(y III) Ciclos de Miércoles Flautas, del barroco al siglo XX

(y III)

  1. Este acto tuvo lugar el
Pilar Constancio, Juana Guillem, María José Muñoz, María Antonia Rodríguez y José Sotorres, flauta


Como se dijo a propósito del primer programa, gran parte del carácter innovador de Boismortier estuvo relacionado con la flauta. Aunque se interesó también por otros instrumentos de viento, como el oboe o el fagot, su labor pionera estuvo especialmente ligada al progreso de la travesera en Francia. Las combinaciones que ideó recorrieron casi todas las posibilidades de la época: tres flautas con y sin bajo continuo, cinco flautas con y sin bajo continuo, piezas para flauta y clave, en las que la parte del teclado no se dejaba cifrada, sino que estaba escrita por completo. Por lo que respecta a los Conciertos para cinco flautas op. 15, la plantilla no era tan infrecuente en Francia en tiempos del compositor como sigue afirmando el New Grove en su edición de 2001. Mas hasta el autor exhibe una cierta ambigüedad -o simplemente facilita las cosas- cuando indica que las obras son "para cinco flautas traveseras u otros instrumentos sin bajo". Los movimientos rápidos de los Conciertos recogen la animación rítmica y la articulación de los modelos de Vivaldi, en tanto que los lentos dan la oportunidad de desplegar un lirismo refinado, un atractivo color tonal y poéticos contrastes. No estará de más recordar que el equilibrio buscado entre los cinco instrumentos era necesariamente el derivado de la travesera barroca y ello explica que todavía Pellerite -en 1965- defendiese la necesidad de someter las obras a corrección.
Lo más difundido de la producción de Eugène Bozza es su música de cámara para instrumentos de viento. Debe reconocerse que en gran parte la circulación de este repertorio ha sido un tanto marginal -literatura obligada para concursos- o endogámica, como piezas de bravura para examen del instrumento en los conservatorios.
Por fluidez melódica e interés en los instrumentos de viento, la música de Bozza es representativa de la tendencia no vanguardista de la escuela francesa ligada a algunos de los planteamientos más ligeros del Grupo de los Seis. Para cuatro flautas, Bozza ha compuesto otras partituras, los Deux esquisses (1969) y las Trois pièces (1978), pero seguramente la más difundida es su Jour d'été à la montagne, que data de 1954, de inclinación algo poemática y donde el sentimiento de contacto con la naturaleza adquiere connotaciones pictóricas. La elegancia de la estructura y el intachable idiomatismo de la escritura son otras tantas bazas de la composición. Jour d'été à la montagne propone a los intérpretes una exacta articulación rítmica y una sonoridad muy nítida en los movimientos rápidos. Las secuencias lentas son algo impresionistas e invitan, según Pellerite, a investigar en varias clases de vibrato.
Algunas de las constantes de este ciclo vuelven a darse en la figura de Alain Beney: su interés por la flauta, instrumento para el que ha compuesto varias obras en diversas combinaciones, y la actitud pedagógica. A este último respecto, Beney desarrolla una intensa actividad encaminada a que la juventud tome contacto con la música y dirige el Conservatorio Municipal de Grigny, pequeña localidad situada a veinticinco kilómetros de París. En Eolipan, Beney vuelve su mirada a la flauta de pico, algo olvidada por los autores franceses, y en los Petits concerts recreatifs, para flauta y piano, su propósito didáctico es notorio.
    Elementos más personales de la creación de Beney aparecen en otra obra para flauta sola, Circonvolutions, que data de 1945.  Calligraphies, para cuarteto de flautas, es una sucesión de piezas breves de léxico moderno que el compositor redactó a mediados de los años setenta y que Leduc editó en París en 1977. La obra demanda un alto nivel virtuosístico de los intérpretes.
Muerto Schnittke en 1998, Sofia Gubaidulina representa el último eslabón que conecta la música actual hecha por autores que se educaron en lo que fuera la Unión Soviética con la herencia del último Shostakovich. Por descontado que el lenguaje de Gubaidulina es mucho más moderno, al menos en los términos de eludir toda jerarquía tonal, de lo que lo pudo ser el de Shostakovich. Como la misma compositora reconoce, la otra gran influencia en su arte ha sido la de Anton Webern. En el caso de Gubaidulina aparece un elemento nuevo, un pensamiento religioso -adscrito a la ortodoxia rusa- que pasa a integrar la totalidad de su actitud creadora. Ello se traduce en una búsqueda constante de la comunicación con el potencial oyente. No es fácil apreciar el factor religioso en una pieza de música absoluta como el Cuarteto para cuatro flautas, pero sí la especial transparencia de colorido que es otra de las características del estilo de Gubaidulina. Habría asimismo que referirse a la preferencia por las plantillas poco corrientes o la potenciación de instrumentos tradicionalmente poco utilizados, como el acordeón o la tuba. La obra está dividida en cinco movimientos, que en total no sobrepasan el cuarto de hora de duración, sin aclaraciones de carácter o velocidad, aunque la partitura presenta indicaciones metronómicas. La autora señala que tres de las flautas han de ser contraltos. El Cuarteto replantea la constante dicotomía de la música de Gubaidulina entre la libertad confiada a los intérpretes y el grado de control ejercido por su autoría. La pieza fue compuesta en 1977 y estrenada ese mismo año por los flautistas Pierre-Alain Biget, Pierre-Yves Artaud, Robert Thuillier y Arlette Leroy.

      1. Joseph Bodin de Boismortier (1689-1755)
      1. Concierto en Re mayor, Op. 15/ 3 para cinco flautas (1727)
      1. Eugène Bozza (1905-1991)
      1. Jour d'été à la montagne (1954)
      1. Alain Beney
      1. Calligraphies (1977) *
      1. Sofiya Gubaidúlina (1931)
      1. Quartett für 4 flöten (1977) *
  1. * Estreno en España