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La respuesta de Job

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Gregorio del Olmo

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  1. Gregorio del OlmoGregorio del Olmo

    Catedrático emérito de Lengua y Literatura Hebreas de la Universidad de Barcelona. Introdujo en dicha universidad la asignatura “Biblia y Literatura Comparada”, la cual dictó durante diez cursos (1994-2005). Licenciado en Teología por la Universidad Santo Tomás de Roma, y en Ciencias Bíblicas por el Pontificio Instituto Bíblico de Roma. Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense de Madrid, y doctor por la misma universidad. Es además doctor en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca.

    Se ha especializado en lingüística semítica noroccidental (hebreo y ugarítico), así como en lingüística semítica comparada, campos en los que ha contribuido con alrededor de doscientos trabajos y media docena de libros. Ha dirigido el Instituto Interuniversitario de Estudios del Próximo Oriente Antiguo y el Departamento de Filología Semítica de la Universidad de Barcelona. Fundador de la International Association for Comparative Semitics y de la revista Aula Orientalis, de la que es director. Entre 1996 y 2002 dirigió la Misión Arqueológica de la Universidad de Barcelona en Siria.

    Es autor de libros como La vocación del líder en el antiguo Israel (1973), Interpretación de la mitología cananea (1984), Diccionario de la lengua ugarítica I y II (2 vols., 1996 y 1998, con Joaquín Sanmartín; traducido al inglés en 2004), Mitos, Leyendas y Rituales de los Semitas Occidentales (1998), La Biblia Hebrea en la Literatura Moderna (2000), Questions de Linguistique Semitique. ‘Racine’ et lexème. Histoire de la recherche (2003, traducido al inglés en 2008), Incantations and Anti-Witchcraft Texts from Ugarit (2014, con Ignacio Márquez Rowe) y Studies in Common and Comparative Semitics (2015). También es editor de media docena de obras, entre ellas Mythologie et Religion des Sémites Occidentaux (vol. I y II, 2008).

    Es miembro honorario de la American Oriental Society y ha sido galardonado con la Medalla del Colegio de Francia y el Premio Menéndez y Pelayo del Instituto de Estudios Catalanes.

La contrapartida hebrea del tema “Job”, puesto que de un tema, no de una persona, se trata, podría definirse con dos adjetivos: es perfecta desde el punto de vista literario y es osada desde el punto de vista religioso. Desde el punto de vista literario podríamos definir el Libro de Job como la composición más perfecta de esa antología de textos, de lo más variado, que constituyen la Biblia hebrea. Pertenece, por lo demás, a un género escasamente representado en ella: el género dramático, con lo que desborda el posible modelo mesopotámico que es un monólogo. Es un diálogo incesante, aunque hecho vehículo de prolongadas expansiones líricas, entre personajes de escena. Pero antes de que comience el diálogo, se alce el telón, podríamos decir, se nos describe el marco en el que se juega la acción, el telón de fondo que anticipa al espectador su sentido último, pero el que los actores del mismo desconocen y por el que se debaten en apasionadas e irrelevantes reflexiones.

Mirando a nuestra tradición literaria podríamos definir el Libro de Job como un auto calderoniano avant la lettre. El prólogo y epílogo describen en prosa, como noticia meramente informativa para espectadores, que les permita entender el argumento y tolerar con una leve sonrisa el apasionamiento incontrolado de los personajes, el desenlace de la obra. Job, el personaje central, como no podría ser menos, osa incluso, en una acto de fe desesperada, emplazar a dios para que se explique y justifique, para que dicte su propia teodicea, que su propia biografía, la de Job, parece dejar en evidencia y hacer naufragar: él, el santo varón, sujeto paciente de la calamidad total. ¿Cómo entender esto? Será dios en el acto final quien lo explique. El rimbombante epílogo tratará de hacer más creíble tal explicación y rebajar la tensión emotiva que el desarrollo del argumento ha podido crear, en un proceso catártico de la más pura ascendencia aristotélica.