Autor: Cano Hevia, Juan Luis (CANEVIA). 
 La democracia como dilema. 
 Libertad y democracia     
 
 Ya.    12/05/1973.  Página: 7-8. Páginas: 2. Párrafos: 6. 

LA DEMOCRACIA COMO DILEMA

LIBERTAD Y DEMOCRACIA

LOS peores enemigos de la democracia resultan a veces loa demócratas furibundos. Sin furibundez quizá, no sea fácil ser "ultra" o anarquista, pero con ella es imposible ser demócrata. Está claro que por furibundez no entiendo aquí una característica temperamental privada del individuo, que no le impide adoptar una ideología u otra (aunque parece ser que en determinados casos "clínicos" le predispone), como tampoco hay que confundirla con firmeza de carácter, por ejemplo. La furibundez a que me refiero es un modo de acción política, caracterizado por la intransigencia, que resulta incompatible con la mediación (cesión) que caracteriza funcionalmente a la democracia.

La furibundez, como su derivada inmediata, la violencia, ha permitido a veces defender e instaurar democracias, pero muchas más veces ha provocado su Hundimiento. Decía un famoso político liberal español, de una época que se caracteriza por una producción intelectual insólita en la historia de nuestro país, y de Ja que sólo ignorancia demuestran los que se dedican a anatematizarla por principio, que él era antidemócrata porque habla aprendido en la historia que la democracia es el camino más fácil hacia lo que él más odiaba (el absolutismo, la dictadura). Esto es históricamente cierto, sobre todo si democracia se confunde con el imperio de la voluntad de la mayoría, sin limitar clones morales y sin concesiones a las minorías. La degeneración de la democracia en demagogia a que se referías Aristóteles no termina ahí.

l*a demagogia, como nuestro político supo captar, es un estadio de tránsito hacia otra situación más "estable", que suele ser de despotismo, absolutismo o dictadura, según los tiempos y circunstancias. Esta es la gran razón por la que las minorías extremistas de ambos polos suelen querer facilitar el tránsito de la democracia a la demagogia (neofascismo italiano, ciertos grupos reaccionarlos españoles durante la segunda república, etc.). El agua revuelta es el lugar ideal para pescar los que no pueden hacerlo en las limpias.

LA mayoría de los tiranos, déspotas y dictadores que en el mundo han sido han alcanzado el poder por "voluntad popular", pero esta realidad sólo nos viene a recordar la afirmación de nuestro artículo anterior de que la democracia "no es algo que se consiga de una vez para siempre, sino un continuo quehacer". Por otra parte, nos previene sobre las peligrosas transposiciones de valores que encierran ciertos idealismos democráticos. La democracia no es un fin absolutamente justificable en sí mismo (como la libertad, de la que el político antes citado afirmaba que es una de las pocas cosas por las que vale la pena morir), sino el sistema político más "practicable". El enfermo de indigestión democrática tiende a olvidar que la voluntad popular tiene límites que no pueda rebasar ni en el orden- lógico ni en el moral. La democracia no puede destruirse voluntariamente a si misma (orden lógico); no puede, sobre todo,

ca (orden moral). Porque´ la libertad es no sólo un bien irrenunciable, sino algo a lo que la renuncia resulta irreversible. He aqui por qué la democracia concreta necesita límites claros. He aquí también la más grave responsabilidad del que opta por ideologías que necesariamente se manifiestan en forma dictatorial (comunismo, fas cismos, etc.). Al sentir la atracción por las ventajas máa o menos aparentes que esas ideologías nos ofrecen, hay que pensar que los hombres somos falibles y que el viaje a que se nos invita no tiene retorno.

CANEVIA

12-V-73

LA subordinación de la democracia a la libertad es uno de los principios reconocidos en las verdaderas democracias de nuestro tiempo, que son una especie de mediación entre la democracia definida por Aristóteles (esencialmente, modo político) y el liberalismo (antes que modo, principio y finalidad). Este último ha sabido dar a aquélla una escala de valores y objetivos concretos: la igualdad de derechos de los ciudadanos, la protección del pobre contra el abuso del rico, el antiamonopolio, los seguros de enfermedad y sociales en general, la culturización de la sociedad y casi todos los objetivos d« las democracias (e incluso de las modernas dictaduras) constituyen herencia ideológica del liberalismo europeo, mucho más fecundo en el "descubrimiento" de metas dignas que ninguna otra Ideología política anterior o posterior. El liberalismo político (aquel liberalismo) está pasado, pero es un grave error tratarle como usualmente se le trata en nuestro país y en algunos otros lugares, confundiéndole con alguna de sus inevitables degeneraciones económico-materialistas, más literarias que reales.

Le libertad es el primer don que ha recibido el hombre. Es lo que fundamentalmente le diferencia del mundo inanimado en lo físico y del animal en lo intelectual. Sin libertad no podríamos ni pensar. Por eso resulta extraño lo poco que ios hombres demuestran saber de ella. Y no me refiero sólo al hombre de la calle, sino al Intelectual y al pensador. Famosos científicos y teólogos se pierden tratando de definirla, como se perdían y pierden esos creyentes que han dado vida a una serle de "slogans" como el de "libertad para eá bien", con los que solo se consigue empañar el prestigio intelectual del pensamiento cristiano. Porque una cosa es la razón o fin moral de la libertad y otra la libertad misma, que sólo puede searlo para

el bien en tanto lo es para el mal. La libertad es por principio opción, algo potencial (que puede ejercerse, pero que en cuanto se ejerce deja de ser). En determinadas circunstancias o teorías puede considerarse conveniente o necesario restringir o eliminar libertades, pero esto debe hacerse abiertamente. La libertad "para el bien" de algunos "ultras" (religiosos o políticos), como la libertad para alcanzar el socialismo perfecto de algún maoísta son un puro escarnio del concepto libertad. Los primitivos fascistas y comunistas, que negaban abiertamente libertades, eran más consecuentes que los anteriores.

No vamos a comentar aquí, por-

que no procede, la existencia de dos campos de libertades (interno y externo). Si señalaremos que, en nuestra opinión, los que definen la libertad interior como la "única defendible" no saben lo que dicen. Los dos campos, aun diferenciables, están más conectados e intercomunicados de lo que se cree. Merece la pena señalarlo porque una de las nías ladinas formas que existen de negar al hombre la libertad integral es el recurso a la exaltación de la interior.

CANEVIA

 

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