Autor: Sagardoy Bengoechea, Juan Antonio. 
   El tema sindical     
 
 Informaciones.    27/12/1975.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

EL TEMA SINDICAL

Por Juan Antonio SAGARDOY

PARECE haber consenso en que el tema de la organización y sentido de nuestros Sindicatos es importante. Sigue el consenso en cuanto a su necesaria reforma, pero el cómo hacerla, a qué ritmo y con qué intensidad es harina de otro contal, que levanta suspicacias, temores y esperanzas.

Desde mi perspectiva personal y a la vez comunitaria, porque me preocupan los problemas de mi país, y en especial los laborales, entiendo que si no encontramos una vía de entendimiento en el tema sindical no tendremos posibilidades de evolución democrática. La paz laboral, con todas las fragilidades que necesariamente tiene por la dinamicidad de su contenido, resulta indispensable para un desarrollo político y social que nos asegure una cierta estabilidad. Pero por paz social no entiendo adormecimientos ni silencios. Por el contrario, la paz es un concepto que se nutre en su sentido total, por la instauración de un acuerdo sobre lo esencial y sin perjuicio de las alteraciones, luchas y treguas que no son incompatibles con aquélla.

La Organización Sindical española ha sido consustancial al régimen político inaugurado en 1939 y su reforma debe tener una cadencia similar a la de aquél. Nuestro principal tema, no le demos vueltas, es el político, y no sería viable una reforma sindical sin la reforma de las instituciones políticas. El país está por una evolución democrática y el que ésta se baga con mayores o menores traumas depende del tino, prudencia y sinceridad con que se propicie.

En tal contexto general creo que no puede arrasarse todo el aparato sindical, pues normalmente las tablas rasas a nivel social suelen conseguirse por la violencia cruenta y no estamos en eso ni por eso la abrumadora mayoría de los españoles. Hay que conservar lo positivo y aprovechable y revisar profundamente y con decisión lo que deba desecharse para lograr un sindicalismo acorde con la propia configuración político - social del país, que en un referéndum, en absoluto serla, por ejemplo, comunista.

Su porcentaje sería mínimo, frente a uno, de más peso, socialista, y el fundamental, reformista con base democrática y estilo europeo. Ello no significa que no se admita la presencia de las distintas ideologías políticas, pero las facultades rectoras han de radicar en los portavoces de la mayoría. Lo demás no es democracia, sino otras formas de autoritarismo totalitario.

Por ello, nuestro sindicalismo ha de modelarse con arreglo a la tendencia mayoritarla, y sujetando a los extremismos. Como primera cuestión, el ministro de Relaciones Sindicales o desaparece como eslabón entre la Organización Sindical y el Gobierno o, de seguir, tendría que ser deposeido de todo mando en Sindicatos. Es decir, su conversión en ministro del Gobierno y no de Relaciones Sindicales, y aunque su tema sea el sindical, enriquecido, si acaso, con otras competencias atribuidas a otros Ministerios, como las cooperativas.

Parece claro, asimismo, que la creciente separación de las Uniones de Empresarios y de Trabajadores y Técnicos debe tomar una forma jurídica definitiva, de modo que se independicen totalmente, sin más conexión que los posibles órganos paritarios en la cumbre, con funciones conciliadoras en conflictos, por ejemplo, y en negociación colectiva. Eso sería un primer paso hacia la pluralidad, si bien con unos criterios similares a los franceses sobre la "mayor representatividad", que nos eviten la Indeseada atomización. Ello no quita que se logren federaciones y uniones bajo el signo voluntarista.

La elección de todos los cargos sindicales ha de ser cuestión de los propios sindicados y, además, como dice el informe del grupo de estudio de la O. I. T., que se elaboró tras la visita a España, "todos los funcionarios designados por la Organización Sindical estarán sujetos a la autoridad de los dirigentes elegidos, recibiendo a u a instrucciones de ellos". En este orden de cosas, hay que pensar en la relación jurídica que han consolidado los actuales funcionarios sindicales, muchos de ellos modestos funcionarios sindicales.

Hay que ir, por otra parte, a una afiliación que no sea un acto automático, y ello, aunque aún no esté Instaurada la pluralidad sindical. Con ello se logrará mayor autenticidad, sin que se perjudiquen las distintas ideologías que puedan manifestarse en el seno de cada Sindicato y que dentro de un contexto más amplio ha de contar con una amplia libertad de reunión y expresión.

Todo ello no significa que en el terreno sindical se instaure la "ley de la selva". El sindicalismo ha de sujetarse en su actuación a la legislación del Estado, al marco legal elaborado con el debido consenso cívico. Lo que importa es que tal legislación permita amplios movimientos y que se monte sobre postulados de libertad e independencia de los Sindicatos respecto del Estado. Y también en materia patrimonial. La cuota sindical hay que diferenciarla, sirviendo la de los trabajadores para el subsidio de las huelgas lícitas, entre otros fines. El que algún importe de las cuotas tenga objetivos comunes, y en especial asistenciales, no creo que pueda rechazarse de ni? no

Lo dicho es tan solo un apunte rápido sobre la hora que vivimos en el campo sindical. Entiendo que en el Sindicato han de caber distintas ideologías, que han da hacerse concesiones mutuas y que el norte está en un sindicalismo Ubre, autónomo y plural, que, previa defensa de los intereses de sus afiliados, no se dedique a destruir, sino a propiciar la evolución democrática del país. Sé que el tema es difícil y polémico, pero desearía dejar constancia de mi mejor intención, abierta a cualquier crítica, por dicha evolución, que profundamente deseo para mi país.

INFORMACIONES POLÍTICAS

27 de diciembre de 1975

 

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