Autor: Fraga Iribarne, Manuel. 
   Gobierno responsable y oposición igualmente responsable     
 
 Ya.    08/05/1973.  Página: 7-8. Páginas: 2. Párrafos: 19. 

Pag. 7—YA

Gobierno responsable y oposición igualmente responsable

Fuerte participación mayoritaria, mediante órganos adecuados, en el Gobierno y en so control

ESTO EXIGE DESCENTRALIZACIÓN Y PUBLICIDAD EN EL MANEJO DE LOS ASUNTOS PÚBLICOS

Cada país ha de buscar sus fórmulas, pero nadie puede eludir el problema ni darlo por resuelto con sofismas

Extracto auténtico de la intervención de don Manuel Fraga, Iribarne en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.

UNO de los temas básicos de la cultura política occidental es la doctrina de representación política, de la que ha podido decirse que ha sido tan importante para el desarrollo político como la invención del vapor para el desarrollo técnico. Los griegos, por no saber crear un sistema representativo, fueron incapaces de superar el Estado-ciudad, mientras que Roma, por la misma causa, vio destruida la libertad política.

Los Concilios y las Cortes constituyen las bases de unas instituciones, a la vez representativas por su origen y deliberantes por su función, que permitieron la elaboración de fórmulas interesantes para unificar grandes comunidades, unir esfuerzos y al mismo tiempo dar un cauce para la reparación de agravios, la aprobación y control de los gastos públicos y la discusión de las leyes y de los asuntos públicos en general.

Todo ello suponía una determinada concepción de la sociedad, con un consenso moral basado en la unidad religiosa. Las cosas se complicaron en la Edad Moderna, al romperse la unidad religiosa europea, a la vez que aparecen otras culturas en América y en los demás continentes. Mientras el Estado moderno ha de robustecer sus instrumentos de control político, militar y administrativo (debilitándose el viejo constitucionalismo estamental, salvo en Inglaterra, donde el Parlamento logra sobrevivir), la doctrina de la representación ha de adaptarse a una nueva realidad: la de Jas sociedades de las clases medias, urbana e industrial. Numerosos países, en estas tránsitos difíciles, han perdido la capacidad de articular una representación, es decir, una fórmula de legitimidad el poder politico; lo que les aboca a une crisis política permanente, a sucesiones difíciles, a amplias zonas de despolitización, o bien de alienación y contestación.

AUTORIDAD Y CONFIANZA

DE aquí la necesidad de replantearnos el problema de la representación política como un tema clave de nuestro tiempo. Representar, como ia misma etimología de la palabra lo indica, es nacer presente a una persona, o a un grupo, o a una idea, a través de otra persona o personas o de símbolos adecuados. No hay representación sin autoridad en el que representa y sin confianza (expresa o tacita) en ios representados. Caben numerosos procedimientos de lograr ese binomio "autoridad-confianza"; pero si no se produce efectivamente, no hay legitimidad ni, por lo mismo, un equilibrio social estable. Por otra parte, en las complejas sociedades de hoy, los procesos representativos han de cumplir a le vez una función, unificadora (de todos los grupos en una representación nacional) y particularista (dando acceso a la voz múltiple de numerosos grupos geográficos, de edad o de intereses legítimos).

En los grandes Estados de hoy es cada vez mas difícil establecer un proceidimiento efectivo de representación política, a través del cual la mayoría de los ciudadanos pueda ejercer una influencia en

los asuntos públicos, y en la que, al mismo tiempo, los grupos principales se sientan participantes, e incluso sé no logran que triunfe su punto de visita, se consíderen vinculados por las decisiones tomadas, con arreglo a un procedimiento aceptado como válido.

GOBIERNO DE LAS MAYORÍAS Y RESPETO A LAS MINORÍAS

DOCTRINA del gobierno por la mayoría, y su correlativa del respeto y garantía de las minorías. Ambos principios presuponen un consenso básico en un bien común superior; una Igualdad mínima entre los ciudadanos y las ciases sociales, y una confianza básica en que el sistema institucional y sus regías de juego permiten un mínimo de Igualdad de oportunidades, que permitan un día a las minorías convertirse en mayoría, sin salirse del sistema. Sobre estas bases ha llegado a funcionar un sistema representativo razonable en los países anglosajones, que otras sociedades han intentado copiar, con variable fortuna. La construcción conceptual del Estado como persona jurídica ha permitido concebir a todos sus árganos como representativos, incluso aquellos de carácter no electivo, a través de un Juego de responsabilidades y delegaciones o refrendos. Pero el sistema empezó a actuar con más dificultad a medida que su mismo desarrollo, a través de la extensión del derecho de sufragio, dio lugar a la creación de grandes organizaciones (partidos, sindicatos, grandes empresas de comunicación social) para encauzar la democracia dé masas. La centralización y burcratizacíón creciente de estas organizaciones intermedias en numerosos casos ha logrado los cauces representativos que, paradójicamente, funcionaban de modo más auténtico en la época d* los "notables".

CRISIS DE LAS IDEAS Y DE LA PRACTICA

EN el siglo XX, y sobre todo a partir del gran desarrollo de las burocracias, paralelo al de los servidos sociales del Estado, hay por «lio una fuerte crisis de las ideas y de la práctica en cuanto a la representación política.

De aquí la creciente despolitización de las masas, y !a emergencia preocupante de minorías (cada vez más numerosas), que se sienten alienadas y tienden a la contestación. En sistemas políticos muy diversos se puede apreciar este fenómeno de rechazo total de unos procedimientos de decisión en los que uno no se siente representado. Se puede observar una curiosa coincidencia entre movimientos como el "poder negro" o la "nueva izquierda" en Estados Unidos, y la desesperada búsqueda de un "marxismo democrático" en la Checoslovaquia de 1968, o en los intentos doctrinales Lucáks o de un Milovan Djilas.

GOBIERNO Y OPOSICIÓN

RESPONSABLES El problema debe ser planteado a partir de las relaciones sociales y políticas del presente. Las sociedades urbano-Industriales de hoy requieren nn Gobierno fuerte y una Administración técnica y eficaz; mas, precisamente por ello, necesitan una fuerte participación mayoritaria, a través de óiganos adecuados, en el Gobierno y en su control. La tecnocracia sin control es el fenómeno mas peligroso de nuestro tiempo. Ese control no es posible sin oportunidades abiertas razonablemente al acceso a la clase política, y sin que ésta se reparta inteligentemente los papeles de Gobierno y oposición; Gobierno responsable y oposición igualmente responsable. Ello exige, además, una profunda descentralización, para acercar el nivel de las decisiones a los interesados; un clima de publicidad en el manejo de los asuntos públicos con una educación permanente de la opinión en los mismos, y una decidida distinción entre la seguridad del Régimen y la plena responsabilidad de los que fracasen o delincan en «1 ejercicio de funciones públicas.

En las ciudades-estado de la antigüedad funcionó la democracia directa; en los países del siglo XIX, la democracia representativa; pero que en numerosos países inmersos en 3a grave crisis de nuestro tiempo están naufragando a la vez le democracia y la representación. Es necesario restablecer el principio >Je representación, de modo que se reduzca al mínimo la dominación y se potencie la autoridad; se multiplique la participación, sin mengua del necesario liderazgo. Cada país habrá de buscar sus propias fórmulas, pero nadie podrá eludir el problema, ni menos daiUo por resuelto con sofismas que no logren el reconocimiento y la confianza general. Y eses fórmulas han de encamar en Instituciones jurídicas que den la estabilidad y la garantía del Derecho al orden establecido y a cada uno de los ciudadanos.

 

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