranquilas; habíamos realizado frecuentes viajes al Extranjero en los que contrastábamos virtudes y defectos. Con lo cual nuestra toma de conciencia era más completa al haber sido tamizada por el prisma salutífero de la soledad y la distancia. Nuestro compromiso, por tanto, era sincero, hondo, terriblemente pragmático. Nuestro estilo coloquial, antitotalitario, pluralista, revisionista y conciliar. Ni resentimientos malsanos ni banderías perturbadoras.

Nada obcecaba nuestra acción Judicativa. Nuestra ilusión, permeable y antidogmática, no conocía reservas mentales ni límites conceptuales. Nuestras ambiciones no podían centrarse en la conquista del Poder, porque éramos sabedores de nuestra falta de madurez. Y, sin embargo, considerábamos había llegado el momento de entregarse a fondo a la apasionante tarea de poner a España a los niveles de los demás países europeos.

Con vistas a una acción

Han pasado cuatro años desde que agavillamos, en apretado haz, ideas y propósitos. Mucho ha ocurrido dentro y fuera de España. Nuestro pensamiento, aun sentado sobre las coordenadas antes expuestas, ha ido acoplándose con más o menos fortuna a la velo?; transformación registrada en el mundo. Nuestro espíritu continúa estando ojo avizor y otea desde nuestra atalaya carpetovetónica las mutaciones sucesivas en las distintas corrientes políticas, con estudio y sin ira hemos ido midiendo las pulsaciones del proceso político en una serie de patees. Sabemos que todo lo foráneo no puede ser adaptado a nuestro país, ni tampoco puede «r desprecia por el «ero hecho de venir de fuera. En política conviene ser antes que nada realistas, flexibles y tener la atención presta para saber renovarse a tiempo.

¿Y en España?... Mi reciente posición en el rellano de los círculos cercanos a la "decisión-making" de la política económica me impone ser reservado en los temas y prudente en. su enfoque Para hablar con serenidad y claridad debe pasar un periodo de tiempo suficiente para que pueda evitar afloren "secretos oficiales" de mi estancia en el aparato político. Y eso, de momento, no es posible. Bien cierto es, y cada día que pasa lo palpo con mas exactitud, que la vida política española va a remolque del acontecer económico. Este abre puertas y contrae relaciones que el cuerpo político, a regañadientes, se ve obligado a aceptar. Es decir, el tiempo político es infinitamente más lento y rígido que el económico. Y el pueblo español, afanado en el quehacer nacional del desarrollo, se deja marginar, entre escéptíco y desinteresado, de la decisión política. A los que pomposamente se denominan a sí mismos "políticos" la masa media los ignora o, todo lo más, los recibe esbozando una enigmática sonrisa. En puridad la clase política cuenta poco o casi nada en la vida del país. A los únicos que Interesa escuchar o ver rebasan el nivel de subsecretario. De ahí para abajo, apatía y apartamiento. Ante ese cuadro despolitizado cabe preguntarse: ¿qué reacción se produciría de torcerse la marcha de nuestra economía? No parece difícil aventurar un pronóstico: los males serian achacados a la "mala política" llevada por los dirigentes.

Los dos hechos políticos del 69: sucesor y Gobierno

Cuando habla ya cerrado las páginas originales, el General Franco sorprende al país con el nombramiento de su sucesor en la persona del Príncipe don Juan Carlos de Borbón y con un mastodóntico reajuste de su Gabinete. El futuro político de España, siguiendo nuestro cuadro constitucional, al desaparecer Franco continuarla su tranquilo rumbo a través de la recién instaurada Monarquía del Movimiento. Aquí y ahora se evitan, con la tal decisión sucesoria, los posibles vacíos y los divorcios políticos augurados. Ahora bien, ante la importancia del instante conviene hacerse cuatro preguntas de largo alcance: ¿cómo será acogida por la juventud estudiosa una Monarquía que viene traída por la mano de los vencedores? ¿Cuál será la reacción del mundo laboral ante el continuismo coronado? ¿Cómo encajarán esta peculiar designación—con plausible ruptura del fundamental nexo hereditario—los intelectuales y la oposición en la sombra? ¿Qué capacidad de convencimiento se reflejará, en el pueblo español al contemplar que los principales denostadores de la institución real se han convertido de 1* noche a te mañana en monárquicos convencidos? Los "nueva conciencia", a los que no cabe tacharnos de logreros, aceptamos la fórmula racionalmente, al tiempo que nos ponemos a meditar tales preguntas con verdadera preocupación.

Esquema de la crisis

Con respecto a la crisis ministerial acaecida, conviene señalar que a nadie ha sorprendido, salvo en el "quantum". El ambiente de cambio arrancaba desde los comienzos del año 1969. La Administración estaba con el reloj parado desde esa fecha. Los ministros—y, por consiguiente, los subsecretarios y los directores generales—vivían un clima de auténtica interinidad. Funcionarios y Comisiones interministeriales dialogaban con recelos y a pasos quedos. Cortaba el aire un tufillo raro e Incómodo que hacía vestirse toda la acción pública de un hábito pespuntedo de hilvanes esencialmente provisionales, El Estado de excepción vino a parar los rumores de posibles cambios. Cuando se vuelve a hablar de "ministrables" se produce la "operación Príncipe", y con ella la clase política da por finalizado el curso y se lanza a disfrutar el veraneo. Pero éste poco iba a durar. Al iniciarse el mes de agosto se destapa—¿improvisadamente?—a toda plana y linotipia batiente un gran escándalo financiero. Propios y extraños permanecen asombrados ante la aparatosa publicidad y las toneladas de tinta que comentan el suceso. Pero ese extraño consentimiento iba a Jugar de "boomerang" político para, finalmente, constituirse en la chispa que acabaría por incendiar totalmente la lánguida brasa de una crisis ministerial que llevaba largos meses barruntándose.

"Gracias" al anárquico comportamiento de ciertos órganos de expresión, el régimen había sufrido un severo desgaste, varios ministros aparecían ante el país políticamente aniquilados, el prestigio de la exportación española se ponia en entredicho y la opinión asistía espeluznada en medio de la polvareda política que se habla desencadena do. ¿Como se había permitido tan devastadora campaña de

rensa? ¿Es que el régimen, cansado por el tajo de treinta años largos, era incapaz de reaccionar ante tales situaciones? La contestación a esas dos preguntas tardó en aparecer pasados casi dos meses. La sustitución o trasvase de catorce carteras ministeriales habla por sí sola del alcance y la profundidad con que el reñido pulso político se ha dilucidado. Algunas facciones, que tradicionalmente compartían el pastel del Poder, han sido barridas del ágape. Desde el año 1939, España no había sido testigo de un cambio de color político tan radical: del azul al blanco. Termina el año 1969, y el 70. en breve, abrirá sus puertas.

La nueva déca4a a configurar por los españoles se asienta sobre dos pilares de cuño reciente : un nuevo Príncipe y un nuevo Gobierno.

POR LUIS MARAÑON

MADRID 2 DE ENERO DE 1976

 

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