(I) Ciclos de Miércoles Manuel de Falla y su entorno

(I)

  1. Este acto tuvo lugar el
José Luis Temes, dirección
Grupo Círculo
María Villa, soprano. Mickaele Granados, arpa. Francisco Sard, violín. Pablo Múzquiz, contrabajo. Julián López Elvira, flauta. Peregrín Caldés Galbis, trompa. Conchi San Gregorio, percusión. Julia Jimenez, viola

PRIMER CONCIERTO____________________________________________________

La variada plantilla instrumental del Grupo Circulo que dirige José Luis Temes, con la soprano Maria Villa, también integrada en el Grupo, nos permite disfrutar hoy de un programa de música española un tanto insólito. Un programa en el que hallamos música de lo más diverso en lo estético de ocho creadores pertenecientes a distintas generaciones. Así, desde compositores de la Restauración, como Chueca y Chapí, pasando por los nacionalistas de la generación del 98, o de los maestros, como Falla y Conrado del Campo, hasta tres de los más destacados músicos de la generación del 27, o de la República, como son Gustavo Pittaluga, Salvador Bacarisse y Ernesto Halffter.

Se inicia este concierto de música de cámara con Ruperto Chapí (1851-1909) y Federico Chueca (1846-1908), autores cuya perdurabilidad se vincula, con razón, a sus obras escénicas, no en vano son autores, por citar algún ejemplo, de "La revoltosa" y de la "Gran Vía". Ahora bien, si el madrileño fue un músico esencialmente popular y zarzuelero (genial, sin duda), el alicantino tuvo más ambición artística y abordó con desigual fortuna, los géneros sinfónico y de cámara, la ópera y la canción de concierto.

En 1875, Chapí se trasladó a Roma como pensionado de la recien creada Academia Española. Sus estancias en la capital italiana, y después en Milán y en París, serán decisivas en su formación y darán frutos, no por olvidados, de poca importancia en la historia de la música española, como es la "Sinfonía en Remenor" (1877), acaso la más notable y personal de nuestro siglo XIX, el oratorio "Los Angeles" (1879), con texto de Antonio Arnao, y la ópera en tres actos "Roger de Flor"(1877), sobre un texto de Mariano Capdepón.

Pero, junto a esas y otras obras de cierta envergadura -el poema sinfónico "Escenas de capa y espada" (1876), las óperas "La hija de Jefté" (1876) y "La muerte de Garcilaso" (1876)- Chapí se ejercitó, durante su fecundo pensionado, en composiciones polifónicas, en el lied y en la música de cámara. En este último género, que le apasionaba y al que volvió en los últimos años de su vida, nos queda de él, en ese periodo, un hermoso "Trío en Si menor", inacabado, y las tres piezas que abren el programa de hoy. La "Danza morisca" procede del Legado Chapí de la Biblioteca Nacional, como las otras dos piezas y viene a conectarse con la fantasía morisca "La Corte de Granada", una de las primeras composiciones que asentaron el prestigio del joven músico de Villena. La "Zarabanda" es un breve apunte para un trío de cuerdas integrado por violín, viola y violonchelo.

En cuanto al "Potpurrí" parece que iba a serlo de fragmentos de zarzuela, pero incluye diversos temas, entre ellos el de la famosa canción de Stephen C. Foster (1826-1864), "Oh Susanna", relacionada con los años de la "fiebre del oro" en el Oeste americano. Recordemos aquí lo que afirmaba el gran pianista Juan María Guelbenzu acerca del joven Ruperto Chapí "los trabajos hechos por el Sr. Chapí durante su permanencia en el extranjero son de tal mérito que todos los amantes de los progresos del arte deben desear que vuelva a disfrutar la peno si6n para completar su práctica y ver si puede extender su reputación de compositor, lo cual sería muy honroso para España y provechoso para el interesado".

El sesquicentenario del nacimiento del maestro Chueca nos va a traer este año la reposición de algunas de sus mejores zarzuelas. Fuera de este género, el músico madrileño escribió poco, pero nos ha dejado hermosas y schubertianas tandas de valses, mazurcas, polcas y unos pocos pasodobles que no pertenecen a zarzuela alguna. Entre estos últimos - "Dos mil duros", "Mosaico", "El Zapador"- destaca " Al pueblo del 2 de mayo", última obra que dirigió el castizo compositor antes de su muerte.

En 1908, se organizaron en Madrid grandes actos conmemorativos de la gesta del 2 de mayo, así como del centenario de la guerra de la Independencia. No todo el mundo estaba de acuerdo con la conmemoración, pues las relaciones con Francia eran buenas y numerosos compositores habían emprendido o se disponían a emprender el viaje a París. Pero las autoridades, en especial las militares, querían exaltar los sucesos de 1808 y se formaron juntas y comisiones para ello. El Círculo de Bellas Artes echó la casa por la ventana y encargó dos obras conmemorativas. Una a Tomás Bretón, que escribió un "Himno a la Independencia para banda y coro, sobre texto de Gonzalo Cantó. La otra a Federico Chueca, cuya marcha de "Cádiz" vibraba todavía en el corazón de todos los patriotas. Para su composición, Chueca "tiró de sus ahorrillos", recurriendo a un pasodoble satírico que tenía ya escrito e inédito, sobre Guillermo Tell. Ayudado por su amigo el pianista Francisco Fuster, preparó en poco tiempo una excelente versión para banda del magnífico pasodoble, muy inspirado y español.

El mismo dirigió su estreno no oficial a la banda del Segundo Regimiento de Ingenieros el 29 de abril de 1908. El concierto tuvo lugar en el antiguo Círculo de Bellas Artes de la calle Alcalá, 5, junto al Ministerio de Hacienda.

La popularidad del músico madrileño era tal que el público se apiñó en la calle Alcalá y pidió a gritos se abriesen los balcones del Círculo para poder escuchar la música. Tanto entusiasmó,ésta que "El dos de mayo" hubo de tocarse aquel día hasta cinco veces. El estreno oficial se hizo el 1 de mayo en la Plaza de la Armería de Madrid,, en presencia del rey, la reina madre Doña Maria Cristina y las infantas Isabel y Teresa. En tan memorable ocasión fue interpretado el pasodoble "Al pueblo del Dos de Mayo" por cinco bandas militares También se interpretó el "Himno a la Independencia" de Bretón por el mismo número de músicos y una enorme masa coral.

Cuatro días más tarde, en el Teatro Apolo, la Junta del Centenario de los Sitios organizó una función extraordinaria a la que asistió también S. M. el Rey Alfonso XIII. En ella se representó "Pan y toros" de Barbieri, un apropósito titulado 1808 - 1908. el "Himno a la Bandera" de Penella (texto de Sinesio Delgado) premiado en un concurso convocado al efecto,y el arrebatador pasodoble de Chueca, quien ya no pudo asistir. Tampoco había acudido al acto de la Plaza de la Armería, porque se encontraba seriamente enfermo (falleció el 20 de junio).

La versión que hoy escuchamos, destinada a la plantilla del Grupo Círculo, ha sido instrumentada por el compositor madrileño José Luis Turina uno de nuestros músicos más apreciados y profundo conocedor del pasado musical español, como bien refleja su amplia producción.

Siempre oí decir a mi maestro don Angel Martin Pompey, que Conrado del Campo (1878-1953),quien lo fue de don Angel, era una figura fundamental para la música española del siglo XX. No cabe la menor duda en cuanto a su magisterio sobre tantos y tan diversos compositores de fama en nuestro panorama musical. Pero tampoco debemos olvidar su labor creadora, muy importante en el plano sinfónico y en el teatro lírico (que se debería investigar más, ahora que va a reabrirse el Teatro Real), pero absolutamente indispensable en el campo de la música de cámara. Basta ver sus cuartetos de cuerda, el "Quinteto con piano" otras muchas piezas dentro del género, más indicativas de una decidida voluntad de crear que de un clima propicio para ello. El propio maestro madrileño le dijo en cierta ocasión a Rogelio del Villar: "He trabajado mucho, respondiendo con obras muertas antes de llegar a ser representadas, o asesinadas por interpretaciones ruines, indiferentes y, a veces, francamente ridículas".

En una de sus últimas obras, el "Quinteto en Mi mayor", de 1952, Conrado del Campo puso un subtítulo que refleja muy bien lo que supone ser un compositor de sus características: "Episodios de una vida combativa y dolorosa".

Pero no se piense que fue el maestro un hombre quejumbroso o amargado. Su obra es, por lo general, exigente y seria, pero hay en ella ejemplos suficientes para darse cuenta de que también era hombre alegre y regocijado. Recordemos su humorada lírico bailable "El cabaret de la Academia", de 1927. en la que colaboró con Juan Tellería una revista que dirigió Francisco Alonso con las "tres gracias" del Eslava: Lola Trillo, Anita Martínez y Celia Gámez. O piezas como la dos que figuran en este concierto. Primero el pasodoble sinfónico vocal "Moras, moritas, moras", escrito en 1930 y del que Conrado del Campo hizo una transcripción para sexteto (quinteto de cuerda y piano). Recordemos que el propio don Conrado formó parte como viola en vario grupos de cámara.

Después, el llamado "Baile de la gallina"(1928), una humorada nostálgica en cuyas notas late el espíritu del tango, todo un poema aquel Madrid golfo y encantador de la Bombilla, de aquel Madrid... que fue.

Apenas se escucha algo de Gustavo Pittaluga (1906-1975), pero este compositor madrileño está ya en la historia de nuestra música, por ser el autor del llamado "Manifiesto de la Generación del 27", en realidad una conferencia dada en la Residencia de Estudiantes en diciembre del año 1930.

El joven músico presentó allí a sus colegas de Madrid, Salvador Bacarisse, Rodolfo Halffter, Julián Bautista, Juan José Mantecón, Fernando Remacha, Rosita García Ascot y Ernesto Halffter, y habló de una técnica "férrea y flexible".

Discípulo de Oscar Esplá, Pittaluga defendió la música de sus contemporáneos, preconizando la huida de lo pintoresco y de lo romántico, acercándose con distanciamiento burlesco a ciertos tópicos de lo español, como se puede ver escuchando la "Petite Suite" que ha grabado el Grupo Koan.

Las canciones para el teatro de García Lorca son, en realidad, apuntes sin instrumentar para las obras que se hacían en guiñol coleccionados y adaptados por Pittaluga de acuerdo a los instrumentos disponibles en cada caso. Como es sabido Federico García Lorca, además de ser pianista y armonizador de muchas canciones populares, estuvo muy vinculado a Falla, Esplá y a los jóvenes compositores de su generación.

El también madrileño Salvador Bacarisse (1898-1963) fue di cípulo de Conrado del Campo y destacó pronto en el campo sinfónico en obras como "La nave de Ulises" (1922). "Música sinfónica" (1930) y "Tres movimientos concertantes" (1934).

Su catálogo es amplísimo, como puede verse en el que realizó de su obra, por encargo de la Fundación March, Christiane Heine.

El "Chant de l'oiseau qui n'existe pas" para dos flautas, lo compuso Bacarisse para la exposición titulada "105 Portraits de l'Oiseau-qui-n'existe-pas, sur un poeme de Claude Aveline", celebrada en el Museo Nacional de Arte Moderno de Paris desde el 29 de octubre hasta el 1 de diciembre de 1963. La composici6n de Bacarisse, dedicada a Aveline, se estrenó el mismo día de la inauguración de la exposición. Es el Op. 131 de su catálogo y una de sus últimas composiciones

Con el número XLV figura en el "Catálogo de obras de Manuel de Falla" de Antonio Gallego la versión para sexteto de dos números de "El amor brujo". De acuerdo a la primera versión, la de 1915, se trata de la "Danza del fin del día" y del "Intermedio" que le sigue, pero en orden inverso. La transcripción para piano, dos violines, viola, violonchelo y contrabajo es del propio Manuel de Falla (1876-1946) y con la colocación primitiva dentro de "El amor brujo" (Danza e Intermedio), se estrenó en Portugal en septiembre de 1915 por el Sexteto de José Medía Villa. Falla revisó más tarde las dos piezas, alternando el orden inicial y dándolas el nuevo título que tendrían en la versión definitiva del ballet: "Pantomima" y "Danza-ritual del fuego". Si la primera nos da, tras la briosa introducción, una de las más bellas y cadenciosas melodías del Falla gaditano, la "Danza ritual del fuego" universalizaría el nombre de Falla con su ritmo agitado y el trasfondo misterioso de lo gitano.

La "Pantomima" y la "Danza ritual del fuego", en su versión de sexteto se dieron a conocer definitivamente retocadas por Falla, en un concierto homenaje que rindió al compositor la Real Academia Filarmónica Santa Cecilia de Cádiz.

El pequeño poema musical "Psyché" (o"Psiquis", como lo llamó en más de una ocasión el propio Don Manuel), es fruto de una vieja deuda de gratitud del músico gaditano con el poeta G. Jean Aubry. Era este director de la revista "The Chesterian", publicada por la casa Chester de Londres, editora de las obras de Falla. Desde 1910 habla expresado Aubry su deseo de colaborar con el entonces casi desconocido músico español. Al fin, después de componer "El retablo de" Maese Pedro", Falla cumplió y sobre un texto de Aubry muy sugerente, terminó la partitura para soprano, flauta, arpa, violín, viola y violonchelo. El poema, un poco modernista, tiene un significado claro. Psiquis despierta y el nuevo día le depara un cielo lechoso y una eterna aurora. La música es tranquila, pero cobra un inquieto brío cuando se aproxima el mediodía Psiquis debe olvidarse de su pena, secar sus lágrimas y abandonar el lecho para disfrutar del canto de los pájaros, del sol y, en fin, de la bella primavera que se despereza con una rosa en la boca.

Sin embargo, Falla advirtió en la partitura, que se trata de evocar un concierto en el Tocador de la Reina de la Alhambra, con ocasión de una visita del rey Felipe V y de Isabel de Farnesio, hacia el año 1730.

Aunque haya reminiscencias de "El Retablo", "Psyché" es un retorno al impresionismo debussyano, con muy sutiles sonoridades logradas con una plantilla realmente insólita.

Este imaginativo programa finaliza con una obra juvenil de Ernesto Halffter (1905-1989), el discípulo más conspicuo de Manuel de Falla, a quien éste había conocido en 1922. Tenía el músico madrileño 17 años y ya varias obras en su haber, entre ellas los interesantes "Crepúsculos" para piano, las "Cinco canciones de Heine" y el "Trío Homenajes" para violín, violonchelo y piano, sobre cuyos últimos compases puso Falla un "Bravo!!" y su firma, bien significativo. No tiene nada de extraño, puesto que Falla, confiere a este querido discípulo la dirección de la Orquesta Bética de Cámara por él fundada en Sevilla.

Muy pronto reveló el joven Ernesto sus dotes como compositor y, antes de cumplir los veinte años de edad, había escrito una obra orquestal tan extraordinaria como los "Dos bocetos sinfónicos". Pronto viviría el compositor madrileño el ambiente artístico parisiense, haciendo una gran amistad con Ravel y encontrando el amor en una pianista portuguesa, discípula de Yves Nat y de Ricardo Viñes: Alicia Cámara Santos.

La influencia francesa de Ernesto Halffter es evidente en obras como el ciclo "L'hiver de l'enfance", sobre poemas de Denise Cools, o en ese "Antomne malade" que cierra el concierto de hoy, para soprano y nueve instrumentos. El texto es de Guillaume Apolinaire (1880-1918), el poeta romano de origen polaco que renovó audazmente la poesía francesa con su libro "Alcools". Halffter termina "Automne malade" en la fecha clave de su generación. 1927. Para entonces ya había puesto fin a su magnífica "Sinfoníetta" que le valió el Premio Nacional de Música a los veinte años de edad.

      1. Ruperto Chapí (1851-1909)
      1. Danza morisca, zarabanda y potpurrí
      1. Federico Chueca (1846-1908)
      1. El dos de mayo (Instr. de José Luis Turina para el Grupo Círculo)
      1. Conrado del Campo (1878-1953)
      1. Moras, moritas moras...
      2. Baile de la gallina
      1. Gustavo Pittaluga (1906-1975)
      1. Canciones del teatro de Federico García Lorca
      1. Salvador Bacarisse (1898-1963)
      1. Chant de l'oiseau que n'existe pas, Op. 131
      1. Manuel de Falla (1876-1946)
      1. El amor brujo: Pantomima
      2. El amor brujo: Danza ritual del fuego
      3. Psyché (G. Jean-Aubry)
      1. Ernesto Halffter (1905-1989)
      1. Automne malade (Guillaume Apollinaire)