Autor: Martínez Emperador, José. 
   Los inmovilistas     
 
 Ya.     Páginas: 2. Párrafos: 14. 

LOS INMOVILISTAS

ES indudable que el Estado de Derecho y la división de poderes son, en su conjunto, la más estimable herencia que el liberalismo entregó a la humanidad.

A\ hacer esta afirmación no trato de sentar plaza de converso. Si un examen desapasionado de la teoría me hace reconocer estos aciertos, el mismo examen imparcial me permite comprender la tremenda injusticia liberal cuando d« la política se traslada al campo de la economía. El liberalismo concede patente de legitimidad a toda minoría, física o jurídica, que legalmente detente l;i propiedad de los bienes de producción en detrimento de los que por sus servicios sólo reciben un trato salarial.

Efectivamente, las garantías individuales y la contraposición del legislativo al ejecutivo, como poderes independientes junto al judicial, que preserva a los ciudadanos de cualquier dictadura, fueron las grandes conquistas de la Revolución Francesa. Motivaciones ideológicas personales me impiden situar a idéntico nivel el sufragio universal y la acepción partidista.

Por muy liberal que sea una nación, siempre habré, individuos de mentalidad y talante conservador refractarios a toda reforma por mínima que sea. El conservador es consustancial en cualquier tipo de sociedad política.

Cuando el conservadurismo se inclina totalmente a la reacción, formando la derecha de la derecha, se produce como estado ambiental el inmovilismo político, que intenta dejar en vía muerta cualquier desarrollo.

Se equivocan quienes opinan que esta clase de inmovilismo es el único factible. También en la realidad socio-económica, las oligarquías reaccionan contra una posible reforma de las estructuras, no ya desde un prisma revolucionario, sino simplemente evolutivo. Progresistas en lo político, pero retrógrados en lo demás, comportan hoy la imagen de aquellos liberales que hace más de un siglo instauraron la burguesía como centro de! poder constitucional y económico.

PERO nosotros ahora, sólo queremos tratar del inmovilismo político, inmovilismo que desde hace algún tiempo representa la "élite" más fuerte del establecimiento. ¿Cuándo aparecen los inmovilistas?

Nadie puede negar que España, desde 1957, experimenta con éxito un profundo crecimiento económico.

Nuestra renta "per capita" y el producto social bruto han aumentado considerablemente, se han alumbrado nuevas fuentes de riqueza, se han montado importantes industrias, la agresividad del comercio exterior alcanza unas cifras que hace pocos años hubieran parecido desorbitadas e ilusorias, las aficiones de los españoles han cambiado no sólo en la satisfacción de las necesidades primarias, sino incluso en las que se derivan de toda una filosofía del ocio y del bienestar. Esto no precisa otro comentario. (Sólo pudiéramos discrepar de este espectacular desarrollo porque SI mismo se haya realizado sobre bases indicativas y no socializantes, que se haya tenido más preocupación por conseguir una tarta gigantesca que por repartu mayores porciones para todos Pero ésta es otra cuestión sujeta a discusiones y criterios.)

Muchos españoles desean va parecido desarrollo político que sincronice con esta gran escalada formando un todo armónico y completo, y echan en falta un des arrollo integral.

SE dan en nuestro país, y en e resto del mundo, ciudadano: discrepantes con el sistema y ciudadanos coincidentes. Los prime ros, pocos y desorganizados, atomizados en grupos heterogéneo; que van desde la extrema derecha a la extrema izquierda, abominar del orden establecido por considerar que contradice sus idéales políticos; para éstos, su mayor ilusión es derribarlo; sin embargo los segundos confían en su justicia, aceptan las instituciones como algo normal y cotidiano.

Ahora bien, entre los segundos Indiscutiblemente más numerosos pues un régimen político no se mantiene si no cuenta con la aquiescencia activa o pasiva de la mayoría, se producen igualmente dos importantes tendencias: quienes aceptando integramente el sistema tratan de perfeccionarlo ajustándolo a las necesidades del tiempo, y quienes interpretándose sus custodios lo introducen en un permanente estado de hibernación política, para preservarlo de cualquier mutación histórica.

NUESTROS inmovilistas, al igual que los inquilinos de la caverna de Platón, solo ven las sombras de los objetos proyectadas por el sol, considerando un atentado a los valores nacionales cualquier propuesta de evolución de las posibilidades que encierra él sistema. Para los inmovilistas, lo que no sea total aceptación de sus tesis de contención es desviacionismo, cuando no traición abominable.

Los que propalan inquietudes y alarmas sin fundamento, quienes convocan a la defensa de importantes cosas que hoy no ofrecen peligro, quienes topifican constantemente unos ideales que nacieron para no quedarse petrificados debieran dedicar su titánico esfuerzo a colaborar en la consecución de una sociedad más próspera, más edificante y equitativa, porque cuando la unidad de & Patria, su honor y dignidad se encuentren en entredicho, también los no inmovilistas defenderán, como en otras ocasiones, aquello que constituye un patrimonio común irrenunciable.

No seré yo quien niegue el pan y la sal a los inmovilistas. También ellos tienen derecho a "un lugar bajo el sol". Pero a los demás también les asiste el derecho de expresarse y conducirse de forma muy distinta siempre que su expresión y conducta no fuercen los límites de la legalidad y que el poder organizado del Estado no establezca ningún trato discriminatorio, porque no es justo que a unos se les proteja, o al menos se les tolere, y a otros se les censure.

El extremismo, venga de donde venga, sea rojo o blanco, siempre es malo. Un país nunca podrá prosperar si se encuentra prisionero de los grupos, aunque algunos de estos grupos, enmarcados en la ortodoxia, renieguen de los partidos tradicionales.

José MARTÍNEZ EMPERADOR

Consejero nacional del Movimiento por Madrid.

 

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