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La democracia sentimental

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Manuel Arias Maldonado

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  1. Manuel Arias MaldonadoManuel Arias Maldonado

    Profesor titular de Ciencia Política en la Universidad de Málaga, donde se licenció en Derecho y defendió una tesis en Ciencia Política galardonada con el Premio extraordinario de doctorado. Ha sido becario Fulbright en la Universidad de Berkeley (2004-2005), Salvador de Madariaga en el Rachel Carson Center de la Universidad de Munich (2011) e investigador visitante en las de Munich, Keele, Oxford y Siena. Su investigación académica ha girado, principalmente, en torno a la dimensión política y filosófica del medio ambiente, la teoría de la democracia, el liberalismo político, los movimientos sociales globales y la teoría política en sentido amplio.

    Es autor de las monografías Sueño y mentira del ecologismo. Naturaleza, sociedad, democracia (2008), Real Green. Sustainability after the End of Nature (2012; Premio al mejor libro del año 2012 por la Asociación Española de Ciencia Política) y Environment & Society. Socionatural Relations in the Anthropocene (2015) y de la entrada "Nature" en la Encyclopedia of Political Thought. Ha publicado artículos en numerosas revistas académicas nacionales e internacionales. Finalmente, su atención a la teoría política es compatible con la crítica cultural y el ensayismo. Es colaborador habitual de Revista de Libros (donde conduce además el blog Torre de marfil), Letras Libres (a cuyo consejo editorial pertenece), Revista de Occidente y Lettre International Deutschland, entre otras. También es columnista del diario El Mundo en su edición andaluza, y dirige el Aula de Pensamiento Político del centro cultural La Térmica, en Málaga.

Se indagará en la infección populista que padecen las democracias liberales representativas, situándose esta tendencia a la sentimentalización irracional de las demandas ciudadanas en el más amplio contexto que proporciona el actual cuestionamiento que la psicología y disciplinas afines hacen de la asunción ilustrada según la cual los individuos actúan como maximizadores racionales de sus preferencias. Se trata de un cuestionamiento que afecta también a disciplinas como la economía y la ética, obligadas a revisar sus asunciones de partida ante la cada vez más poderosa evidencia de que la racionalidad individual se encuentra fuertemente mediada por las emociones y los distintos sesgos o lagunas de la decisión racional. Esta sentimentalización de la democracia puede ponerse en relación con los nuevos instrumentos de comunicación política, que han demostrado ser empleados antes como vehículos expresivos que como herramientas persuasivas.

Sea como fuere, sería inexacto afirmar que la teoría política ilustrada ha ignorado históricamente este problema, que es, a fin de cuentas, el mismo problema de la domesticación de los seres humanos sobre el que Sloterdijk llamase la atención en su duelo con Heidegger y Habermas hace más de una década. Autores como David Hume ya señalaban con claridad que la razón humana bien puede verse como un instrumento al servicio de las pasiones. De ahí que el concepto ilustrado de subjetividad deba ser reivindicado –también, por cierto, ante la tradición comunitarista– como una prescripción antes que como una simple descripción. Y consiguientemente, la autonomía individual sea defendida como un ideal regulativo irrenunciable, para cuya promoción pueden encontrarse nuevos instrumentos.