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En busca de la cumbre más elevada

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Eduardo Martínez de Pisón

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  1. Eduardo Martínez de PisónEduardo Martínez de Pisón

    Geógrafo, escritor y alpinista. Es catedrático emérito de Geografía Física de la Universidad Autónoma de Madrid, antes fue catedrático de Geografía de la Universidad de La Laguna.

    Ha sido corresponsal para España del World Glacier Monitoring System y presidido el comité español del Scientific Committee on Antarctic Research; asimismo fue miembro del Comité MaB español (UNESCO) y vocal del comité científico de Parques Nacionales y director del Plan de Ordenación de Recursos Naturales de la Sierra de Guadarrama (Madrid). Pertenece a los patronatos de los Parques Nacionales de Ordesa y Monte Perdido y de la Sierra de Guadarrama. Es miembro honorario del patronato del Parque Nacional del Teide. Desde 1999 es director del Instituto del Paisaje de la Fundación Duques de Soria y patrono de dicha fundación.

    Ha escrito numerosos libros y artículos de geografía física; sus trabajos tratan especialmente de paisajes naturales, paisajes de volcanes y cordille­ras, geografía medioambiental y pensamiento geográfico. Ha participado como asesor geográfico en documentales en el Polo Norte, Alaska, Siberia, desierto de Gobi, desierto de Taklamakán, Ruta de la Seda, Karakorum, Himalaya y Transhimalaya, Tíbet, cordilleras Kunlún y Hengduan, desierto Líbico, etc. Recientemente ha publicado los libros La Tierra de Jules Verne (2014), La montaña y el arte (2017) y Viajes al centro de la Tierra (2018), y reeditado El sentimiento de la montaña. Doscientos años de soledad (3ª ed. en 2015, con Sebastián Álvaro).

    Ha recibido el Premio Nacional de Medio Ambiente, la Medalla de Plata de la Comunidad de Madrid y la Cruz al Mérito Medioambiental.

En la búsqueda de los confines terrestres el hombre ha intentado hollar todos los “finisterres”: los fondos marinos, las costas extremas, los polos, el corazón de selvas y desiertos, la luna y el espacio exterior. También las cúspides de las montañas, incluso –a veces con más ardor– las aparentemente inaccesibles y, por supuesto, las más elevadas. Pero antes era preciso conocer todas ellas y averiguar con medidas fiables las cotas de sus cimas. La primera exploración en busca de la cumbre más elevada fue así estrictamente geográfica y su ubicación divagó de cordillera en cordillera hasta asentarse muy tardíamente en el Monte Everest, en el Himalaya. A ella sucedió la exploración alpinista al encuentro de la ruta y el logro de su ascensión. Es esta una historia de hermosos paisajes, de ciencia, tesón y valentía.