Autor: Fernández Armesto, Felipe (AUGUSTO ASSÍA). 
   La moderación de las opiniones políticas en España     
 
 Ya.    16/11/1972.  Páginas: 1. Párrafos: 18. 

16-XI-1972

INFORMACION NACIONAL

ESCRIBE AUGUSTO ASSIA

La moderación de las opiniones políticas en España

Querido director: No soy yo sólo al que tiene Intrigado el contraste entre la confianza económica y social que alienta en el régimen y la desconfianza política que le atormenta.

Muchos de los españoles que han vivido después de la última guerra en Europa comparten mi perplejidad y la comparten también no pocos extranjeros de los que viven en aquélla o aquellos otros cuya misión es cuidar, desde los solios de los distintos países, las relaciones entre España y Europa.

Aunque los extremismos se dan aquí con la misma violencia que en- otros países y con la misma brutal ociosidad, y si no, basta con referirse a lo ocurrido en Zaragoza, no hay en Europa hoy nación que cuente con la concurrencia estabilizadora de una masa media tan extensa, comedida, satisfecha y fuerte como la que asiste al régimen español. En comparación con España no sólo es Inglaterra, donde la discrepancia responde a la naturaleza, reñidero de galos y palenque de diferencias y refriegas; lo es Francia, lo es Italia, lo es Alemania, y en todas estas naciones los Gobiernos tienen que afrontar hostilidades y desavenencias Incomparables con las que se debaten contra el español. Es que en España no se permite la oposición; si se permitiera, ya veríamos. Podrá objetárseme, y es verdad, que en España no está permitida la oposición en el Parlamento o en otros órganos públicos. Nadie la Impide en los cafés, en los vagones de ferrocarril, en Sos autobuses municipales de Madrid, en los halls de los teatros, en las cenas políticas o en las corredoiras de los campos gallegos, y hable usted con quien quiera en cualquiera de estos lugares españoles donde la oposición es libre y esté usted seguro de que las opiniones que usted puede descubrir no son más, sino menos extremadas que las que le saldrían a usted al paso en los respectivos palenques de Alemania, de Inglaterra, de Francia o de Italia. Entre las cosas que distinguen a la España de hoy de la de mi juventud, la moderación de las opiniones políticas os ia más sorprendente, y en mi humilde criterio la más reconfortante consecución del régimen, más reconfortante que el desarrollo económico o social y, desde luego, mucho más que el desarrollo turístico o la opulencia de las reservas en dólares.

Por qué la Administración se vanagloria tanto de estas últimas consecuciones y tan poco de aquélla, es una de las cosas que a los observadores con experiencia europea nos tiene desconcertados.

Nuestro desconcierto, señor director, ha -sido llevado a su punto cambre por el acontecimiento de que el ministro del Movimiento, señor Fernández-Miranda, fue recientemente protagonista y centro pero sobre todo por las interpretaciones periodísticas y la publicidad que su interesante intervención ha desencadenado. Aprovechando el primer diálogo que un poco a imitación de loa europeos, aunque poco, lia tenido lugar en nuestras Cortes, el profesor Fernández-Miranda le ha echado el cerrojo a las asociaciones, a ¡as que denunció como posibles puertas traseras para que los partidos se cuelen de rondón otra vez en nuestro apacible ámbito.

El profesor Feniández-Miranda es el ministro del Movimiento, y aunque la ocasión quizá mi fuera !a más apropiada, probablemente tiene perfecto derecho y está en sus funciones a entonar el sermón funerario de !as asociaciones, y, la verdad, a mi no me va ni me viene, y me de ja sin frío ni calor.

APARECEN LAS "TENDENCIAS"

Pero, según las más autorizadas interpretaciones, el entierro de las asociaciones va a ser acompañado por la reafirmación de e! "contraste de pareceres" y la "concurrencia de criterios". Don Emilio Romero, a mi modo de ver ei más hábil, el más enjundioso y el más constante de los hermeneutas, sino del régimen desde luego del Gobierno, o de los sucesivos Gobiernos, ha adelantado la tesis, que supongo autorizad», según la cual en sustitución de las asociaciones -aparecen ahora las "tendencias", j así como tras las asociaciones avizoraba el peligro de que los "adversarios del régimen" lo debilitaran ´´apoyados en un reconocimiento del pluralismo general", las "tendencias" no esconden tal peligro.

El "contraste de pareceres" va n ser ahora, por lo visto, después del "coloquio" del ministro con loa procuradores, el vehículo de nuestro desenvolvimiento constitucional, el agora donde hemos de encontrarnos tirios y tróvanos, resolver nuestras diferencias y llegar a la "concurrencia de criterios".

CUESTIÓN DE NOMBRES

En principio, la cosa puede no estar mal ´como puede no estar bien. Los ingleses dicen que no huele una rosa diferente porque se la llame con uno u otro nombre. Si lo que se quiere aquí es que los gobernados y los gobernantes dialoguen entre sí, que nos expliquen sus ideas los gobernantes y los gobernados podamos exponerles nuestras ansiedades, que la Administración pública funcione movida por el combustible de la mutua comprensión, las "tendencias" pueden ser un procedimiento tan bueno como otro cualquiera, pues no olvidemos que el país más constitucional del mundo no tiene constitución. Ahora bien: yo, señor director, no podría ocultar mi inquietud si el "contraste de pareceres" llamado a surgir de las "tendencias" anunciadas por el ministro Fernández Miranda ha de responder a la descripción que del acto en las Cortes nos ha dado, con su habitual brillantez, mi admirado colega don Emilio Romero.

EL ENTUSIASMO DE UN ADJETIVO

Según don Emilio Romero, el mencionado acto constituyó para el ministro una "apoteosis", un adjetivo quizá arrancado al entusiasmo, pero aun cuando el entusiasmo es sometido al frío análisis, don Emilio Romero no es menos contundente y nos habla de que las "fintas" del ministro para con sus apabullados contrincantes "resultaban admirables y espectaculares", que hizo de loe procuradores que le interrogaban "una descomunal carnicería dialéctica" y que el ministro estaba allí "sin inmutarse, tranquilo, esperando a que engordaran sus adversarios de acusaciones, de críticas, de censuras, do descalificaciones, relamiéndose como si fueran pulgarcitos. Y, naturalmente, una hora después empezó a comérselos", todo lo cual no es sólo, a mi modo de ver, señor director, una interpretación curiosa de aquello en

que consiste el parlamentarismo, sino que si es, como de un intérprete tan autorizado cual don Emilio Romero, quizá deba deducirse una estampa adelantada de aquello en lo que va a consistir el "contraste d« pareceres"; yo, la verdad, no me inclino a sentirme demasiado optimista.

PARA ESTE VIAJE NO NECESITAMOS ALFORJAS

Pero no sólo a los procuradores que se atrevieron a hacerle preguntas, una osadía de la que permanecieron apartados los "grandes parlamentarios", según nos cuenta don Emilio Romero, sino que también — agrega — "hizo del derecho constitucional fuegos artificiales, cucuruchos de papel, recetas de cocina, juego de la oca", la verdad, una actividad muy respetable, pér.o para la que, a fe mía, no veo qué necesidad había de enterrar las "asociaciones" y crear las "tendencias", ni, a fe mía, señor director, veo qué cosa nueva nos ofrece e] nuevo diálogo y la perspectiva tal cual ríos la describe don Emilio Romero, más bien me temo que para este viaje no necesitábamos alforjas. ¿Qué quiere decir, saliendo ya del ruedo ibérico, sobre ¡a interpretación que la perspectiva de nuestra» relaciones con el Mercado Común le es atribuida al señor ministro? Pero de esto que me ha dejado tan perplejo como me ha dejado don Emilio Romero con su descripción de lo que es un verdadero "contraste de pareceres", he de hablarle, si usted me lo permite, en otra carta.

LA TIERRA YA ESTABA mHECHA

Por lo demás, y volviendo al principio, todo esto recuerda un tanto la leyenda islandesa del mago que intentó hacer la tierra sin saber que ya estaba hecha. Nuestros políticos tienen una gran opinión, pero la temen, la ignoran y ia acallan para tratar de hacer otra, que no está al alcance de sus fuerzas, con lo que quedo da usted afmo. s. s.

Augusto ASSIA

 

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