Josef Albers y España. Un antes y un después Ciclos de conferencias En torno a Josef Albers

Josef Albers y España. Un antes y un después

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Laura Martínez de Guereñu

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  1. Laura Martínez de GuereñuLaura Martínez de Guereñu

    Arquitecta con Premio extraordinario fin de carrera (1998) y doctora en Proyectos Arquitectónicos por la Universidad de Navarra (2006), se gradúa con premio extraordinario en el Máster in Design Studies de Harvard University (2004) para el que obtuvo una beca de la Fundación Rafael del Pino. Ha sido profesora en La Salle-Universitat Ramon Llull (2006-2008), Visiting Fellow en Harvard University (2004-2006) y profesora ayudante en la Universidad de Navarra (1998-2003). Desde 2008 es profesora en IE University. Su labor investigadora se ha centrado en una línea principal que explora temas de percepción, narrativas de proyecto y puntos de intersección entre la arquitectura, la tecnología y el arte. Ha publicado artículos sobre arquitectos, artistas y pensadores de tradición moderna como Josef Albers, Mies van der Rohe, Romano Guardini, Rudolf Schwarz, Hans Wittwer, Johannes Duiker, Sergei Eisenstein, Giuseppe Terragni o Le CorbusierEntre sus libros, es editora de Rafael Moneo. Apuntes sobre 21 obras (2010) y de Rafael Moneo. Portfolio Internacional. 1985-2012 (2013), ambas con sus respectivas ediciones inglesas, y en colaboración con María Toledo y Manuel Fontán, ha editado "Josef Albers. Una Antología (1924-1978)"también con versión en inglés, publicada en la sección documental del catálogo de la exposición Josef Albers: medios mínimos, efecto máximo (2014) en la que se enmarca este ciclo de conferencias. Recientemente ha realizado una residencia de investigación en la Josef and Anni Albers Foundation, Connecticut, Estados Unidos.

Josef Albers es el artista con más larga vinculación a la Bauhaus. Primero como estudiante y más tarde como profesor, estuvo allí desde 1920 hasta su clausura en 1933 y coincidió con los artistas y arquitectos más destacados del siglo XX. Su obra más pública y reconocida fue la pintura sobre vidrio que compuso a partir de 1921; su obra más privada e íntima, la fotografía que comenzó a realizar en 1928. Las pinturas sobre vidrio le valieron su consagración como artista, tras la exposición Bauhaus Dessau en la Kunsthalle de Basilea (20 de abril – 9 de mayo, 1929) donde exhibió veinte obras junto a Lyonel Feininger, Vasili Kandinsky, Paul Klee y Oskar Schlemmer. En cambio, la mayoría de sus fotografías se mantuvieron inéditas hasta después de su muerte en 1976; Albers las guardaba como un pequeño tesoro de consulta personal. La relación visual entre dos técnicas tan dispares es sin embargo estrecha. Ambas muestran su profundo interés por la tectónica y su fascinación por descubrir las múltiples lecturas espaciales de una única forma.

En las pinturas sobre vidrio Albers trató de encontrar una estrategia compositiva personal, primero a través de fragmentos encontrados de vidrio transparente que unía al azar, más tarde a través de piezas de vidrio industrial unidas en una trama regular, hasta llegar a su estilo más idiosincrásico, el de “tira termométrica”, en el que introducía bandas de colores en columnas de diferente anchura para crear una polifacética espacialidad en una pieza indivisible de vidrio opaco. Las fotografías, que utilizaba como herramienta de búsqueda y registro, tuvieron un papel instrumental para la creación posterior de sus pinturas de vidrio. Ellas le permitían aislar la condición abstracta de los fenómenos de la naturaleza y captar las cualidades tectónicas de su entorno construido. Casi siempre obtenía varios puntos de vista para un mismo objeto, los montaba en forma de collage y mostraba así sus distintas cualidades y su cambio a lo largo del tiempo.

Son sus fotografías las que nos han permitido reconstruir el viaje por Europa que hizo en verano de 1929, hasta encontrarse con Kandinsky y con Klee en los Pirineos Atlánticos, y con una parada previa en Barcelona para conocer los espacios expositivos y el famoso pabellón que había diseñado Mies van der Rohe para la sección alemana de la Exposición Internacional. Las fotografías realizadas en estos dos límites fronterizos le sirvieron a Albers para explorar los grados de absorción y reflexión de la luz en los materiales y para entender las múltiples variaciones estructurales y expresivas que se pueden llegar a conseguir con muy limitados medios. Tras su viaje, y probablemente también inspirado por el pabellón de Mies, realizaría un nuevo tipo de pintura sobre vidrio de superficie gris. En ella una serie de ventanas flotantes de distinto grado de color forman la base con la que comenzaría a experimentar sus ilusiones ópticas, mediante patrones de línea continua más complejos.

En 1933, la clausura de la Bauhaus no impidió que Albers, ya desde América, mantuviera un estrecho contacto con Mies, con Kandinsky y con Klee, los tres maestros con los que compartía el recuerdo y los hallazgos visuales del viaje a España en 1929.