(y IV) Ciclos de Miércoles El patrimonio musical español

(y IV)

  1. Este acto tuvo lugar el
Gustavo Díaz-Jerez, piano


El piano romántico español

    El Romanticismo en España comienza tardíamente respecto a los referentes europeos. El absolutismo de Fernando VII hizo que numerosos liberales españoles se vieran obligados a exiliarse, regresando gran parte de ellos a partir de 1833 con la Regencia de María Cristina. La reina había apoyado la construcción del Teatro Real y la fundación del Real Conservatorio en 1830 como principal centro de enseñanza musical del país, claros ejemplos de un cambio de mentalidad hacia el arte musical; por una parte la liberalización de dicho arte, y por otra la formación de profesionales por y para el mundo burgués.
    El primer profesor de piano del Real Conservatorio, Pedro Albéniz, publica en 1840 su Método completo de piano, que sigue la tendencia europea y se basa concretamente en el de Henri Herz, compositor que es considerado el "padre" de la escuela francesa de piano. La gran cantidad de publicaciones similares en España como en toda Europa que se prolongaría hasta ya entrado el siglo XX, no viene sino a constatar la creciente importancia de un instrumento que gracias a las innovaciones industriales consigue abaratar sus costes de producción, siendo de este modo asequible al mundo burgués. Esta "fiebre del piano" se extenderá por toda España a lo largo de la centuria, propiciada por la popularización de las veladas musicales, sucesoras de las tertulias dieciochescas, que se celebraban en los salones burgueses tanto privados como de asociaciones y editoriales. En ellas el piano constituía su principal foco de atención y para él se crea una constelación de piezas de muy desigual valor. El denominado "piano de salón" abarca una gran diversidad de géneros. Si por un lado en los salones familiares se interpretaban piezas relativamente sencillas junto a aires de danzas como valses, polkas, mazurkas, gavotas o galops principalmente, a los salones "artísticos" como el del Ateneo de Madrid estarían dedicadas las obras de mayor lucimiento y envergadura como aquellas que llevan la denominación "de concierto" o "de bravura". Apartado especial merecen las composiciones denominadas "estudios", que como su nombre indica tenían una finalidad eminentemente pedagógica, ya que servían para trabajar dificultades técnicas concretas, sin dejar de ser páginas musicales de coherencia artística.
    Merece la pena destacar aquí las vías de divulgación de estas composiciones pianísticas. Las destinadas a una interpretación por parte de aficionados se difundían con frecuencia en revistas de variado contenido, como las de moda dirigidas al público femenino, y por supuesto en las propiamente musicales, como La Iberia Musical o La Gaceta Musical. Todas estas publicaciones, con una frecuencia de publicación mensual o quincenal, solían incluir pequeñas composiciones de tipo bailable, de carácter o incluso de mayor trascendencia artística. Junto a este método de amplia divulgación, numerosas editoriales publicaban composiciones sueltas de cualquier género, contando con frecuencia con un breve catálogo en la misma edición, lo cual facilitaba también la difusión de la música impresa.
    De este multiestelar universo del piano romántico español, en el que desarrollaron su trabajo tantos músicos, se han escogido para este programa tres compositores nacidos en la periferia pero con carreras internacionales: el malagueño Eduardo Ocón, el tinerfeño Teobaldo Power y el eximio gaditano Manuel de Falla en una de sus facetas menos conocida: la de su creación pianística de juventud.

Eduardo Ocón Rivas (1833-1901) nació en Benamocarra (Málaga) y se inició como seise de la catedral, centrando sus estudios musicales en el órgano y en el piano, que estudiaría con Joaquín T. Murguía. Desempeñó durante largos años una plaza de segundo organista en la catedral malagueña, al mismo tiempo que escribía obras religiosas. En 1867 decide emprender viaje a distintas ciudades europeas, dando a conocer sus obras en París, donde frecuentaba los círculos de Auber y Gounod y donde logró que le publicaran algunas de sus partituras profanas También visitó Colonia y Bruselas para entrevistarse con Fétis que entonces dirigía el Conservatorio. Tres años más tarde regresa a Málaga, momento en el que se le ofrece la dirección de la Sociedad Filarmónica, cargo que aceptaría sólo contemplando la posibilidad de crear un conservatorio asociado a ella. Rápidamente se puso en marcha la maquinaria pedagógica, tomando como modelo de enseñanza  el del conservatorio parisino, y pese a estar alejado del centralismo madrileño, la institución malagueña tuvo una gran aceptación, contando entre sus docentes a personalidades de la talla de Isaac Albéniz o Teobaldo Power.
    La producción pianística de Ocón, sin ser lo más representativo de su obra, cuenta con bellos ejemplos, donde se entremezclan sutilmente evocaciones chopinianas con giros españolistas, pues el nacionalismo irá paulatinamente entroncándose no sólo en la literatura pianística, sino en gran parte de la producción musical desde mediados de siglo. Ya desde esas fechas muchos músicos dirigen sus esfuerzos a la búsqueda de identidad propia, frente a las distintas identidades que desde el extranjero llenaban el ambiente musical español. En este sentido se desarrollará el llamado andalucismo como seña de identidad hispánica que cuenta entre sus adeptos con Ocón, quien publicaría en 1874 en Breitkopf und Härtel sus "Cantos españoles", colección de melodías populares que contribuyó al desarrollo del nacionalismo español.
    De su faceta pedagógica destaca el "estudio fantástico para piano" Rheinfahrt (viaje por el Rhin), compuesto tras su regreso de Europa. Como su título indica, el movimiento ondulante que producen los arpegios evoca el vaivén de la barcaza que transcurre por un tranquilo río, que tras cruzar algunas corrientes, se sosiega marcando el final del paseo. Por su parte el Gran Vals brillante, se presenta como una de tantas composiciones que ejemplifican el piano de salón virtuoso, aunque quizás no concertístico. Tras una pequeña introducción, el vals es atacado con brillantez y, como era habitual, sus distintas secciones se van repitiendo con el fin de permitir el lucimiento del intérprete, así como presentar la vertiente más práctica de la misma obra. También por la misma época en que escribe Rheinfahrt compone una de sus obras más difundidas, "Recuerdos de Andalucía" Op. 8 (Bolero de concierto), donde se pone de manifiesto su tendencia nacionalista. Aquí,  el típico ritmo ternario del bolero actúa de auténtica columna vertebral discurriendo ininterrumpidamente durante toda la composición, y sobre la que se desarrolla un melodismo de corte andalucista. El bolero propiamente dicho se inicia en la cálida región central del piano, pero rápidamente ampliará su ámbito hacia registros más extremos, explorando distintos recursos tímbricos del instrumento.

Las composiciones de Manuel de Falla (Cádiz 1876-Alta Gracia, Córdoba, Argentina,1946) incluidas en el programa ejemplifican el paso del piano de salón al virtuoso de concierto. En su Cádiz natal comenzó su formación de la mano de su madre, aunque pronto pasaría a otros maestros. Un aliciente fundamental en su formación fueron las tertulias organizadas por D. Salvador Viniegra, comerciante gaditano y músico aficionado. Sería en un concierto organizado por éste donde Falla estrenaría su primera composición pianística en 1899, Nocturno. En 1896 Falla se establece en Madrid, aunque desde algunos años antes viajaba frecuentemente aquí para recibir lecciones de José Tragó. Será ya a partir de 1900 cuando comience su carrera concertística y en sus repertorios empiece a incluir composiciones propias. Tal es el caso de la Canción fechada en ese mismo año. Se trata de una pequeña obra de corte intimista, muy dentro del estilo de salón, sin grandes dificultades técnicas, pero que requiere de una gran dosis de sensibilidad y gracia para su ejecución. Está concebida al estilo de los "Lieder ohne Worte" de Mendelssohn, con una sencilla melodía cuyo acompañamiento se irá enriqueciendo en sus distintas repeticiones. Apenas unos meses más tarde estrenará el autor en la Real Academia de Santa Cecilia de Cádiz su Vals-Capricho: de un modo libre, casi caprichoso, el vals surge una y otra vez del entramado compositivo, viéndose aquí la clara diferencia con el Gran Vals brillante de Ocón, más danzable y salonístico, mientras que el de Falla es más de concierto, pese a ser una obra del período juvenil, aquel que Gerardo Diego denominara "Premanuel-Antefalla" y que se extenderá hasta 1904-05 con el estreno de La vida breve.
    Ya plenamente establecido en Madrid y con sus estudios terminados, Falla se presenta a distintos concursos. El primero de ellos será el convocado en 1903 por el Real Conservatorio Superior de Música, donde presenta el Allegro de Concierto. A pesar de ser una obra de gran brillantez y de que indudablemente contó con una buena interpretación, el premio fue otorgado a la homónima composición de Enrique Granados. Esta composición de Falla de gran formato, en la vertiente más técnica del piano de salón, requiere dado su gran virtuosismo del concurso de un intérprete profesional para su adecuada ejecución. No en vano Falla la incluyó en un concierto que interpretó en el Ateneo de Madrid en 1905, junto a obras de Beethoven, Chopin y Liszt.
    Al igual que Ocón, Falla no podría mantenerse al margen del mundo nacionalista, al que se acercó guiado por Pedrell en torno a 1902-03, incorporando no sólo giros españolistas en numerosas composiciones instrumentales, sino llegando a sus espléndidas "Siete canciones populares españolas" de 1914. Pedrell también había orientado en el sentido de beber de las fuentes naturales la inspiración musical tanto a Albéniz como a Granados, y si bien estos contaron con una producción pianística más amplia, Falla coronaría con su posterior evolución este espléndido triunvirato del nacionalismo español.

Lourdes Bonnet Fernández-Trujillo

Aunque nacido en Santa Cruz de Tenerife, Teobaldo Power y Lugo-Viña (1848-1884) realizó toda su carrera fuera de su tierra, exceptuando los dos años que tuvo que permanecer en la isla por motivos de salud. Niño prodigio del piano, despertó desde muy pronto la admiración de todos sus coterráneos por sus cualidades excepcionales ante el teclado, y por su facilidad para la composición cuando apenas tenía 10 años. Educado por su padre, Bartolomé Power, que era miembro de la Orquesta de Cuerda que creara en 1828 el francés Carlos Guigou, el niño Teobaldo vivió en un ambiente musical propicio para el despertar de su talento. En 1858 se traslada con sus padres a Barcelona donde va a estudiar con Gabriel Balart y más tarde en el Conservatorio de París con el pianista Marmontel y el compositor Ambroise Thomas. Tras finalizar sus estudios en 1866 con premios y distinciones, comienza una vida errática tratando de abrirse camino en el difícil mundo del concierto. Se dirige primero a La Habana, luego de nuevo a París, donde es nombrado director de una compañía de ópera, pero la guerra franco-prusiana le hace regresar a España y entonces se establece en Madrid, ciudad que con varias interrupciones, viajes y estancias en otros lugares (Barcelona, Tenerife, Málaga, Madeira, Lisboa, de nuevo París) va a convertirse en su residencia más estable hasta su temprana muerte a los 36 años. Ya aquí se relaciona con otros artistas y músicos que trataban de superar los trastornos provocados por la revolución del 68, y que se esforzaban por hacer que la música española ocupara un lugar significativo en el panorama europeo a través de un lenguaje propio de tipo nacionalista. Pero, a pesar de que en 1864 se había fundado la Sociedad de Cuartetos y en 1866 la Sociedad de Conciertos con el fin de potenciar la música instrumental, lo cierto es que el teatro lírico era el que arrastraba más público, y en este panorama la vida de un pianista-compositor no era nada sencilla. Tocaba en los café-conciertos (El Prado y el Imperial), además de dar algunos conciertos esporádicos en teatros o en el Conservatorio. Fueron años difíciles, en los que su salud comenzó a quebrantarse, por lo que tuvo que hacer un alto en el camino, y regresar a Tenerife en 1879 a reponer las fuerzas perdidas. Tras una corta estancia vuelve a marchar a la Península (Lisboa, Málaga), de donde regresa a la isla ante una grave recaída. Su permanencia ahora aquí será de dos años, tiempo que aprovecha para reflexionar sobre la técnica pianística y redactar su tratado didáctico El Arte del piano, escribir algunos artículos periodísticos, y componer la rapsodia Cantos canarios como homenaje a su tierra natal, obra que estrenará en 1880. De regreso a la Península, los acontecimientos de su vida se irán precipitando hasta llegar a su final. Realiza una gira de conciertos por Andalucía, da clases de piano en el Conservatorio de Málaga llamado por su amigo Eduardo Ocón, al que había conocido en París, pero poco después al quedar vacante una cátedra del Conservatorio madrileño, se presenta y gana la reñida oposición en 1882, al mismo tiempo que alcanza la plaza de segundo organista de la Capilla Real. El prestigio de Power crecía por momentos en el Madrid de aquel entonces, pues a ello contribuían sus conciertos, los estrenos de sus obras sinfónicas y las publicaciones de las pianísticas. Sin embargo, apenas pudo disfrutar de una vida más desahogada y libre de preocupaciones económicas, pues la tuberculosis que le venía rondando desde hacía tanto tiempo acabó con su vida en mayo de 1884.
    Imbuido por el Romanticismo imperante, Power supo conciliar la práctica de su arte interpretativo con la elaboración de una notable producción propia, sinfónica y pianística, que se desarrolló bajo las pautas del entretenimiento mundano, de la exhibición virtuosística y del ejercicio didáctico. En su no muy extenso catálogo cuenta con una opereta, una sinfonía, dos conciertos para piano y una serie de piezas cortas orquestales. La producción pianística, en cambio, es más numerosa y en ella se encuentran tanto la típica pieza brillante de salón como otra serie de obras de concierto, sin que falte la pieza más íntima y poética, la de carácter, los estudios de concierto, y las obras de tipo nacionalista inspiradas en su caso en el folklore canario (Cantos canarios, Malagueñas, Tanganillo, etc.)
    El Scherzo de concierto, op. 10, es una partitura de gran formato, donde al igual que en el Vals de Bravura y la Sonata explota todos los recursos del piano grandioso y virtuosístico, con arpegios que cruzan el teclado de un lado a otro, exposiciones melódicas en el registro sobreagudo, trinos medidos, grupos irregulares de figuras, rápidas figuraciones ornamentales, octavas quebradas, etc, todo ello sin perjuicio de la buena exposición melódica, del logrado trabajo temático y armónico, con zonas de marcado cromatismo, y de la excelente conducción de las progresiones y modulaciones. Se percibe en él la impronta de los Scherzi chopinianos, sobre todo en el lirismo que se desprende de sus melodías. Su forma de Lied ternario no es claramente apreciable por variar la reexposición y por añadirle una larga coda, con lo cual la obra queda articulada en cuatro partes (A-B-A¹C) marcadas por su ámbito tonal, fa # m-La M-fa #m-Fa # M. El trabajo temático es curioso, pues tras hacer oír una idea melódica en la dominante, introduce ya en la tónica un breve motivo de carácter rítmico, que contrasta con el tema propiamente dicho expuesto a continuación y conformado por un amplio arco melódico, tema de gran aliento, que será el que reexponga variado y con una tendencia hacia la agitación en la tercera sección. Pero Power no ha perdido de vista el pequeño motivo que antecede al tema. Lo vuelve a introducir inmediatamente antes de la segunda sección, esta vez en La M, a modo de recordatorio, e incluso vuelve a hacerlo al final de esa misma sección B, cantado por la mano izquierda bajo un largo trino medido de la derecha. Es éste el motivo que tiene reservado para la coda, el cual es expuesto aquí, en metro binario y en todo su esplendor y contundencia, tras su consecuente amplificación temática.
    En contraste con ese pianismo de lucimiento del Scherzo, en el monotemático Capricho romántico en Sol b M es el sentimiento y la expresión poética lo que prima, trasmitidos por una bella melodía que realzan ricas armonías. Es una obra póstuma, publicada por Zozaya.
    El Vals de Brabura (sic), editado por Antonio Romero, lo dio a conocer Power en 1876 en un concierto en el Conservatorio de Madrid con el que obtuvo un gran éxito como creador y como intérprete. En él y como indica su título hace uso de todos los recursos del más exhibicionista virtuosismo, sin perder de vista la expresión tierna del tema. El vínculo con las piezas homónimas de Chopin es patente.
    Recuerdos del pasado es una obra de carácter con título extramusical que forma parte de un cuaderno de piezas cortas publicado por Antonio Romero, del que tan sólo se han encontrado ocho. Esta pieza, subtitulada Rêverie y marcada con el op. 13, rezuma una nostalgia extrema, reflejada en la partitura por el ben cantato e tristemente.
    La Grand Sonate en do m es una obra representativa del piano más internacional y constituye un raro ejemplo en la producción pianística española de la segunda mitad de siglo. Compuesta en los años setenta, publicada por el editor Romero y Andía y dedicada a su amigo, el también pianista y compositor Dámaso Zabalza, consta de los cuatro movimientos preceptivos de la forma académica. El Allegro toma la forma de sonata con sus dos temas contrastados en carácter y tonalidad: el primero tratado como un perpetuum mobile es todo un reto para los intérpretes, por su imparable movimiento de tresillos en la mano derecha, que crean una nube de sonido en torno al canto un tanto ansioso de la izquierda, ansiedad ya presentida en las síncopas de los cuatro primeros compases; el segundo, en cambio, es cantabile, evolucionando la melodía en el registro central, siempre llevada por la mano izquierda. Una pequeña coda con rápidas octavas da paso sin ningún tipo de preámbulo al corto desarrollo basado en materiales del primer tema y de la coda, tras el cual presenta la reexposición con su segundo tema en la dominante mayor.
    El segundo movimiento, Andante, es muy lírico y expresivo, con forma de Lied ternario, contrastando las tonalidades de La b M y Mi M en sus tres secciones. En él pretende imitar el sonido pastoso del expresivo armonium cuando indica que hay que hacer uso del pedal para "crear una sonoridad tenida y ligada", que envuelve las ricas armonías que nos recuerdan los Adagios beethovenianos. El Scherzino Vivace que le sigue es como su nombre indica muy alegre y juguetón, con un Trio muy largo, sincopado y con tema de sabor español, que se contrapone al corto Scherzo, -de ahí el uso del diminutivo-, donde trabaja con acordes paralelos de sexta que en rapidísima ejecución recorren gran parte de los 38 compases de que consta. Por último, el movimiento Finale es un Allegro di bravura de grandes dificultades técnicas, cuya estructura se aparta de las formas académicas al uso. Es como una especie de Lied durchkomponiert de tres secciones, no bien equilibradas, que podríamos considerar como introducción, exposición monotemática y coda. De este corto movimiento de 2¹38¹¹ la sección central es la más extensa con un tema ostinato en octavas y acordes martilleantes,  repartidos entre ambas manos, mientras que en las dos secciones que la encuadran sus motivos no tienen entidad suficiente como para ser considerados temas. Sin embargo, son precisamente estas secciones con textura densa, rico cromatismo y forma de distribuir el material las más interesantes, por ir a la búsqueda de un piano orquestal a lo Schumann.

Rosario Álvarez Martínez

      1. Eduardo Ocón (1833-1901)
      1. Rheinfahrt. Estudio Fantástico
      2. Recuerdos de Andalucía, Bolero de Concierto Op. 8 en Mi bemol menor
      3. Gran Vals brillante, en Mi bemol mayor
      1. Manuel de Falla (1876-1946)
      1. Canción
      2. Vals Capricho
      3. Allegro de Concierto
      1. Teobaldo Power (1848-1884)
      1. Scherzo de Concierto
      2. Capricho romántico
      3. Vals de bravura en La bemol mayor
      4. Recuerdos del pasado
      5. Grand Sonata