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José María Merino, as seen by José Enrique Martínez

Nacido en La Coruña, en 1941, formado en León y residente en Madrid, estudió Derecho en la Universidad Complutense de Madrid y trabajó en el Ministerio de Educación. Entre 1987 y 1989 dirigió el Centro de las Letras Españolas del Ministerio de Cultura. Fue también colaborador con la UNESCO en proyectos para Hispanoamérica. Es miembro de número de la Real Academia Española desde abril de 2009 y doctor honoris causa por la Universidad de León desde 2014.

Se inició en la literatura como escritor de poesía. Fue coautor, con Agustín Delgado y Luis Mateo Díez, del Parnasillo provincial de poetas apócrifos (1975) y de modo individual es autor de Sitio de Tarifa (1972), Cumpleaños lejos de casa (1973) y Mírame Medusa y otros poemas (1984), que en 1987 y en 2006 reunió con el título general de Cumpleaños lejos de casa. Pero es conocido sobre todo como narrador, habiendo cultivado con igual brillantez la novela, la novela corta, el cuento y el  microrrelato, la autobiografía en Intramuros (1998), la crítica literaria, el artículo periodístico y el libro de viajes en Los caminos del Esla (1980).

Su interés por la literatura, entre otros aspectos de su pensamiento, lo ha vertido en sus intervenciones en diferentes foros y congresos y en un buen número de conferencias, además de en cuantiosos artículos publicados en medios diferentes, entre ellos el diario El País y las revistas Leer y Revista de libros. Al mismo empeño se debió la creación, junto a Luis Mateo Díez y Juan Pedro Aparicio, del personaje apócrifo Sabino Ordás, cuyos artículos en el diario Pueblo fueron recogidos después en el libro Las cenizas del fénix (1985).

Conviene resaltar el interés por los mecanismos del arte de narrar. Tanto en Ficción continua (2004) como en su discurso de ingreso en la Real Academia Española Ficción de verdad (2009), como en Ficción perpetua (2014), expone los artilugios de la ficción desde su personal experiencia de escritor de ficciones narrativas, entendidas como una forma exclusiva de verdad, como “otro espacio posible, paralelo, alternativo” al mundo real.

En 1976 publicó Novela de Andrés Choz, en la que se muestra su inclinación al cultivo de lo metaliterario y de la fantasía. En su segunda novela, El caldero de oro (1982), incorporaba una atmósfera impregnada de lirismo y la sugestión del mito. Tal novela, junto a las dos siguientes, La orilla oscura (1985) y El centro del aire (1991), fueron editadas juntas en el año 2000 con el título Novelas del mito. En las dos últimas creó Merino un ámbito peculiar para sus personajes, el de los sueños, espacio de confluencias que delimita el territorio particular y distintivo de su narrativa, campo donde la realidad se torna evanescente y ocurren metamorfosis, suplantaciones de identidad y desdoblamientos tan característicos de la narrativa del autor. En La orilla oscura a la referencia leonesa se suma la americana, que Merino ha traído a muchas de sus obras, pero donde ha situado de modo completo la trilogía de la conquista de América Las crónicas mestizas (1992), formada por El oro de los sueños (1986), La tierra del tiempo perdido (1987) y Las lágrimas del sol (1989), que abren la narrativa meriniana a dos horizontes relevantes: la novela histórica y la de aventuras comúnmente llamada literatura infantil y juvenil. Al terreno de la novela histórica se adscriben Las visiones de Lucrecia (1996), situada en tiempos de Felipe II. En el ámbito de la novela infantil y juvenil, Merino es figura muy acreditada por obras como Los invisibles (2000), Los trenes del verano / No soy un libro (1992), La edad de la aventura (1995), la trilogía formada por El cuaderno de hojas blancas (1996), Regreso al cuaderno de hojas blancas (1997) y Adiós al cuaderno de hojas blancas (1998) y las novelas cortas Las antiparras del poeta burlón (2010) y Las mascotas del mundo transparente (2014).

José María Merino ha seguido investigando nuevos caminos narrativos. En 2003 apareció El heredero, evocación de la novela realista decimonónica; El lugar sin culpa (2007) es novela esencialmente introspectiva, situada en el espacio de la isla; La sima (2009), novela de actualidad, fundamenta “la confrontación colectiva como elemento sustantivo de la historia española”, en El libro de las horas contadas (2011) la trama novelesca se construye como una sucesión de cuentos engarzados por elementos comunes, y El río del Edén (2012) teje una compleja historia de amor en segunda persona.

Si en la novela y en la novela corta desarrollada en Cuatro nocturnos (1999) ha alcanzado altas cotas de calidad, en el cuento es Merino uno de los escritores de mayor finura y talento. En 1982 publicó Cuentos del reino secreto, amalgama de realidad y fantasía. En años sucesivos, El viajero perdido (1990), Cuentos del Barrio del Refugio (1994), Cuentos de los días raros (2004), La glorieta de los fugitivos (2007) –donde reunió los microrrelatos publicados en Días imaginarios (2002) y en Cuentos del libro de la noche (2005)–, Las puertas de lo posible (2008), El libro de las horas contadas (2011), ya citado, y La trama oculta (2014). La labor de Merino a favor del cuento se incrementa con recopilaciones como Cien años de cuentos (1898-1998), de 1998, Los mejores cuentos españoles del siglo XX (1998) y la excelente recreación Leyendas españolas de todos los tiempos. Una memoria soñada (2000).

Entre los numerosos premios recibidos merecen recordarse el Nacional de la Crítica en 1986 por La orilla oscura, el Nacional de Literatura Infantil y Juvenil en 1993 por Los trenes del verano. No soy un libro, el Miguel Delibes en 1996 por Las visiones de Lucrecia, el NH de relatos en 2002 por Días imaginarios, el Torrente Ballester en 2006 por El lugar sin culpa, el Salambó en 2008 por La glorieta de los fugitivos, el Castilla y León de las Letras en 2008 y el Nacional de Narrativa en 2013 por El río del Edén.

José María Merino ha conjugado en su obra la reflexión y la creación. En una y otra faceta, a la ficción se le concede la finalidad de "ordenar el caos" de una realidad siempre imprevisible, dotándola de coherencia y sentido. Reflexión y creación han privilegiado especialmente el ámbito de lo insólito, mas no como algo ajeno a lo real, pues la pretensión del escritor ha sido y es "naturalizar lo fantástico" entrañándolo en la vida diaria y en el entorno familiar. Dentro de lo insólito, el sueño –o mejor, el espacio que media entre el sueño y la vigilia– es el campo preferido para novelar los problemas de identidad abordados insistentemente por Merino en forma de metamorfosis, desdoblamientos, mundos paralelos, confluencias de tiempos diferentes, etc. Merino une sabiduría y destreza constructiva, y una armonía discursiva que conjuga con maestría múltiples recursos formales, con hilos que vertebran todas sus ficciones: la huella del mito y la leyenda, la idea de la ficción que, como se ha indicado, concibe como ordenación del caos de la realidad, la inclinación hacia lo metaliterario, la impregnación de la realidad por lo insólito y lo fantástico, la concurrencia de lo soñado y lo vivido, los juegos de identidad, el cultivo de la fantasía, de la ciencia ficción y de los distintos géneros narrativos en un universo literario rico, variado y fecundo.

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