Fiesole, Florencia, Roma. Poder y valor de la comunicación Ciclos de conferencias Fra Angelico: su vida, su obra, su tiempo

Fiesole, Florencia, Roma. Poder y valor de la comunicación

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José Manuel Cruz Valdovinos

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  1. José Manuel Cruz ValdovinosJosé Manuel Cruz Valdovinos

    Catedrático de Historia del Arte en la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense de Madrid desde 1983. Doctor en Derecho, licenciado en Derecho, Historia y Filosofía. Profesor de la Fundación Cultural Politeia desde 1975 y de la Fundación Amigos del Museo del Prado desde 1983.

    Miembro honorario de la Hispanic Society of America de Nueva York y miembro numerario del Instituto de Estudios Madrileños del CSIC, es académico numerario de la Academia de San Dámaso de la Archidiócesis de Madrid y académico correspondiente de la Real Academia de la Historia en Madrid y de la Academia de Bellas Artes de Valladolid, asimismo es asesor histórico-artístico del Gremio de Joyeros y Plateros de Madrid. Pertenece al consejo científico de las revistas Archivo Español de Arte, Museo y Territorio, De ArteOsservatorio per le Arti Decorative in Italia, entre otras. Vocal de la junta directiva del Comité Español de Historia del Arte y miembro del consejo asesor del Museo del Traje. Ha sido vocal (1988-1995), vicepresidente (1995-2005) y presidente (2005-2007) de la Junta de Calificación, Valoración y Exportación de Bienes del Patrimonio Histórico Español. Asimismo ha sido presidente y vocal del comité asesor de Historia y Arte de la Comisión Nacional Evaluadora de la Actividad Investigadora (CNEAI) y actualmente es miembro de la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA).

    Ha dirigido una veintena de tesis doctorales y ha sido comisario de diecisiete exposiciones en España y en América y Europa. Especialista en el arte de la platería y en pintura y otras artes de la Edad Moderna, sobre esta temática ha comisariado distintas exposiciones y publicado doscientos ensayos en libros y revistas científicas y más de veinte libros, entre los que se cuentan Los Faraces, plateros complutenses del siglo XVI (1988), Platería de la catedral de Santo Domingo, primada de América (1993), La cúpula Regina martyrum de la Basílica del Pilar de Zaragoza (2008) y las monografías dedicadas a Goya, Velázquez y Giotto.

Es sencillo distinguir etapas en la vida y obra del beato Angelico. Después de sus inicios imprecisos y no bien conocidos, profesó antes de 1421 como dominico observante y residió en el convento de Fiesole cerca de Florencia. Desde allí hasta 1439 cumplió numerosos encargos, principalmente trípticos y retablos con una escena principal y un banco con varias pequeñas escenas, destinados a conventos dominicos, incluido el suyo, y también de otras órdenes o a clientes particulares. Su producción todavía conservada es muy numerosa. Desde 1439, con motivo de la renovación del convento de San Marco de Florencia, concedido a los dominicos y al que fue trasladado, se ocupó casi exclusivamente de pintar el gran retablo de la iglesia y, al fresco, varias escenas en el interior del convento y en el muro de cada celda, con intervención de colaboradores en un buen número de ellas. En 1445 fue llamado a Roma por primera vez; trabajó allí en otras diversas ocasiones, aunque lamentablemente se conservan solamente los frescos que hizo para la capilla del papa Nicolás V. También en Florencia realizó algunas otras obras, destacando la puerta del armario de los exvotos de plata de la iglesia de la Annunziata.

Podría parecer que el lenguaje pictórico de fra Giovanni no evoluciona de manera significativa. Es cierto que determinados principios de su pensamiento permanecieron inmutables, pero sobresale su capacidad de variar la manera y forma de representar en función del público al que se dirige. Señalaremos sólo hitos principales: las comunidades religiosas conventuales, los ciudadanos de Florencia que verán el retablo de la renovada iglesia de San Marco, los dominicos que habitaban en el convento y sus celdas, la corte pontificia de una ciudad que trataba de recuperar su esplendor imperial y papal tras un siglo de abandono por el traslado a Aviñón y el pueblo culto e inculto que todavía acude con especial devoción a venerar la imagen de la Virgen anunciada.