París fin-de-siécle Ciclos de Miércoles Chopin y la posteridad

París fin-de-siécle

  1. Este acto tuvo lugar el
Luis Fernando Pérez, piano
Parisino de adopción, Fryderyk Chopin estimuló una transformación en el lenguaje pianístico cuyos ecos aún resonaban con fuerza en Francia a finales  del siglo XIX y principios del XX. Fauré y Debussy, entre otros, asimilaron  y actualizaron la tradición chopiniana y la fusionaron con el influjo de Liszt.
 

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París fin-de-siécle
I

Luis Fernando Pérez, piano

Fryderyk Chopin (1810-1849)
Nocturno en Do sostenido menor, Op. post.
Balada nº 1 en Sol menor Op. 23
Nocturno, Op. 27 nº 1 en Do sostenido menor
Nocturno, Op. 27 nº 2 en Re bemol mayor

Claude Debussy (1862-1918)
L'isle joyeuse (La isla alegre)

II

Enrique Granados (1867-1916)
Goyescas o los majos enamorados (volumen I)
       Los requiebros
      Coloquio en la reja
      El fandango del candil
     Quejas, o La maja y el ruiseñor

Intermezzo de la ópera Goyescas (vers. para piano)

Goyescas o los majos enamorados (volumen II)
       El amor y la muerte (Balada)
      Epílogo (Serenata del espectro)


Por problemas familiares, el pianista Iván Martín, anunciado para este concierto será sustituido por Luis Fernando Pérez

  1. Luis Fernando PérezLuis Fernando Pérez

    “Luis Fernando Pérez es un joven pianista sin miedo a seguir su propio camino. Dotado de una técnica extraordinaria y una rica profusión de ideas; he aquí el color, la inflexión y la vitalidad en super abundancia; claramente uno de los pianistas más personales y talentosos de la generación actual”. Así destacaba Bryce Morrison en la revista Gramophone su descubrimiento de Luis Fernando. Alumno de grandes artistas y pedagogos como Dimitri Bashkirov, Galina Egyazarova, Alicia de Larrocha y Pierre-Laurent Aimard, su vida dará un giro sustancial a raíz de la grabación de Iberia de Isaac Albéniz para el sello Verso; aclamado por la crítica, fue el inicio su proyección internacional, donde se le consagra como pianista experto en el repertorio español.

    Su virtuosa técnica pianística, no exenta de los acentos de la necesaria libertad, hacen de sus interpretaciones un despliegue de colores sonoros, inflexiones de emoción y de vitalidad a raudales, lo cual eleva al público por encima de toda complejidad y así deleitarle con una cornucopia de vibrante intuición expresiva. “Cada nota es una palabra, aunque no sepamos cuál es esa palabra. Uno tiene que imaginar y encontrar dentro de sí mismo qué es lo que quiere decir y hacer”. Con estas palabras dedicadas a la obra de Chopin, Luis Fernando certifica una madurez profesional y artística vaticinada ya en los premios Franz Liszt-Italia, Enrique Granados de Barcelona (Premio Alicia de Larrocha) y la Medalla Albéniz.