4/4 Ciclos de Miércoles Músicas para una exposición Matisse

4/4

  1. Este acto tuvo lugar el
Pedro Espinosa, piano

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CUARTO CONCIERTO
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Cuatro Piezas, de R. Viñes
Thrénodie (Funerales antiguos a la memoria de Erik Satie)
Minué espectral
En Verlaine menor
Crinoline o Vals del tiempo de la Montijo

La figura del leridano Ricardo Viñes es fundamental para el desarrollo pianístico del primer tercio el siglo XX. Desde que se instala en París en 1887 para estudiar con el famoso Bériot (hijo del no menos célebre violinista y de María Malibrán), y exceptuando sus giras de concierto, viviría siempre en esa ciudad hasta que la Segunda Guerra Mundial le hiciera refugiarse en Barcelona donde murió en 1943.
Viñes no fue sólo un excepcional pianista. Estuvo tan ligado a los compositores que, junto a ellos desarrolló una nueva técnica y estética pianísticas, y además fue un activo miembro de la comunidad cultural moderna pues si entre sus amigos se cuentan músicos como Debussy, Falla, Ravel, Albéniz, Satie, Prokofiev o Séverac (y Poulenc fue su discípulo), también lo fue de pintores como Picasso, Odilon Redon y el propio Matisse y de escritores como Cocteau, Fargue, Colette, Jacob o Jorge Guillén. Estrenó obras de Debussy como Pour le piano o L'île joyeuse, de Ravel Jeux d'eau, Miroirs y Gaspard de la nuit, de Prokofiev Sarcasmos, además de difundir la obra de estos autores y de otros que entonces no estaban en el repertorio como Balakirev o Musorgsky. Docenas de obras le están dedicadas, así Poissons d'or de Debussy, Oiseaux tristes de Ravel o Noches en los jardines de España de Falla que la Primera Guerra Mundial le impidió estrenar quedando el honor para José Cubiles.
Viñes no estaba especialmente interesado en la composición, que había estudiado con Godard, pero la practicó ocasionalmente, especialmente para rendir homenaje a amigos desaparecidos. Thrénodie (Funerales antiguos a la memoria de Erik Satie ) se escribe a principio de 1926 para homenajear al músico de Arcueil que había muerto el 1 de Julio de 1925. Viñes dedica la obra a Jean Cocteau, muy amigo suyo y uno de los grandes valedores de la estética de Satie, y desarrolla una pieza fúnebre que enlaza lejanamente con el carácter hierático y las sonoridades llenas de la época en que Satie componía sur piezas rosacruz. Minué espectral está escrito en 1938 a la memoria de Ravel, el gran amigo que desaparecía tras una penosa enfermedad el 28 de Diciembre de 1937. Viñes reelabora aquí el estilo raveliano, que tan bien conocía, en una especie de minueto fúnebre que rememora el Minueto a la manera de Haydn del propio Ravel. Es la última obra compuesta por Viñes. También la muerte de Fauré, ocurrida el 4 de Noviembre de 1924, le lleva a escribir en 1925 una obra a su memoria. Viñes escoge ahora un motivo poético, el de la poesía de Verlaine, tan amada por Fauré y también por otros músicos franceses de su tiempo, y compone un En Verlaine menor que es una transfiguración de la elegancia melódica del Fauré de La bonne chanson. Finalmente, y para homenajear a su amigo el poeta León Paul Fargue, compondrá en 1927 una evocación de la Francia del III Imperio, no tanto en sus pomposos fastos como en su ambiente social que se evoca con nostalgia. Crinoline o Vals del tiempo de la Montijo es el resultado y también una obra amable que tal vez resulte la más conocida de las compuestas por Viñes.
Música Callada, de F. Mompou
Primer cuaderno. Segundo cuaderno. Pieza XXV del Cuarto Cuaderno
La obra singular, poética y personalísima de Frederic Mompou tiene en el piano y en la canción su cultivo más extenso y sus logros más certeros. En el piano encontramos obras tan sugerentes y ricas como Impresiones íntimas, Scènes d'enfants, Pessebres, Suburbis, Cants mágics o Charmes, entre otras, pero son dos largas colecciones que recorren su producción, como Canciones y danzas y Preludios, las más difundidas. Es en la última etapa de su carrera cuando se producen, entre 1959 y 1967, los cuatro cuadernos de Música callada, la más honda, abstracta y emocionante de sus obras. Se trata de una obra que no sólo recoge en su título la poesía de San Juan de la Cruz sino que se plantea como una especie de austero misticismo sonoro en cuya expresividad despojada se encierra una profunda y poética belleza. La referencia a San Juan de la Cruz no es ociosa y es constante, aunque en algunos momentos intervengan otras presencias poéticas muy concretas.
El Primer cuaderno surgió en 1959 con la intención, para algunos números, de subrayar la poesía de Paul Valéry a quien había prometido hacer unas canciones sobre sus versos (cosa que efectivamente hizo en 1973). Comprende nueve números, el primero de los cuales está dedicado a Federico Sopeña. El segundo debía preceder originalmente al recitado del poema Le pas de Valery. El tercero utiliza el tema que él mismo escribiera como sintonía de la Sociedad Española de Radiodifusión (SER). El cuarto es un desarrollo asombroso sobre un único motivo de segunda mayor descendente. Para el quinto, Mompou quería los mordentes con una sonoridad metálica, el sexto desarrolla un único tema en arco mientras el séptimo se basa en cuatro temas. El octavo debía preceder al poema de Valery L'indifferent mientras el noveno tiene una indudable vocación de serie.
Tres años más tarde, en 1962, termina Mompou el Segundo cuaderno. Aquí la música se hace más abstracta y la referencia a Valery ha desaparecido. Siete son los números, cuya numeración continúa la del anterior cuaderno. El décimo de los cuáles es como una sencilla invención pero muy expresiva mientras el undécimo es más movido y alegre. El duodécimo es de una tristeza intensa mientras que en el decimotercero reaparecen las trazas del folklore catalán, tan a menudo transfiguradas en la obra de Mompou. El número decimocuarto hace un cierto guiño al mundo dodecafónico con uso de series incompletas y, como contraste, el decimoquinto evoca los preludios chopinianos y el decimosexto cierra con un trabajo armónicamente muy refinado en un tiempo tranquilo.
El número veinticinco procede del Cuarto cuaderno de Música callada y se suele estimar como el más complejo y hermoso de toda la colección. Hay en él un trabajo que se vuelve a acercar al serialismo no sólo en el empleo de series incompletas sino en las relaciones numéricas de los fragmentos formales. Al mismo tiempo, hay todo un mundo de resonancias que, en ocasiones, evocan trabajos anteriores del músico como su Preludio para la mano izquierda. Música callada es uno de los grandes monumentos de la música pianística española con el  mismo título que lo son Iberia o Goyescas.

Tres Gnosianas (Primera y Segunda serie), de E. Satie
Como en el caso de las Gymnopédies, las Gnossiennes, o en español Gnosianas, de Satie no desvelan el misterio de su título que, aunque intuimos hacia donde apunta, no podemos concretar. Las Gymnopédies vieron la luz en 1888 y las Gnosianas aparecen dos años después, en 1890, cuando Satie estaba en plenas relaciones con el curioso personaje que fue Joséphin Péladan, que se llamaba a sí mismo Sâr Péladan, jefe de los Rosacruz y que inspiró a Satie su propia iglesia: la Iglesia Metropolitana de Arte de Jesús Conductor. Esta vinculación avalaría a quienes ven el título como una referencia a la doctrina gnóstica. Pero uno de los mayores especialistas en Satie, Rollo Myers, da una explicación más osada y dice que el título alude al antiguo palacio de Knosos, lo que no sería raro dado que por esa época Satie está componiendo su "wagnerianada caldea" El hijo de las estrellas sobre un texto del Sâr Péladan que trata nada menos que de Gudea, patesi de Lagash. En todo caso era la época mística y gótica ("músico gótico perdido en este siglo", le llamaría Debussy), y nada irónica, de quien luego sería un campeón del humor en música.
Sea lo que fuere a lo que alude el título, las tres Gnosianas de la primera serie son piezas de carácter místico oriental con empleo de la modalidad. La primera está influenciada por la música rumana y abunda en el empleo de mordentes. En la edición Satie la dedicaría a Roland Manuel. La segunda inaugura la serie de indicaciones sorprendentes que Satie empieza a usar en sus piezas sustituyendo a las habituales indicaciones expresivas. Algo que derivará más adelante hasta un humorismo hilarante y que aquí se concreta en frases como "aprovisionaos de clarividencia" o "abrid la cabeza". Indicaciones que en la tercera son del género "aconsejaos cuidadosamente", "con una gran bondad" o "sin orgullo". Las tres están escritas sin barras de compás aunque sus melismas obstinados necesitan de un acompañamiento rítmico uniforme. Muy conocida en su versión pianística, la obra fue ocasionalmente orquestada por John Lanchberry.
Durante mucho tiempo se pensó que las Gnosianas eran únicamente tres, pero en 1968 se descubrieron y publicaron otras tres que llevan los números 4, 5 y 6. No se habían compuesto unitariamente, ya que sus fechas respectivas son 1891, 1889 y 1897 y no se sabe porqué Satie no quiso publicarlas y las tenía ocultas. Hay quien ha apuntado que se debe a que la serie es inferior a la primera, aunque tiene las mismas características. Más acertado parece el hecho de que Satie fuera abandonando las piezas místicas y, tras un silencio compositivo de dos años, en 1897 reapareciera ya con la inequívocas piezas humorísticas que serían una constante y que inauguran en esa fecha Piezas frías. La segunda serie de Gnosianas sería orquestada por Robert Caby.

Dos piezas de Miroirs (Espejos), y Jeux d'eau, de M. Ravel
En la obra de Ravel el piano tiene un relieve particular porque, a través de las colecciones que compuso, adquiere una técnica nueva y unas características sonoras absolutamente propias. Ravel era un exquisito pianista que había estudiado con el mismo Bériot que lo hiciera Viñes. Ya la Pavana para una infanta difunta revelaba a alguien que sabía manejar el instrumento pero Jeux d'eau haría saltar por los aires la técnica conocida. Con Sonatina, Ravel afianzaría sus recursos y se prepararía para el milagro de Miroirs, en español Espejos. Esta obra se compone entre 1904 y 1905 y es rigurosamente contemporánea del primer libro de Imágenes de Debussy. Las piezas, que son cinco, no se compusieron en el mismo orden en que se publicaron sino que se ordenaron con motivo del estreno que fue realizado por el impagable Ricardo Viñes el 6 de Enero de 1906 en un concierto de la Sociedad Nacional de Música en la Sala Erard de París. Las piezas, que fueron editadas al año siguiente por Desmets (en 1924 pasarían a Schott), están dedicadas cada una a un amigo distinto que fueron respectivamente, y siguiendo el orden que hoy tienen (Noctuelles, Oiseaux tristes, Une barque sur l'Océan, Alborada del gracioso y La vallée des cloches), León Paul Fargue, Ricardo Viñes, Paul Sordes, Michel Dimitri Calvocoressi y Maurice Delage.
La primera que hoy se toca es la última de la colección, El valle de las campanas, y está dedicada, como hemos dicho, a Maurice Delage (1879-1961), un compositor que fue el primer discípulo que tuvo Ravel. Se trata de un paisaje contemplativo, casi inmóvil, de forma tripartita y donde los matices en el toque son fundamentales. Se escuchan carillones, orfebrerías ornamentales y sutiles modulaciones crepusculares con una parte central lírica y un final donde las resonancias se desvanecen mientras el valle entra en las sombras. Por su parte, Pájaros tristes es la segunda de las piezas y la dedicada a Ricardo Viñes. También es la primera que se compuso y, para el propio autor, la más característica del ciclo. Según el compositor evoca a los pájaros perdidos en un bosque muy sombrío en las horas más cálidas del estío. Incluso, anticipándose a Messiaen, anotó para esta pieza un canto de mirlo que escuchó en el bosque de Fontainebleau. La pieza tiene algo de desolada  con acordes arpegiados que evocan el flotar de las alas y disonancias llenas de melancolía.
Juegos de agua fue una bomba en el ambiente musical parisino ya que es tan temprana como de 1901 y el autor la dedicó "a mi querido maestro Gabriel Fauré" siendo estrenada por Ricardo Viñes en la Sociedad Nacional de Música en un concierto celebrado en la Sala Pleyel de París el 5 de Abril de 1902. En esa ocasión se estrenaba también la Pavana para una infanta difunta y apenas si se puede dar mayor contraste que el que existe entre ambas piezas. La obra se juzgó como una absoluta "cacofonía" y se dice que el que no se la perdonaran los miembros del Instituto de Francia fue lo que le costó el no obtener el Premio de Roma pese a concursar varias veces.
El juicio puede chocar hoy día pero hay que tener en cuenta que Ravel se adelantó a la técnica pianística de Debussy pues la obra es anterior a las Estampas, las Imágenes y a los Preludios y rechaza de plano el piano romántico aunque se citen como antecedente Al borde de una fuente y Los juegos de agua de la Villa de Este de Liszt. Pero aquí el estallido impresionista de la movilidad del agua, la obediencia formal a la lógica de los fluidos y el arabesco caprichoso producen una obra de una extraordinaria novedad. Ravel cita al principio un verso de Henri de Régnier y la obra transcurre con una rápida inmaterialidad que exige una técnica extraordinaria y un cuidado exquisito con los pedales pues la pieza, siendo ultravirtuosa, exige, según su autor, un ambiente medio soñador, medio alegre.

Seis Pequeñas piezas op. 19, de A. Schönberg
Esta obra fue compuesta en 1910 y revela un estilo completamente distinto a las piezas pianística anteriores de Schönberg y, además, sería la última para este instrumento en muchos años pues la siguiente es ya el opus 23 que inauguraría la etapa dodecafónica. En cambio en ésta nos encontramos en el camino hacia la atonalidad ya iniciada en la piezas del opus 11. La obra sería estrenada por Etta Werndorff el 14 de Enero de 1912 en la Verein für Kunst und Kultur de Viena. Se trata de una serie de seis miniaturas que no solamente son breves sino que observan una forma aforística que generalmente se suele señalar más como característica de Webern que de Schönberg, una especie de reacción contra la hipertrofia formal e instrumental que Schönberg practicara en los Gurre Lieder, por entonces estrenados. La pieza más larga es la primera Leicht, zart (Ligero, delicado) que, sin embargo cuenta con sólo dieciocho compases de una fina textura armónica. La segunda, Langsam (Lento), sólo tiene nueve compases y se basa en un ostinato de tercera sobre las notas sol y si. La tercera, también de nueve compases, Sehr langsam (Muy lento), es más lírica mientras la cuarta, Rasch aber leicht (Rápido pero ligero), es un recitativo que resulta extraordinariamente dramático en solo trece compases. La quinta, Zart aber voll (Delicado pero pleno), es un fluido legato en el que ya no se puede encontrar ninguna funcionalidad tonal sino que es plenamente atonal libre. La sexta y última, Sehr langsam (Muy lento), tiene fama de ser la más hermosa y emocionante de las seis que desarrolla su melancolía hasta el último acorde doble de seis notas que debe ejecutarse, según indica el compositor  "wie ein Hauch" (como un soplo).
No convendría exagerar las similitudes de estas piezas con la música de Webern. Cierto que éste se decantó por el esencialismo de la forma aforística que parece dominar en ellas. Sin embargo, Schönberg concentra formalmente elementos que son fuertemente expresivos y que no toman esa expresividad de la estructura, como en Webern, sino en un directo compromiso emocional. En ese sentido, y en muchos otros también, nos encontramos ante una auténtica obra maestra.

Isla de fuego I, de O. Messiaen
La obra pianística de Olivier Messiaen abunda en piezas maestras de la mayor importancia. Así, sus extraordinarias Visiones del Amén (para dos pianos), las Veinte miradas sobre el Niño Jesús, Cantéjodjâya, o el enorme Catálogo de los pájaros, pero quizá la más trascendente en cuanto a su técnica y a su duradera influencia en muchos compositores, es Cuatro estudios del ritmo, una obra que se compone entre 1949 y 1950 de una manera itinerante pues Neumas rítmicos se escribe en Tanglewood, Modos de valor e intensidad en Darmstadt y las dos Isla de fuego en París. Se estrenaron independientemente y conjuntamente las ofreció el autor en 1950 en un viaje a Túnez, aunque el estreno oficial es el que hizo Ivonne Loriod  en Toulouse el 7 de Junio de 1951. Pero, aunque el orden de composición es el que he indicado, el del estreno se ordenó así: tercera, segunda, primera y cuarta, es decir, con las dos Isla de fuego enmarcando a las otras dos. Hay que decir que es raro que las cuatro se toquen juntas ya que se han independizado por completo puesto que Neumas rítmicos se ha convertido en el arquetipo de la serialización de ritmos mientras Modos de valor e intensidad se cita como el verdadero inicio del serialismo integral.
Isla de fuego I, al igual que la segunda, surge de la fascinación de Messiaen por Nueva Guinea o Papuasia y pretende evocar en su música toda la violencia de la organización mágica de ese territorio. Se trata de un estudio bastante breve, de una extraordinaria belleza salvaje que se basa en un ostinato de los tam-tam indígenas y sirve de tema para cuatro variaciones, la primera con el canto de un exótico pájaro local, la segunda sobre efectos de resonancia, la tercera sobre un complejo melódico-acórdico y la cuarta como un movimiento perpetuo. Una coda rememora determinados fragmentos de las variaciones y lleva a la pieza a su fin. Música exótica y premeditadamente salvaje, música muy de Messiaen y capaz de servir de excelente pórtico a las novedades técnicas profundas que las siguientes piezas introducirán.
Tomás Marco

  1. I
      1. Ricardo Viñes (1875-1943)
      1. Thrénodie (Funerales antiguos a la memoria de Erik Satie)
      2. Minué espectral
      3. En Verlaine menor
      4. Crinolina o Vals del tiempo de la Montijo
      1. Federico Mompou (1893-1987)
      1. Música callada: Primer Cuaderno
      2. Música callada: Segundo Cuaderno
      3. Música callada: Cuarto Cuaderno (Pieza XXV)
  2. II
      1. Erik Satie (1866-1925)
      1. Tres Gnosianas (primera serie: nº 1, 2 y 3)
      2. Tres Gnosianas (segunda serie: nº 4, 5 y 6)
      1. Maurice Ravel (1875-1937)
      1. El valle de las campanas (de "Miroirs")
      2. Pájaros tristes (de "Miroirs")
      3. Jeux d'eau
      1. Arnold Schönberg (1874-1951)
      1. Seis pequeñas piezas, Op. 19
      1. Olivier Messiaen (1908-1992)
      1. lle de feu I, de Quatre études de rythme