Autor: Sentís, Carlos. 
   No son otros López     
 
 Informaciones.    19/02/1970.  Páginas: 1. Párrafos: 14. 

NO SON OTROS LÓPEZ

Por Carlos SENTIS

COMO en huida hacia adelante, el señor López Bravo se dio a viajar furiosamente tan pronto cogió el timón de una nave llamada Santa Cruz. Algunos ante tal tejer y destejer, tantas idas y venidas, no acertaban a adivinar si era o no, como la de Penélope, la túnica que urdía la lanzadera proyectada hacia el exterior

En lo tocan e a Gibraltar no faltaron, particularmente en Londres, los que echaron campanas a vuelo creyendo en el adevenimiento de Dios sabe qué. Muy pronto volvió a sonar, como un estribillo, la campanilla de la constante histórica y, de momento no ha habido más.

El naso por Moscú, camino de Felipinas, encendió una llama que parecía tba a devorarlo todo. Muy pronto, sin embargo, pareció que el fuego había sido mas bien de virutas. En el propio palacio de Santa Cruz se pudo decir que la escala de Moscú, con entrevista, no al mismo nivel ministerial, no fue casual ni meramente técnica. El ministro, en cambio, prefirió no ¿ai pábulo a la especulación y recordó que el aparato normalmente debía nacer etapa en Taschkent. aeropuerto que cambió, en curso de ruta, por Moscú por razones meteorológicas ¿Fue realmente asi? En realidad los contactos o ilirteos sovieticos-hispanos vienen a ser como el viejo luego de Materile. Cuando uno sale a buscar las llaves, el otro retrocede y viceversa. Varias veces he presenciado y hasta vivido —en Rusia o en España el avance de una de las partes con el «Yo las vengo a buscar». Siempre he podido comprobar cómo el retraimiento se acusaba, cual caracol que repliega antenas, en el solicitado.

El viaje a Marruecos, tan importante vecino para nosotros, parecía imponerse de entrada Pero López Bravo, por lo que respecta al área árabe, debutó por El Cairo.

Esta semana pasada ha ido a una meta oor donde hubiera podido empezar, y se demostró en seguida que, en efecto, junto al Sena ha dado en la diana En tres apretados días de estancia allí y después de una escalada que le llevó de Schumann a Pompidou, pasando por Chaban-Delmas. volvieron las relaciones hispano-francesas al mismo plano amoroso que caracterizaron los tiempos del viaje de Edouard Herriot a Madril

¿Novedad? Nada nuevo hay bajo ´la capa del «Rey» Sol y 8i hemos escrito «volvieron» es porque, en este sector, también ha acabado por funcionar la constante histórica. Desde la paz de los Pirineos, a través de más de tres siglos España y Francia no han sostenido ninguna guerra de tipo nacional Por tal no puede considerarse la lucha napoleónica, tracción o parte de un intento dictatoria! para remodelar toda Europa e invasión por iniciativa personal sin remvindicación territorial ni encono entre pueblos. Cuando el pueblo español entró en guerra lo fue por ansia de Justa defensa o independencia y trente al Ejército de ocupación más que contra la nación vecina.

¿Llegaremos otra vez añora a una especie de Sonta Alianza? Hubiera quedado quiza mejor la acogida al ministro de Asuntos Exteriores español si en la cordialidad no anduvieran mezclados ios 40 «Mirages III-En Pueden hacer creer que media un auténtico espejismo cuando nosotros estamos convencíaos de que la amistad y espíritu de colaboración por parte francesa —como por parte española— es absolutamente real y sincera, sin «Mirages» o espejismos.

Lo que podríamos llamar Ja «inteligencia», tanto de aquí como de allá, no ha dejado de ser favorable al peno entendimiento y cooperación. pese a las guerrillas políticas que. a falta de guerras de verdad. han menudeado para desavenencia o envenenamiento de las relaciones entre ambos países Esta atosigante guerrilla política, modernamente alimentada por un marxismo de tercería, nos obligó a vivir momentos muy represivos. Casi peores que los tiempos de la batalla de Bailen fueron los que envolvieron el increíble cierre de la frontera en e! 1946 Madrid había mandado, como embajador, a París a Miguel Mateu. un nombre cuya sola presencia allí era una demostración de voluntad conciliadora: todo el mundo podía saber que era un positivo amigo de Francia. Cuando un día fue a ver a Georges Bidault para preguntarle si podía ir a pasar, con los suyos, las Navidades a Barcelona, el ministro del Qual diOrsay le contestó: «Vayase tranquilo. Los comunistas pueden intentar algo, pero jo prendral le toreau par les cornes" » Debe ser muy mal torero Georges Bidault, pues en lugar de «agarrar al toro por los cuernos», dejó caer, como un doctor Guillotin. una cortina de hierro sobre la frontera, dejando del lado de acá al popio embajador Mateu.

Tan contra naturaleza son los impedimentos a las buenas relaciones hispano-trancesas, que aquel cierre de la frontera lo pagó Francia muy onerosamente. El mercado español, uno de los mejores de que dispone Francia, se perdió para ella, y los ingleses, pese a ser también firmanter —con Estados Unidos y Francia— del acuerdo tripartito trente al Gobierno español, se precipitaron a mandar por vía marítima —¡mares apertos!— toda clase de automóviles «Austin», lanzados a corretear por nuestras carreteras privadas a los «Renault», «Citroën» o «Peugeot».

El latigazo de la realidad —o del realismo político— fue sangriento. Abrieron los franceses la frontera en cuanto pudieron, y Bidault. que entonces se arrepintió por razones económicas, lo lamenta hoy también por motivos políticos. Sus lágrimas pueden ser las de Boabdil, porque rara ocasión da la política para poder decir como los ciclistas al final de una etapa´ «la próxima vez lo haré mejor» La lección, de todas maneras, pudo haberla aprovechado Schumann, adlátere entonces de Georges Bidault. Viendo su sonrisa —un poco mecánica, como los pianos— acogiendo a López Bravo lo recordaba...

Mejor que los hombres de la democracia cristiana actuaron, para el restablecimiento de las relaciones hispano-francesas. personas como Mendes France —el primero que abrió y casi liquidó el expediente hispaño-francés— o políticos del centro, como Pinay. o pragmáticos militares, como De Gaulle.

Si añora Pompidou na coronado un pequeño obelisco —ae concordia labrado por varios gobernantes franceses que le han precedido, por su parte, López Bravo es el vistoso torreón de un galeón español tan pro trances como los del tiempo del almirante Villenueve. que, en difíciles aguas, ha sido propulsado por estorzados remeros. Muy poco después de nuestra guerra civil, ios generales Jordana y Beigbeder fueron, en el palacio de Santa Cruz, amigos de Francia. Nunca desmintieron tai inclinación, en el mismo Ministerio, Martín Artajo y Castiella: este ultimo lanzó entre nosotros la cruzada mediterránea que ahora en París han otrecido a manos líelas Casi todos nuestros embajadores en Paris jugaron la carta de la amistad entre amóos países, aunque no siempre hallaron, en reciprocidad ia misma mano abierta que ellos tendieron.: Sangróniz. en los inicios: Casas Rojas, tan simpático, mas tarde, un >• mínente político, como es Motrico, le sucedió y ahora un gran jurista, que «ss tan catalán como el citado al principio, aunque «ejerza» menos que Mateu. cierra brillantemente la lista.

El ministro de Industria, López de Letona, acaba de decir llevado por la misma onda que su colega y homónimo ministro de Asuntos Exteriores que en 1980 no habrá Pirineos en el terreno de lo económico

Lo cierto es que el actual Gobierno, donde función tan preponderante tiene también otro López Rodó, no ha inventado o innovado en una andadura múltiple nacía una estrecha colaboración con Francia Los de hoy no son otros López.

19 de febrero de 1970

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