Una historia del poder en España: prácticas, hábitos y estilos políticos Seminarios de filosofía Una historia del poder en España: prácticas, hábitos y estilos políticos

Una historia del poder en España: prácticas, hábitos y estilos políticos

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José Luis Villacañas

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  1. José Luis VillacañasJosé Luis Villacañas

    Es catedrático de Historia de la Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid, director y fundador de las revistas Res Publica y Daímon; y director de Anales del Seminario de Historia de la Filosofía y de la Biblioteca Saavedra Fajardo de Pensamiento Político Hispánico. Dirigió la revista Debats y la editorial Alfonso el Magnánimo. Ha sido catedrático de Filosofía Moral y Política de la Universidad de Murcia; entre 1994 y 1997 estuvo comisionado en el Instituto de Filosofía del CSIC, y de 1999 a 2003 fue director general del Libro, Archivos y Bibliotecas de la Generalitat Valenciana, desarrollando al mismo tiempo el proyecto de la Biblioteca Valenciana.

    Es autor de más de veinte libros, entre ellos La formación crítica de la razón pura (1980), La quiebra de la razón ilustrada: idealismo y romanticismo (1990), Tragedia y teodicea de la historia: el destino de los ideales en Lessing y Schiller (1992), Historia de la filosofía contemporánea (1997), Res publica: los fundamentos normativos de la política (1998), La nación y la guerra: confederación y hegemonía como formas de concebir Europa (1999), Ramiro de Maeztu y el ideal de la burguesía española (2000), La filosofía del idealismo alemán (2001), Los latidos de la ciudad: introducción a la filosofía (2004), y los más recientes La formación de los reinos hispánicos (2006), ¿Qué imperio? Un ensayo sobre la ideología imperial española (2008), Conflicto y poder. Ensayos sobre Carl Schmitt (2008), La monarquía hispánica (1285-1516) (2008) y Dificultades con la ilustración. Variaciones sobre temas kantianos (2013).

    Además ha escrito tres novelas: Cosecha helada (1995), Regreso del invierno (2003) y La mano del que cuenta (2011).

Tras las investigaciones de Gylles Deleuze, Michel Foucault, Norbert Elias, Reinhardt Koselleck y Pierre Bourdieu, cuyos trabajos permiten desplegar la apasionada empresa conceptual de Max Weber, la historia del poder ofrece ahora nuevas perspectivas que reclaman una forma creativa de reunir la teoría y la investigación de fuentes. Lejos de concentrarse en las grandes aventuras del Estado y en las epopeyas de la nación, ahora se presta atención a otros elementos que podemos llamar “las prácticas materiales de poder”. Estas prácticas, más allá de los grandes acontecimientos emblemáticos, son las verdaderamente constituyentes de los sujetos políticos en sus vidas concretas, con sus efectos expansivos hasta lograr la capilarización social. Estas prácticas pueden ser abordadas desde las preguntas que, procedentes de E. Levinas, definen las exigencias morales de reconocimiento del Otro, la fuente normativa vinculante de toda política de futuro que quiera escapar a la dialéctica del amo y el esclavo.

Así, de Deleuze hemos aprendido a prestar atención a las formas de la ocupación de espacios, mientras Foucault nos ha enseñado a descubrir los dispositivos estructurales que precondicionan, dirigen y ordenan las luchas sociales concretas. Por su parte, Elias mostró el interés de estudiar las instituciones sociales, como la Corte, que organizan los modelos de comportamientos y las formas rituales, e imponen los rasgos básicos de prestigio y reconocimiento que, con posterioridad, se expanden miméticamente a través del cuerpo social. Bourdieu continuó estos análisis mostrando cómo todos esos componentes originan hábitos y estilos humanos que ordenan los rasgos psíquicos dominantes, con sus aspectos sentimentales decisivos y sus elaboraciones del pudor y de la vergüenza, de seguridad y de miedo, de expresividad y de distinción. Por último, Koselleck desplegó la inevitable pluralidad de los relatos sobre el poder y la imposibilidad de coagular la historia en simbolizaciones coactivas y totales, defendiendo la productividad epistemológica de los vencidos. Todos ellos, así, nos descubren lo que subyace a las relaciones de legitimidad definidas por Weber.

Con las herramientas que nos ofrecen estos héroes intelectuales del siglo XX, podemos observar las prácticas materiales de poder en España y hacernos algunas preguntas básicas: cuál es la relación del español con su geografía y qué efectos ha tenido esta relación de los espacios con las prácticas de poder; cuáles han sido los dispositivos básicos estructurales de la acción política; qué instituciones han sido las fuentes de modelos sociales, de prestigio y origen de mímesis; qué hábitos y estilos psíquicos han permitido expresar y ordenar los sentimientos y afectos políticos, como el miedo, la seguridad y el prestigio; cómo se ha administrado el pudor y la vergüenza y qué tipo de vida se ha considerado apropiada para el “poderoso” y cómo se ha garantizado su distinción. Estas preguntas, que nuestro seminario desea abordar, nos alejan de las viejas cuestiones esencialistas sobre el ser de España y se centran en el proceso civilizatorio específico que ha experimentado la sociedad española en su historia y el ethos político que ha sido dominante en ella. Estas preguntas nos alejan de las rudimentarias explicaciones sobre las élites procedentes de Ortega y nos encaminan hacia las prácticas de los estratos dirigentes en la vida histórica concreta y su forma específica de lograr obediencia voluntaria, la clave central de la práctica civilizatoria.