Autor: Bedoya, Javier M. de. 
   Los políticos del desarrollo     
 
 Informaciones.    14/04/1971.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

LOS POLÍTICOS DEL DESARROLLO

Por Javier M. DE BEDOYA

LA política alcanza su verdadero significado cuando la salida del Poder representa una alegre, una auténtica, una siempre deseada liberación Individual.

Los hombres, en su vida privada, pueden vivir a «u aire, con sus defectos, con sus licencias, buscando el beneficio personal, dando cauce a sus inquietudes, a sus prisas o a sus aficiones.

Sin embargo, el contraste con el servido a tos demás, con la vida pública, debe de llegar a ser marcadísima Quien acepte participar en el Poder, para mantener y mejorar las condiciones de convivencia entre los hombres, deberá hacerlo por espíritu de sacrificio, consciente de que a las puertas mismas del Poder tienen que quedar todas sus libertades. Incluso la de ser genial.

En los países atrasados y subdesarrollados suele pasar casi siempre lo contrario: el Poder suele ser la posibilidad de hacer mucho por uno mismo (en el orden de las riquezas, de los placeres, de la originalidad) y muy poco en favor de los demás hombres.

En cambio, en los países desarrollados, la condénela de que se puede servir a los otros seres solo madura cuando cada uno ha sido capaz de servirse con eticada, cuando cada persona (en su ámbito) va dándose cuenta de que ya no necesita de si a fuerza de ejercitarse en la victoria habitual.

Las Ideas son importantes en política, no cabe duda al respecto. Se trata de tener un programa frente a los problemas que en cada etapa nos angustian, un repertorio de ilusiones, un índice de temas estudiados con aura poética, con vaticinio de éxito. Las ideologías y los programas movilizan a las gentes, y las afinidades ideológicas constituyen un buen respaldo de los diferentes sectores sociales así concertados, en favor de quien aspire a hacer algo desde el Poder.

Pero nunca, nunca, se debe olvidar, desde arriba y desde abajo, que, al Igual que acontece coa la fuerza coactiva del Estado, tampoco son abstractas las ideas las Ilusiones, las soluciones posibles, las auras con mensaje. En la vida todo se encarna, por» ser, se encarna en seres concretos. Por consiguiente, ai hablar de política, los poderes del Estado, las Ideologías, los programas, las ortodoxias, las esperanzas y las solidaridades, todo, se encarna en personas concretas, y la cuestión, la gran cuestión, es y será siempre elegir entre unos hombres y otros hombres concretos para que algunos afronten la vida durante un espacio de tiempo en lo que deba de tener de estrictamente comunitaria.

No es de extrañar, pues, que puestos a dar tantas cosas (fe, poderes, pensamientos, ensueños), los hombres, en general, busquen para políticos a personas centradas, discretas, que realicen las grandes ideas a dosis tolerables a fin de que las comunidades no vivan en el sobresalto, sino más bien en la continuidad de la reforma pacifica.

Evidentemente que la Historia nos ofrece excepciones de pueblos entregados al paroxismo de las conquistas, de las revoluciones o del terror por haber llevado al Poder a hombres fuera de lo corriente, excitados por una volcánica creatividad. Pero lo normal son los políticos que, en su entrega a los demás, sacrifican su paz personal y sus gustos individuales para ofrecer con su propia intranquilidad, con su propia contención, con la exageración de sus propias limitaciones, ese sosiego en el que la mayoría de los ciudadanos pretenden vivir cuando las cosas les van aceptablemente.

Se comprende que en tiempos normales la política tenga tales caracteres de carga, de servicio de conciencia, de exigencia de equipo, de necesidad compartida, de turno a honorar y de salida ansiada, que a los puestos de gobierno se llegue con el mismo espíritu con que se llega a los puestos directivos de las comunidades de vecinos-propietarios, de esas comunidades de propiedad horizontal de las viviendas que hoy pueblan nuestra realidad social. A través de este ejemplo sencillo millares de españoles comprenderán mejor lo que quiero decir en relación con el estilo que deben adoptar quienes acepten cargos de confianza en el cuadro de una política normalizada. i Que sea asi, sin trascendentalismos, con afán de ser otiles de verdad y sin pena al terminar cada mandato!

14 de abril de 1971

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